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Amnistía Internacional condena la muerte a manos de las fuerzas de seguridad del esposo de una líder indígena

Londres.- Amnistía Internacional ha declarado hoy que los pueblos indígenas de Colombia pagan, una vez más, el precio de un conflicto armado aparentemente interminable, tras la muerte ayer, a manos de tropas del ejército, de Edwin Legarda, esposo de la líder indígena Aída Quilcué.


Edwin Legarda resultó herido de muerte por disparos de las fuerzas de seguridad mientras viajaba a la ciudad de Popayán, en el departamento de Cauca, en el sur del país, para recoger a su esposa, Aída Quilcué, líder de la organización indígena Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). El vehículo en el que viajaba recibió 17 impactos de bala y Edwin Legarda, que resultó herido en el tiroteo, falleció posteriormente en el hospital.

Aída Quilcué regresaba de Ginebra, donde había asistido a la sesión de Examen Periódico Universal de Colombia del Consejo de Derechos Humanos, ante el cual había manifestado públicamente varios motivos de preocupación en relación con violaciones de derechos humanos contra los indígenas, incluidos homicidios a manos de las fuerzas de seguridad. Además, en Colombia, Aída Quilcué había desempeñado un destacado papel en las recientes manifestaciones de indígenas en apoyo de sus derechos sobre las tierras y en protesta por violaciones de derechos humanos.

“La muerte de Edwin Legarda pone de relieve, una vez más, la creciente preocupación por los homicidios de civiles a manos de las fuerzas de seguridad y la precaria situación de la seguridad de los indígenas en Colombia. Las autoridades colombianas deben realizar una investigación inmediata, exhaustiva e imparcial sobre este homicidio y llevar ante la justicia, ante los tribunales civiles, a todos los responsables”, declaró Amnistía Internacional.

Hasta que estas investigaciones concluyan efectivamente, seguirán existiendo dudas sobre si el vehículo en el que viajaba Edwin Legarda fue alcanzado deliberadamente y si la persona contra la que se dirigían las balas era en realidad Aída Quilcué.   

Las autoridades de Colombia deben adoptar asimismo todas las medidas necesarias para proteger a los líderes indígenas y permitir así que lleven a cabo su legítima labor de promover y defender los derechos humanos de los pueblos indígenas.