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8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

Violencia sexual a manos de agentes estatales: un abuso de poder impune

“Vestían uniformes del ejército y uno llevaba un kalashnikov… Me azotaron con dos látigos, que usaron tres hombres… yo no dije nada,

no podía gritar.

Me violaron los cinco. No denuncié la violación porque eran

soldados del gobierno”.
Mujer refugiada en Darfur septentrional

Madrid.- Una de cada cinco mujeres en el mundo llega a ser víctima de violación o de intento de violación a lo largo de su vida, la mayor parte de las veces por algún familiar o conocido, aunque también por extraños, tanto particulares como agentes del Estado. En este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Amnistía Internacional quiere llamar la atención sobre la violencia sexual que se produce, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra a manos de agentes del Estado. “Para Amnistía Internacional resulta preocupante que cuando quienes utilizan la violencia sexual contra las mujeres son agentes del Estado, los márgenes de impunidad suelen ser más amplios y los obstáculos de las víctimas para obtener justicia se incrementan”, señaló Eva Suárez-Llanos, responsable de campañas e investigación de Amnistía Internacional España en la presentación del informe, ¡Ni abusos de poder, ni impunidad! Combatir la violencia sexual contra mujeres a manos de agentes del estado.

 

Cuando un vigilante de prisiones abusa sexualmente de una mujer presa, un soldado comete una violación en el marco de un conflicto o un policía efectúa un registro sin ropa a una detenida, el Estado incumple, tal y como le obliga el derecho internacional, con el deber de respetar los derechos de humanos de las mujeres.

 

En muchos Estados, los gobiernos no están tomando medidas eficaces para prevenir estos abusos, incluso cuando la ley prohíbe de manera explícita los actos de violencia contra las personas bajo custodia. En muchos casos, no se juzga a los culpables ni se repara a las víctimas, perpetuando así la impunidad de actos que incluyen la tortura, la violación, la fuerza, la coacción, las amenazas y cualquier forma de violencia o abuso físico.

 

El informe denuncia la violencia sexual cometida contra las mujeres en tiempos de paz y de guerra en países como Nigeria, Estados Unidos, México, Sudán, Colombia, Federación Rusa (Chechenia), o la República Democrática del Congo, entre otros; y destaca cómo algunos grupos de mujeres son especialmente vulnerables a la violencia sexual por parte de agentes estatales, como es el caso de las mujeres que pertenecen a minorías étnicas, lesbianas, así como las mujeres desplazadas o refugiadas en situaciones de conflictos armados.

 

 

Violencia sexual en tiempo de paz

La violencia contra la mujer en situaciones de privación de libertad en celdas policiales, prisiones, instituciones de bienestar social, centros de detención de inmigración y otras instituciones del Estado constituye violencia cometida por el Estado. La violencia sexual, en particular la violación, cometida contra las mujeres detenidas se considera una violación particularmente flagrante de la dignidad intrínseca de los seres humanos y de su derecho a la integridad física, y por consiguiente puede constituir tortura.

 

Uno de los países analizados en el informe es México, donde las mujeres y las niñas sufren índices elevados de discriminación y violencia en el ámbito familiar y en la comunidad, especialmente si son indígenas. Las mujeres que han pedido responsabilidad al Estado por actos de violencia sexual cometidos por agentes estatales se han enfrentado a una atención médica deficiente, exámenes forenses inadecuados y a un sistema judicial que no ofrece siquiera unas garantías mínimas de obtener resultados favorables. Si los responsables de estos abusos son militares, la rendición de cuentas es inexistente. Es el caso de Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú, de la comunidad indígena tlapaneca, que fueron violadas por integrantes del ejército mexicano en 2002 en el estado de Guerrero.

 

Inés fue violada el 22 de marzo de 2002. Unos soldados entraron en su casa para interrogarla en relación con un presunto robo de carne. Al no responder a sus preguntas, por no hablar español, la violaron. Valentina, que entonces tenía 17 años, fue abordada el 16 de febrero de 2002 por soldados que le preguntaron por algunos “hombres encapuchados” (grupos armados de oposición). Al responder que no los conocía, la amenazaron y dos soldados la violaron. Cinco años después siguen esperando que se haga justicia. Y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos está investigando la inacción del gobierno mexicano a la hora de garantizar el acceso efectivo a la justicia de estas dos mujeres.

 

 

Violencia sexual en tiempo de guerra

La inestabilidad y los conflictos armados provocan un aumento de todas las formas de violencia, incluida la violación y otras formas de violencia sexual. La violación y otras formas de violencia sexual contra las mujeres en tiempo de guerra no son simplemente una consecuencia del conflicto o de tropas indisciplinadas. La violación es un arma de guerra.

 

En la República Democrática del Congo, decenas de miles de mujeres y niñas han sido violadas por fuerzas combatientes desde que comenzó el conflicto en agosto de 1998. La violación se ha utilizado de forma deliberada y estratégica para atacar los valores fundamentales de la comunidad, aterrorizar y humillar a las personas sospechosas de apoyar a un grupo enemigo y para imponer la supremacía de un grupo sobre otro.

 

En Colombia, los paramilitares respaldados por el ejército y las fuerzas de seguridad han utilizado la violación, la mutilación y la violencia contra las mujeres y las niñas para generar miedo y silenciar a las defensoras de los derechos humanos. Cuando las sobrevivientes denuncian los hechos, las autoridades intentan a menudo disuadirlas.

 

En Sudán, la violación es el ejemplo más flagrante de la violencia que sufren las mujeres en Darfur, y el número de mujeres agredidas sexualmente desde que empezó el conflicto armado en 2003 es imposible de precisar. En sólo uno de los campos de Darfur, el de Kalma, el Comité Internacional de Rescate constató que en cinco semanas, entre los meses de julio y agosto del 2006, las violaciones de mujeres habían pasado de menos de 4 a 200 casos por mes. Pese a la presencia de la fuerza de mantenimiento de la paz enviada por la Unión Africana, las violaciones y otros actos de violencia contra mujeres y niñas no sólo no han disminuido, sino que han aumentado en el 2006.

 

 

Actúa contra la violencia sexual

A partir de hoy, Amnistía Internacional lanza una ciberacción a través de su web www.actuaconamnistia.org, en la que pide a los gobiernos de la República Democrática del Congo, de Colombia y de México, que asuman su responsabilidad de prevenir y castigar las agresiones sexuales contra las mujeres cometidas por sus propios agentes, así como de garantizar el derecho de las víctimas a obtener justicia, asistencia y reparación.   

 

En marzo del 2004, Amnistía Internacional lanzó la campaña mundial “No más Violencia contra las Mujeres”. Desde entonces, la organización ha estado trabajando con mujeres activistas y con comunidades de todo el mundo para reforzar el mensaje de que la violencia contra las mujeres, que afecta a 1 de cada 3 mujeres en el mundo, es una violación de derechos humanos, basada en la discriminación.