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Shamsia, grafitera afgana.

Blog

Shamsia Hassani, la grafitera afgana que lucha contra el fundamentalismo con un espray

Alberto Senante, Colaborador de Amnistía Internacional,

La historia de la primera grafitera afgana que durante años salpicó de color las calles de Kabul es una muestra de lo que podría ser su país si las mujeres pudieran vivir sin la opresión de los fundamentalistas.

Una mujer toca el piano con el rostro sereno y un mechón del flequillo que parece movido por un viento suave. La imagen no debería ser algo extraordinario, pero lo es: fue pintada por la artista afgana Shamsia Hassani en las calles de Kabul. Diez años después de iniciar este trabajo ella misma publica en sus redes la fotografía de ese mural callejero, que tomó sabiendo que quizás algún día no podría hacerlo, ni siquiera pintar en su casa, ni pasear sola por esa calle, quizás ni siquiera seguir viviendo en el país.

Aunque Shamsia Hassani sea afgana, pasó sus primeros años en el exilio. Su familia vivió durante años en Irán, huyendo del conflicto que asolaba el país tras la invasión soviética. Ella nació en Teherán en 1988 y desde muy joven mostró mucho interés por la pintura, pero no pudo matricularse en la facultad de Bellas Artes ya que se trataba de una carrera prohibida para las personas refugiadas de origen afgano, que son discriminadas en muchos aspectos del día a día por las leyes iraníes.

Grafitti de Shamsia Hassani, la grafitera afgana

Graffiti en Darul Aman Palace, Kabul, Afganistán. By Shamsia Hassani, CC BY-SA 4.0

A principios de siglo, tras la caída del régimen talibán, Afganistán parecía salir de décadas de conflictos y opresión. Así que en 2005 la joven Shamsia de 17 años decidió formar parte de esos anhelos de cambio y se matriculó en la Univeridad de Kabul, en la especialidad de pintura. Pero el mayor giro de su vida tuvo lugar en 2010, cuando participó en un taller de grafiti. De ahí nació la chispa que le empujó a salir a la calle y pintar paredes que desde hacía décadas solo tenían agujeros de bala como decoración.

Hasta ese momento el arte callejero era prácticamente inexistente en Afganistán y mucho más si éste llevaba la firma de una mujer. En lugares donde antes solo se respiraba miedo, Hassani se empeño en llenarlas de imágenes sugerentes, con la música como símbolo de la libertad, con tonos suaves pero mensajes contundentes como la frase: “El agua puede volver a un río seco, pero ¿qué pasa con los peces que murieron?”. La obra de Shamsia recuerda muchas veces las heridas de la guerra y la opresión a la mujer, sin embargo lo que nos producen sus murales siempre está a medio camino entre el duelo y la esperanza.

Después de tantos años ocultas, una mujer pintando el rostro de otra en plena calle era ya en sí mismo un acto de alegría y de resistencia. Pero también suponía una ofensa para quienes, a pesar de que los talibanes ya no estaban en el poder, seguían pensando que las mujeres debían ocupar un papel secundario en la sociedad afgana. Por temor a posibles represalias, Hassani trabajaba deprisa, su esprayno se detenía y lograba acabar sus obras en apenas 15 o 20 minutos. Pero eso no impidió que fuera insultada y amenazada mientras pintaba, por lo que decidió iniciar una serie llamada “Soñando graffitis” en los que añadía de forma digital sus dibujos en fotografías de espacios públicos, formando así una visión inesperada de lo que podrían ser las calles de su ciudad si cualquier persona, pero en especial las mujeres, pudieran vivir en libertad.

Arte que cambia el mundo

Shamsia reconoce que la pintura no puede terminar con las guerras ni con la opresión que ejercen los talibanes desde hace décadas. Pero en las entrevistas que concede suele apuntar que el arte cambia la mente de las personas y las personas cambian el mundo”. Por eso, sobre sus trabajos que realizó en Afganistán afirmaba: “Quiero que estas mujeres aparezcan fuertes. Son el reflejo de cómo las mujeres han vuelto a la sociedad, pero con más poder y energía”.

Shamsia se convirtió entonces en profesora de escultura en la misma Universidad de Kabul donde ella había estudiado. Pero su arte no se detuvo ahí y sus trabajos viajaron a decenas de países como Alemania, Italia, Suiza, Estados Unidos o India, donde también impartió talleres y conferencias. Por ejemplo, en junio de 2013 realizó un mural en Ginebra junto a mujeres migrantes sobre las diferentes situaciones de violencia que habían sufrido. Mientras que durante la pandemia del coronavirus organizó una exposición online en su propia casa. En esos años recibió docenas de premios y reconocimientos, como cuando fue elegida entre las 100 mujeres más influyentes del mundo por parte de la cadena BBC en 2021

Sin embargo, en agosto de 2021 todos los avances en la vida de Shamsia y en los derechos de las mujeres en Afganistán se truncaron con la vuelta al poder de los talibanes y las posteriores restricciones que impusieron. Así, la artista tuvo que huir y vivir como refugiada por segunda vez en su vida, en esta ocasión en Estados Unidos. Allí sigue denunciando el fundamentalismo y la discriminación con su arte y participando en eventos artísticos por todo el mundo y desde sus redes sociales.

A buen seguro los talibanes habrán borrado todos los murales que pintó Hassani en las calles de Kabul. Pero sus sugerentes pinturas siguen en la memoria de miles de personas en todo el mundo, y nos recuerdan que es y será posible un Afganistán en el que las mujeres no solo puedan vestirse, estudiar y pasear solas por la calle, también hacerlas más hermosas y llenas de vida con un espray, convertido ya en un arma poderosa frente al machismo de quienes quieren que ellas se vuelvan invisibles.

Graffiti de Shamsia

"Palabras", en Kabul, Afganistán, de Shamsia Hassani

Graffiti de Shamsia, la grafitera afgana

Serie “Just Like Me” en Copenhague, Dinamarca, de Shamsia Hassani

Graffiti de Shamsia

Palabras en Kabul, de Shamsia Hassani

Graffiti de Shamsia

Serie “Érase una vez en Oslo”, Noruega, de Shamsia Hassani

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