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Niños posan para una foto con máscaras hechas por ellos

Niños posan para una foto con máscaras hechas por ellos como tarea, mientras asisten a un programa que da a los niños ayuda académica y psicológica para mejorar sus oportunidades en la vida, 3 de noviembre de 2015. © REUTERS/Jon Nazca

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Miguel Hernández: Las nanas de la cebolla

Por Juan Álvarez y Nieves Gascón, activistas del Equipo de Infancia de Amnistía Internacional,

"En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre escarchaba de azúcar, cebolla y hambre".

Estos versos forman parte del poema “Nanas de la cebolla” escrito por Miguel Hernández en septiembre de 1939, en la cárcel de Torrijos – Madrid, donde estaba apresado al término de la Guerra Civil española, por haber apoyado la legalidad de la República frente al golpe de estado del 36.

El poema, dedicado a su hijo de pocos meses Manuel Miguel, acompañaba una carta que Miguel Hernández dirigió a su esposa Josefina Manresa, que encabezaba así:

“Esta semana, como las anteriores, llega martes y no ha llegado tu carta. También empiezo a escribir ésta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme”.

Dibujo del poema de Miguel Hérnandez

© Nieves Gascón

El 30 de octubre se cumplen 111 años del nacimiento de Miguel Hernández y la situación de pobreza, que el poeta sabía que su familia estaba atravesando, está lejos de ser desterrada del día a día de muchas familias españolas en la actualidad. Y como es habitual, las principales víctimas son las mujeres y la infancia.

España es el cuarto peor país de la UE en los índices de desigualdad, según los criterios de Naciones Unidas y de la propia UE. Según Naciones Unidas el 29,5 de la población infantil está en riesgo de pobreza y exclusión, situación que se ha deteriorado sobre todo en la década 2008-2018, que se ha agravado con la pandemia y a la que se añade la pobreza energética, agravada por la escalada exponencial de los precios de la energía eléctrica.

Por otro lado, Naciones Unidas estima que un 10% de las niñas y niños sufren malnutrición por falta de ingresos necesarios en las familias. Y aún más, un 24% de la población no tiene acceso a una vivienda digna y un 32% de las familias tienen dificultades para afrontar el gasto escolar, incluido el transporte, el material pedagógico y la comida, en especial en aquellas comunidades autónomas que no garantizan recursos para la educación gratuita.

Los colectivos más afectados son la infancia en general, las familias monomarentales, las minorías étnicas y los/as migrantes. La pandemia ha destapado un nuevo colectivo de pobres con trabajo remunerado cuyo número tiende a aumentar, allí donde las administraciones no aplican medidas de corrección y apoyo.

Astrid, una voluntaria, da una galleta a Julián, de veintidós meses

Astrid, una voluntaria, da una galleta a Julián, de veintidós meses, hijo de la ecuatoriana Aracely Mediavilla, de 28 años, después de que la familia recibiera una caja con alimentos gratuitos de un grupo de voluntarios vinculados a la parroquia de Santa Anna, el 2 de junio de 2020. © REUTERS/Nacho Doce

Situaciones como la de Cañada Real en Madrid, que saltó a la actualidad el invierno pasado por las condiciones infrahumanas que soportaban sus habitantes y en especial la infancia, pueden agravarse el próximo invierno. Más de 4.000 personas viven sin luz ni acceso a servicios esenciales básicos como son el agua potable o instalaciones sanitarias.

Amnistía Internacional pide a las administraciones el obligado cumplimiento de la normativa internacional en materia de derechos de la infancia, contenida en la Convención de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas. El Comité que da seguimiento a esta Convención, en 2018 manifestó su preocupación porque España no ha invertido en recursos que garanticen los derechos humanos de la infancia, específicamente en educación, salud, vivienda y protección social. También trasladó su preocupación por los niños, niñas y adolescentes más vulnerables e insta a la adopción de políticas de protección a familias e infancia vulnerable y en situación de pobreza, y pidió que se incremente la inversión pública en prestaciones sociales, de vivienda atendiendo a las familias con desahucios y se preste apoyo a la infancia romaní.

Beckhan Stan, de 10 años, espera para mudarse del poblado chabolista de El Gallinero a un nuevo apartamento en Madrid

Beckhan Stan, de 10 años, espera para mudarse del poblado chabolista de El Gallinero a un nuevo apartamento en Madrid, España, 26 de septiembre de 2018. © REUTERS/Susana Vera

En síntesis, la pobreza infantil es una situación compleja directamente vinculada a factores como falta de inversión pública en recursos de enseñanza, sanidad, situaciones de desempleo de padres y madres, composición familiar (los hogares monomarentales son más vulnerables), el alto coste de la vivienda y la pobreza energética, derivada en ocasiones de la escasez de recursos de protección social y económica a familias, y una débil e inadecuada provisión de recursos de prevención, atención y protección a la infancia y adolescencia más vulnerables.

La sociedad española actual tiene aún una deuda de reconocimiento, de restauración de la verdad y la justicia y de reparación de las víctimas del golpe de estado del 36 y la dictadura, como Miguel Hernández, que murió de tuberculosis en la cárcel en 1942, debido a las malas condiciones de las cárceles franquistas. Su familia también fue víctima de persecución y vejaciones al terminar el conflicto armado.

En aquel momento también existían miles y miles de niños y niñas desfavorecidos castigados duramente por la pobreza, que sufrieron el internamiento en centros gestionados por el régimen franquista. Además, numerosas mujeres y familias fueron privadas de sus bebés recién nacidos, porque se robaban y vendían a otras familias para adopción, práctica que se ha mantenido, aún en democracia, y hasta los años 90 del siglo XX.

Esperamos que este hermoso poema de Miguel Hernández sirva a la sociedad presente para tomar conciencia de la situación injusta que supone la pobreza y reclame el cumplimiento de los derechos de la infancia y de la memoria histórica.