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© Luis Robayo/AFP/Getty Images. Danilo Hernández, uno de los comandantes del ELN camina en Alto Baudo, departamento de Chocó, Colombia, el 26 de enero de 2017.

Colombia: a un paso de la muerte o la mutilación

Por Sara García de Blas (@Saragdeblas) y Elena Puche (@puchecita), Equipo de Colombia Amnistía Internacional,

Las minas sembradas en zona de conflicto armado son una amenaza diaria para la población civil en muchos países del mundo. Colombia es un claro ejemplo de ello. Este tipo de material armamentístico provoca graves consecuencias en la vida, integridad e inclusión social de las personas que habitan cerca de amplias superficies donde no se han realizado tareas de desminado.

Durante las cinco décadas de conflicto armado en Colombia, más de 11.300 personas han sido víctimas de minas terrestres antipersonal, según las cifras recogidas por la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas.

Tras la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) el 24 de noviembre de 2016, el grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha instalado minas antipersonal en  territorios dejados por las FARC, como el departamento del Chocó, para contener la avanzada de grupos paramilitares.

El confinamiento como forma de protección

La crueldad de las minas se extiende en el tiempo ya que las personas siguen teniendo miedo a ser víctimas de una explosión y a morir a pesar de la firma del Acuerdo de Paz. Las comunidades campesinas están amenazadas por la presencia de estos artefactos. Al vivir de la agricultura y la ganadería, actividades del día a día, como el arreo de animales o la recolección de leña y agua, son especialmente peligrosas. La presencia o únicamente el temor a la presencia de una sola mina puede impedir el cultivo en todo un campo.

“Yo soy Sebastián, yo voy a dar un mensaje al gestor del ELN para que por favor respete a los indígenas, porque mire, vea como yo estoy sufriendo aquí. Para que hablen y negocien, porque a nosotros los campesinos (...) el terreno se nos está llenando de minas. Nosotros no queremos eso. No queremos que siembren minas alrededor de la comunidad. No queremos grupos armados dentro de la comunidad. No queremos más guerra, por favor, escúchennos. No queremos más violencia, no queremos más fracaso.Nosotros queremos que hagan la paz, nosotros los campesinos y los indígenas queremos que hagan la paz. Por favor, la paz. Estamos sufriendo (...) los campesinos del campo que sufrimos más”.

Sebastián Carpio Maheche, discurso en el evento de presentación de la propuesta Acuerdo Humanitario Ya, Quibdó, 18 de agosto de 2017.


Comunidad indígena en el departamento del Chocó, Colombia. © AI

La presencia de minas terrestres antipersonal representa un peligro para los pueblos indígenas y las comunidades afrocolombianas, en especial para sus niños, niñas y adolescentes. Las minas también han producido desplazamientos de población y el confinamiento de comunidades. Las poblaciones indígenas no pueden moverse de su territorio ni siquiera para efectuar labores como la caza, la pesca o la agricultura, lo que acentúa problemas de seguridad alimentaria.

“La población está muy intimidada. Los campesinos no denuncian, los tienen atrincherados, tienen miedo de ir a las parcelas por la cuestión de las minas. Están confinados. Esas fueron estrategias del ELN: minar los campos y el reclutamiento,” denunciaba la Diócesis de Bojayá en septiembre de 2017.

Cuando las personas no pierden la vida, las consecuencias no dejan de ser terribles y duraderas. Quienes sobreviven suelen tener que someterse a amputaciones, complicadas cirugías y largos tratamientos de rehabilitación no siempre óptimos, acarreando en la mayoría de los casos una traumática discapacidad para el resto de su vida, con un permanente impacto negativo en su inclusión comunitaria.

Amnistía Internacional pide a las fuerzas de seguridad del Estado, a la guerrilla del ELN y a los demás actores armados, que cumplan plenamente las normas del derecho internacional humanitario, en lo relativo a la abstención absoluta de usar dispositivos como las minas antipersonal. Además, recomienda al Estado colombiano que priorice la atención de calidad en salud física y mental, así como la plena inclusión social de las víctimas de minas antipersonal.

Día Internacional sobre el peligro de las minas

El 4 de abril se celebra el Día Internacional de información sobre el peligro de las minas y de asistencia para las actividades relativas a las minas. Es una fecha clave para concienciar sobre la grave amenaza que suponen las minas y los restos explosivos para la seguridad, la salud y la vida de la población local, además de ser un obstáculo para el desarrollo social y económico.

En 1999 entró en vigor el Tratado de Ottawa, firmado por 162 países, incluida España, que prohíbe explícitamente la adquisición, la producción, el almacenamiento y la utilización de minas.

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