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Actuamos por los derechos humanos en todo el mundo
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Informe 2017/18

Policías arrestan a una mujer que participaba en la del Día Internacional de la Mujer en Nueva York. © Lucas Jackson/REUTERS

Los líderes mundiales abandonan los derechos humanos

El mundo está sufriendo las terribles consecuencias de la retórica del odio, que amenaza con normalizar la discriminación en gran escala de los grupos marginados, advierte Amnistía Internacional al presentar su valoración anual de la situación de los derechos humanos.

No obstante, la organización ve que existe un creciente movimiento de activistas, tanto noveles como avezados, cuya labor de campaña por la justicia social permite en verdad abrigar la esperanza de invertir la tendencia a la opresión.

El odio promovido por los Estados

En 2017, el mundo fue testigo de un retroceso de los derechos humanos. Las señales de ese retroceso estaban en todas partes. En el mundo entero, los gobiernos seguían reprimiendo el derecho de manifestación, y los derechos de las mujeres cayeron en picado en Estados Unidos, Rusia y Polonia.

Desde Venezuela hasta Túnez, presenciamos el crecimiento de un enorme descontento social, mientras a la gente se le negaba el acceso a sus derechos humanos fundamentales a la comida, el agua potable, la atención médica y la vivienda.

Y desde Estados Unidos hasta la Unión Europea, pasando por Australia, los líderes de los países ricos siguieron abordando la crisis global de refugiados con una falta de humanidad absoluta, y considerando a las personas refugiadas, no como a seres humanos con derechos, sino como problemas que debían ser desviados.

En este clima, el odio promovido por el Estado amenaza con normalizar la discriminación de los grupos minoritarios. Los lemas xenófobos coreados durante una marcha nacionalista en Varsovia, Polonia, o la amplia represión de las comunidades LGBTI desde Chechenia hasta Egipto, mostraron cómo va aumentando la apología abierta de la intolerancia.

Entre el caudal de historias escalofriantes destacaban los terribles informes sobre la limpieza étnica llevada a cabo por el ejército de Myanmar contra su población rohingya. Los relatos captados por nuestros equipos de investigación eran absolutamente desgarradores.

“A Shafi, mi hijo de dos años, le golpearon con fuerza con un palo de madera. Un golpe, y estaba muerto [...]. Mataron a tres de mis hijos”, contó una mujer a la que los soldados arrebataron su dinero, sus pertenencias... y a sus hijos.

Pero, con pocos líderes dispuestos a defender los derechos humanos en la escena mundial, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra cometidos desde Myanmar hasta Irak no han recibido atención, lo que ha convertido el mundo en un lugar más peligroso.

Un manifestante opositor venezolano agita una bandera frente a la policía antidisturbios durante una protesta contra el presidente Nicolás Maduro, en Caracas el 8 de mayo de 2017.
Un manifestante opositor venezolano agita una bandera frente a la policía antidisturbios durante una protesta contra el presidente Nicolás Maduro, en Caracas el 8 de mayo de 2017. © FEDERICO PARRA/AFP/Getty Images
Personas refugiadas rohingyas caminan a través de un campo de arroz para entrar en Bangladesh desde el estado de Rakhine en Myanmar. © Foto de K M Asad/LightRocket a través de Getty Images

Dijiste no al odio. Dijiste no al miedo

Dijiste no a un mundo sin derechos humanos

A lo largo del último año, los líderes han promovido el odio, han luchado contra los derechos, han hecho caso omiso de los crímenes de lesa humanidad y han dejado alegremente que la desigualdad y el sufrimiento se salieran de control. Esto provocó protestas masivas que demostraban que, aunque los desafíos pueden ser mayores que nunca, la voluntad de combatirlos es igual de fuerte.

En su informe sobre la situación de los derechos humanos en el mundo en 2017/18, que abarca 159 países, Amnistía Internacional presenta el análisis más exhaustivo de la situación actual de los derechos humanos en el mundo.

Aunque las conclusiones siguen siendo estremecedoras, son los hechos como los que se destacan en el informe los que han movilizado a gente de todo el mundo para plantarle cara a la adversidad y hacer oír su voz.

Mujeres usan caretas de la activista medioambiental hondureña Berta Cáceres para pedir que se investigue su asesinato, 25 de enero de 2017. © AFP/ORLANDO SIERRA

EN CIFRAS

312

Homicidios de defensores y defensoras de los derechos humanos en 2017.

655.500

Número de personas refugiadas rohingyas que huyeron de Myanmar a Cox's Bazar, Bangladesh.

+600

Marchas de mujeres celebradas en todo el mundo.

Ozlem Dalkiran, miembro de la Asamblea de Ciudadanos, se abraza a varios familiares tras salir de la prisión de Silivri en Estambul, el 26 de octubre de 2017. © YASIN AKGUL/AFP/Getty Images
Asistencia multitudinaria a la vigilia por el difunto premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, en Hong Kong el 15 de julio de 2017. Liu murió el 13 de julio tras una batalla contra el cáncer. © DALE DE LA REY/AFP/Getty Images

La protección de nuestro derecho a la libertad de expresión adquiere una importancia superlativa

El año pasado, la cifra de personas que fueron atacadas por luchar contra la injusticia alcanzó un nivel récord. Como organización mundial dedicada a luchar por los derechos humanos, no escapamos de los ataques. Nuestro propio personal en Turquía fue detenido y encarcelado por cargos totalmente infundados. Aunque İdil Eser, directora de Amnistía Internacional Turquía ha sido puesta en libertad, Taner Kılıç, presidente de Amnistía Internacional Turquía, permanece encarcelado.

Imagina que te dedicas a la abogacía, el periodismo o que eres activista y que tu vida corre peligro por decir la verdad.

Eso es exactamente lo que está sucediendo en estos momentos, mientras las autoridades persiguen agresivamente a personas que han defendido los derechos humanos. A estos activistas los están matando en cantidades impresionantes: en 2017 se registraron más de 312 homicidios, un aumento respecto a los 281 del año anterior.

Pese a los esfuerzos por cerrar ONG, socavar los medios de comunicación, privar a la población de su derecho a manifestarse y encarcelar a quienes hacen campaña, la gente se negó a dejarse silenciar.

Pero, en este clima de temor e intimidación, es aún más fundamental que sigamos alzando la voz.

 

 

SOLIDARIDAD

La gente está enfadada, y con razón, por la extraordinaria retórica contraria a los derechos propagada por líderes destacados. No es de extrañar, por tanto, que una de las protestas más grandes en favor de los derechos humanos celebrada en la historia —la Marcha de las Mujeres— tuviera lugar el año pasado. En Polonia, las serias amenazas a la independencia del poder judicial hicieron que un increíble número de personas salieran a la calle. A escala global, el fenómeno #MeToo y la iniciativa latinoamericana “Ni Una Menos” —que denuncian los feminicidios y la violencia contra las mujeres y las niñas— pusieron de manifiesto el impulso masivo de los movimientos sociales. En todo el mundo, los y las activistas obtuvieron importantes victorias en derechos humanos, entre ellas el levantamiento de la prohibición total del aborto en Chile, el paso adelante respecto al matrimonio igualitario en Taiwán y, una por una, la eliminación de leyes en Túnez, Jordania y Líbano que permitían a los violadores eludir la justicia.