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Niñas en una escuela primaria de Kandahar escribiendo en la pizarra en septiembre de 2025.

Alumnas de una escuela primaria asisten a clase en Kandahar. Las opciones educativas para las niñas continúan limitadas drásticamente bajo las directrices del actual gobierno en Afganistán. © Sanaullah Seiam / AFP via Getty Images

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"No habrá médicas para atender a las mujeres": El testimonio de Zainab en Afganistán

Por Amnistía Internacional España,
¿Quién atenderá a las mujeres afganas si las niñas y las jóvenes no pueden formarse como médicas? 
Es una de las preguntas que plantea Zainab, una médica afgana de la comunidad hazara que ha hablado con Amnistía Internacional bajo seudónimo para proteger su identidad.

Tras completar su formación como especialista, Zainab intentó obtener el permiso oficial para ejercer, pero, según cuenta, le dijeron que no podían concedérselo por ser mujer. Pasó varios meses sin trabajo hasta que un hospital privado la contrató por su experiencia en una especialidad poco habitual en Kabul. Su historia muestra cómo las restricciones que afrontan hoy las mujeres también ponen en riesgo la atención sanitaria del futuro.

Cinco años después de que los talibanes retomaran el poder en Afganistán, las niñas siguen sin poder cursar estudios más allá de sexto grado y las mujeres afrontan graves restricciones en su vida cotidiana. En esta entrevista, Zainab habla de su trabajo, de la discriminación que vive como mujer hazara y de lo que significan estas prohibiciones para su hermana y para las generaciones que vienen.

Madres afganas atienden a sus bebés en una sala de desnutrición infantil grave en un hospital de Kabul.

Madres afganas atienden a sus bebés en una sala de desnutrición infantil grave en un hospital de Kabul. © picture alliance/dpa | Oliver Weiken

Gracias por aceptar esta entrevista, Zainab. ¿Podrías contarnos quién eres y cómo llegaste a ser médica?

Me llamo Zainab y vengo de una familia de siete miembros. Mi padre falleció; crecí junto a mi madre, mis hermanos y mis hermanas. Al terminar el instituto, empecé a estudiar Medicina y, siete años después, me incorporé a un hospital de Kabul para formarme en mi especialidad. Pasé allí otros cuatro años y, tras aprobar los exámenes, completé mi formación. Fue una experiencia muy gratificante, pero después llegó una de las etapas más difíciles de mi vida.

No he podido obtener un permiso de trabajo oficial. Me dijeron que, bajo el régimen actual, las mujeres no podían conseguirlo. Fue muy duro ver cómo un compañero de mi especialidad sí obtenía el permiso y recibía varias ofertas de trabajo mientras yo seguía desempleada. Aquella situación me hizo sentir muy desanimada. Con el tiempo, finalmente conseguí un puesto en un hospital privado.

Pero si el permiso también es necesario en los hospitales privados, ¿cómo pudiste empezar a trabajar en uno?

Sí, es verdad. También es necesario en los hospitales privados. Sin embargo, mi especialidad es poco habitual en Kabul y el hospital necesitaba a alguien con mi experiencia. Por eso me ofrecieron el puesto, aunque no tenía el permiso.

 Niñas afganas en clase en una escuela primaria de Kabul, antes de la prohibición de la educación secundaria por parte de los talibanes.

Niñas afganas asisten a clase en una escuela primaria en Kabul. Las restricciones impuestas por el gobierno talibán prohíben la educación secundaria a las niñas.© picture alliance/dpa | Oliver Weiken

La educación de las niñas y el futuro de la atención sanitaria

¿Cómo han cambiado las oportunidades de estudiar para las niñas y las mujeres desde que los talibanes volvieron al poder?

Creo que el mundo conoce la situación de las niñas y las mujeres en Afganistán. Las niñas pueden estudiar hasta sexto curso, pero después no se les permite continuar en la escuela. Las jóvenes que habían terminado sus estudios de secundaria tampoco pueden acceder a la universidad, y quienes ya estudiaban allí no pueden seguir haciéndolo.

Antes podíamos asistir a cursos de inglés y aprender otros idiomas o materias. Ahora las mujeres no pueden acudir a esos cursos. En algunas mezquitas pueden estudiar el Corán y otras materias islámicas.

¿Hay otras opciones para que las niñas y las mujeres sigan estudiando en Afganistán?

En Kabul conozco tres o cuatro centros para niñas a los que llaman escuelas, aunque a mí me cuesta considerarlos como tales. La enseñanza se centra sobre todo en textos islámicos, si bien también imparten materias como matemáticas y farsi.

¿Se está hablando de cómo formar a las médicas y enfermeras que harán falta en el futuro?

No creo que se esté planteando esa pregunta. ¿Qué pasará, por ejemplo, si en el futuro no contamos con suficientes ginecólogas? Ahora hay médicas y enfermeras trabajando en los hospitales y otros ámbitos de la sanidad, muchas de ellas desde antes del regreso de los talibanes al poder. También las hay en los quirófanos, aunque en otros departamentos es menos frecuente encontrarlas. Pero nadie parece tener una respuesta sobre lo que ocurrirá cuando hagan falta nuevas profesionales. Yo tampoco la tengo. Y, en la situación actual, es muy difícil plantear estas preguntas a quienes gobiernan.

Protestar y trabajar bajo las restricciones de los talibanes

Combatientes talibanes interceptan una protesta de mujeres en el barrio de Dashti-E-Barchi, en Kabul, en septiembre de 2021.

Combatientes talibanes intentan frenar el avance de una protesta organizada en el barrio de Dashti-E-Barchi, en Kabul, un día después del anuncio de un gobierno interino sin representación de mujeres ni minorías. © Marcus Yam / Los Angeles Times.

¿Cómo reaccionaron las mujeres a las restricciones impuestas por los talibanes?

Al principio, algunas se organizaron para protestar y alzaron la voz contra las restricciones. Yo sentí que no recibieron el apoyo que necesitaban y que nadie las escuchó. Algunas fueron detenidas por los talibanes. Después de esas detenciones, el miedo hizo mucho más difícil que otras mujeres se manifestaran.

¿Qué consecuencias pueden afrontar las mujeres que protestan contra estas restricciones?

En la mayoría de los casos, detienen a las mujeres que protestan y también a familiares suyos, como sus padres o sus hermanos. Las golpean. Ha habido casos en los que, además de detenerlas, han matado a miembros de sus familias.

Más allá de las restricciones para estudiar o trabajar, ¿qué ha cambiado en tu día a día en el hospital?

Han cambiado muchas cosas. Incluso mientras me formaba en el hospital sufrí discriminación. Nos decían cómo debíamos vestirnos y, si consideraban que nuestra ropa no era adecuada, nos obligaban a cambiarnos. Para entrar en el hospital también teníamos que cubrirnos el rostro con una mascarilla o un protector facial. Al principio me costó mucho; con el tiempo acabé acostumbrándome.

También ha cambiado el ambiente. Algunas personas dicen que ahora, con los talibanes en el poder, no se puede protestar ni alzar la voz porque alguien podría denunciarte. Ese miedo se siente incluso entre quienes trabajan en el hospital.

Recuerdo que un día, al llegar, el guardia de seguridad me dijo que tenía que cubrirme la cara. Yo no estaba acostumbrada y le respondí que no podía obligarme. Me dijo que, si no lo hacía, no me dejaría entrar.

¿Y qué ocurrió?

Simplemente me quedé callada. Y al día siguiente, me cubrí la cara.

Manifestante sostiene en Madrid un cartel que denuncia el “apartheid de género” de los talibanes hacia las mujeres afganas.

Manifestantes en Madrid denuncian como “apartheid de género” las restricciones impuestas por los talibanes a las mujeres y niñas afganas, cinco años después de su regreso al poder. © C Carvajal/JNA via ZUMA Press Wire/Shutterstock

La discriminación contra la comunidad hazara

También eres hazara. ¿Cómo influye eso en tu vida cotidiana y en tu trabajo?

Siendo sincera, he oído a distintos gobiernos hablar de democracia, libertad de expresión e igualdad, pero mi experiencia ha sido otra. Dicen que no existe discriminación, aunque eso no es lo que yo he vivido.

Cuando terminé mi programa de residencia, fui a las oficinas del Gobierno para completar los trámites de mi certificado. Allí me exigieron hablar pastún y los documentos que tenía que presentar estaban redactados en esa lengua. Al darse cuenta de que soy hazara, me trataron mal; ni siquiera revisaron mis papeles para saber qué necesitaba y tuve que marcharme. Fue muy difícil para mí. La discriminación y la violencia contra la comunidad hazara también existían bajo el gobierno anterior.

¿Afecta esta discriminación tanto a los hombres como a las mujeres de la comunidad hazara?

Sí, afecta a ambos. La sufren tanto los hombres como las mujeres.

Has mencionado la violencia contra la comunidad hazara. ¿Qué episodios recuerdas y cómo se han vivido dentro de tu comunidad?

En el pasado, cuando el pueblo hazara alzaba la voz contra los atentados con bombas y los ataques suicidas, el Gobierno respondía con más violencia. Quienes protestaban también eran asesinados, ya fuera por las autoridades o por terroristas del Dáesh. El Gobierno anterior llevaba a cabo atentados suicidas y con bombas, y esa violencia se está repitiendo bajo el actual. Hace unos días, por ejemplo, un atentado contra una escuela causó la muerte de tres alumnos.

¿Cómo entiendes la discriminación que sufre la comunidad hazara?

Al leer sobre la historia de mi pueblo, descubrí que esta discriminación se remonta, al menos, a unos 200 años atrás. Ya entonces, en tiempos de la monarquía, hubo gobernantes que mataron a personas hazaras. La opresión no terminó en aquella época: la comunidad hazara sigue sufriendo discriminación a día de hoy.

Manifestante sostiene una pancarta de protesta contra los talibanes en una concentración en el quinto aniversario de la toma de Kabul.

Una mujer oculta su rostro tras una pancarta de protesta contra el régimen talibán. Diversas organizaciones se manifestaron en el quinto aniversario de la caída de Kabul para exigir a la Unión Europea que priorice los derechos de las mujeres afganas. © Ana Fernandez/SOPA Images/Shutterstock

El mensaje de Zainab a la comunidad internacional

Como mujer afgana y como hazara, ¿qué mensaje te gustaría transmitir a la comunidad internacional?

Creo que el mundo escucha las voces de las mujeres y de la comunidad hazara en Afganistán. Se habla de nuestra situación y de lo que hemos vivido durante estos cinco años, pero yo no veo que esa atención se traduzca en la ayuda que necesitamos.

Mi hermana pequeña tuvo que dejar la escuela después de sexto curso. Me duele mucho pensar que no ha podido continuar sus estudios. ¿Qué se está haciendo para que ella y otras jóvenes puedan seguir aprendiendo?

Queremos poder estudiar, trabajar y llevar una vida digna. No estamos pidiendo nada extraordinario, pero incluso eso parece imposible en Afganistán. Siento que no nos permiten existir.

Después de cinco años de restricciones, ¿crees que la comunidad internacional puede contribuir a que los talibanes permitan a las niñas y las mujeres volver a estudiar?

Me cuesta creer que los talibanes vayan a cambiar. No sé qué influencia puede tener la comunidad internacional sobre ellos: si podía lograr que levantaran estas restricciones, ¿por qué no ha ocurrido en estos cinco años? Las niñas siguen sin poder continuar sus estudios y las jóvenes no pueden acceder a la universidad. Siento que se ha privado de educación a toda una generación. 

Para mí, lo urgente es que cambie esta situación y que las niñas y las mujeres puedan volver a la escuela y continuar su formación. No veo cómo se conseguirá mientras quienes gobiernan mantengan estas prohibiciones.

Para terminar, ¿hay algo más que te gustaría decir?

Se habla todos los días de las niñas afganas y de lo que nos está pasando, pero seguimos esperando que algo cambie. Pienso en las niñas que tenían 11 o 12 años cuando dejaron de poder ir a la escuela: ahora son adolescentes y llevan años sin poder continuar sus estudios. ¿Qué futuro les espera si no pueden aprender?

También es muy duro ver que muchas no pueden hablar libremente de lo que viven ni defender sus derechos. Espero que se haga algo para ayudarlas. No quiero que sus deseos y sus esperanzas se queden solo en las noticias.

Gracias, Zainab, por compartir tu historia con Amnistía Internacional.

 

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