“La población civil de El Fasher, en Darfur Septentrional (Sudán), sigue sufriendo detenciones, torturas y un acceso limitado a la ayuda humanitaria un año después de que las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) capturasen la ciudad y cometieran actos de brutalidad contra la población civil”, ha declarado hoy Amnistía Internacional.
En un nuevo testimonio, residentes que han huido recientemente de la ciudad contaron a Amnistía Internacional que las escuelas se habían convertido en centros de detención, que se controlaban estrictamente sus movimientos y que eran frecuentes los homicidios ilícitos.
Según cifras recabadas por organizaciones humanitarias que trabajan en El Fasher, actualmente viven en la ciudad menos de 70.000 personas, cuando antes de la guerra había más de un millón de habitantes. El acceso humanitario sigue siendo limitado y el personal de ayuda humanitaria y otras personas civiles de la ciudad están sometidos a vigilancia o control constantes. El riesgo de sufrir una detención arbitraria, tanto para la población civil como para el personal de ayuda humanitaria, sigue siendo muy alto.
“Las afirmaciones de las RSF de que El Fasher es segura para que regrese la población civil después de las terribles masacres de hace un año no podrían estar más alejadas de la verdad”, declaró Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional.
“Una atmósfera de miedo generalizado se cierne hoy sobre El Fasher. Hombres y mujeres viven bajo la vigilancia constante de las RSF y con la amenaza permanente de ser víctimas de detención, tortura y homicidio”.
“Un año después de la caída de El Fasher en manos de las RSF, la comunidad internacional no ha tomado las medidas necesarias para abordar la desesperada situación que vive la población civil mientras el conflicto hace estragos. Apenas se han rendido cuentas por los abusos cometidos en Darfur Septentrional. Los pasos para alcanzar un alto el fuego han sido tibios y Amnistía Internacional no conoce ninguna iniciativa diplomática destinada a establecer una fuerza internacional que proteja de forma significativa a la población civil”.
“Lo más importante es que Emiratos Árabes Unidos ha seguido apoyando a las RSF, mientras los gobiernos que tienen la influencia necesaria se han abstenido en su mayor parte de señalar y denunciar su papel o de pedirle responsabilidades”.
“Sin un alto el fuego, la rendición de cuentas y una fuerza de protección, la población civil seguirá sufriendo en El Fasher y en todo Sudán. Las Fuerzas Armadas de Sudán se oponen sistemáticamente a la ampliación del embargo de armas y a un alto el fuego, pues continúan creyendo que sigue siendo posible una ‘solución’ militar al conflicto, dejando a un lado el sufrimiento del pueblo sudanés”.
En agosto y septiembre de 2026, Amnistía Internacional entrevistó a 25 civiles —19 residentes y seis miembros del personal de ayuda humanitaria— sobre la situación en El Fasher. De las personas que residían en la ciudad, 15 salieron de ella entre julio y agosto de 2026 y otra seguía allí; las tres restantes habían huido con anterioridad.
El 9 de octubre, Amnistía Internacional escribió a las RSF en relación con las conclusiones. En el momento de la publicación, no se había recibido respuesta.
En julio de 2026, Amnistía Internacional publicó un importante informe que documentaba cómo las RSF cometieron crímenes de lesa humanidad y limpieza étnica durante su campaña para capturar El Fasher, donde determinados grupos étnicos, como el zaghawa, fueron objeto de abusos. Amnistía Internacional sigue documentando abusos flagrantes cometidos por ambas partes en el conflicto en Sudán, en los estados de El Obeid y Kordofán del Norte, así como en los de Kordofán del Sur y Nilo Azul.
Detenciones, torturas y homicidios ilícitos en prisiones
De las 19 personas residentes entrevistadas, 17 estuvieron detenidas a manos de las RSF. La mayoría fueron detenidas arbitrariamente durante la captura de la ciudad por las RSF; otras lo fueron cuando regresaron para recuperar sus pertenencias de su casa o buscar a familiares en paradero desconocido. Todas ellas permanecieron cautivas durante meses. Varias señalaron que era más probable que fueran detenidos y sufrieran abusos miembros de grupos étnicos concretos, como el zaghawa y el masalit.
La mayoría de los hombres fueron recluidos en centros de detención o prisiones, donde fueron testigos de homicidios ilícitos, sufrieron tortura y otros malos tratos, y recibieron cantidades mínimas de comida o agua. Todos recuperaron la libertad únicamente cuando su familia pagó el rescate o al fugarse.
Modathir*, zaghawa de 29 años, estuvo detenido en la prisión de Shala, donde lo sometieron a palizas frecuentes y presenció homicidios ilícitos. Contó a Amnistía Internacional: “La tortura es permanente en cualquier detención [de las RSF]. Ejecutaban a quienes trataban de mirarlos [...] Si duermes mucho, no les gusta y te ejecutarán. Preguntan: ‘¿Quieres descansar? Nosotros te daremos un descanso definitivo’”. En julio de 2026, Modathir se fugó huyendo de casa en casa para ponerse a salvo.
Mamoun*, zaghawa de 33 años, estuvo también recluido en la prisión de Shala hasta julio de 2026. Dijo que vio a las RSF disparar a los presos y la muerte de un enfermo de diabetes a quien las RSF se negaron a ayudar. A Mamoun le pegaban con frecuencia y dijo: “Sacan a la gente [de la celda] al azar, te acusan de estar con las Fuerzas Conjuntas o el ejército [...] Y te pegan hasta que te desmayas [...] A veces me pegaban cuatro veces al día [...] Solo depende de su estado de ánimo”. Mamoun fue excarcelado después de que su familia pagase un rescate.
El pago de un rescate no siempre era garantía de libertad. Musa*, zaghawa de 23 años, dijo que él y su padre fueron detenidos en el Hospital Infantil de El Fasher en octubre de 2025. Salieron en libertad más de un mes después, tras pagar un rescate. Sin embargo, Musa dijo que, en lugar de dejarles salir de la ciudad, las RSF los llevó a una casa protegida por las RSF donde los retuvieron hasta alrededor de mayo de 2026, cuando lograron huir.
Musa y su padre tuvieron que trabajar para las RSF en labores como la recogida de cadáveres y a veces los obligaban a decir ante una cámara que la ciudad era habitable, animando a la gente a regresar. Dijo: “Nos hacían desfilar por la ciudad y nos ordenaban que dijésemos [que] El Fasher es buena y segura”.
Escuelas como centros de detención
Las mujeres, los niños y niñas, y algunos hombres de más edad o heridos eran recluidos en escuelas convertidas de hecho en centros de detención en las que, según describieron, había altas tasas de desnutrición, incluso entre sus propios hijos e hijas.
Amnistía Internacional entrevistó a nueve personas a quienes las RSF recluyó en escuelas. Tenían un acceso muy limitado a comida y tratamiento médico; algunas mujeres dijeron que sus criaturas sufrieron desnutrición durante su detención allí. Todas estas personas habían sido puestas en libertad o logrado huir en julio o agosto de 2026.
Haram*, mujer zaghawa de 45 años, y sus criaturas de corta edad estuvieron detenidas en una escuela del barrio de Daraja Oula. Dijo a Amnistía Internacional: “[Las RSF] insultaban a la gente [...] Pegaban a las personas zaghawas, [las RSFA] elegían y pegaban [a la gente] al azar. Nos llamaban mujeres falangayaat [insulto que indica esclavitud o servidumbre]”.
Hadia*, mujer gimir de 30 años a cuyo esposo habían disparado las RSF durante su captura de El Fasher, fue detenida en una escuela con sus hijos, junto con centenares de mujeres y niños y niñas más. Las RSF les daban muy poca comida y agua.
Hadia estaba demasiado desnutrida como para poder alimentar a su hijo menor, de 18 meses, con suficiente leche materna. Cuando finalmente huyó y llegó a Tawila en agosto de 2026, sus tres hijos fueron diagnosticados de desnutrición; uno fue hospitalizado. Hadia contó a Amnistía Internacional: “Mis hijos estaban muy delgados y débiles”.
Aloya*, mujer zaghawa de 54 años, pasó varios meses detenida en una escuela. Tenía miedo de que se descubriera su identidad zaghawa por lo que nunca habló el idioma mientras estuvo allí. Contó: “Morían cuatro o cinco personas cada día [...] la mayoría por falta de comida”.
Hatim*, hombre berti de 38 años con una herida grave de metralla en la mandíbula, fue detenido por las RSF cuando volvió a El Fasher para recuperar sus pertenencias personales de su cada la primavera de 2026. Lo llevaron a una escuela donde estuvo recluido alrededor de cuatro meses junto con unas 300 personas más, la mayoría mujeres. Contó a Amnistía Internacional: “No podías moverte con libertad, tenías que quedarte allí [....] [Las RSF] me pegaron dos veces que traté de huir [...] incluso en mis heridas”. Hatim logró fugarse en su tercer intento.
Amnistía Internacional analizó imágenes de élite de centros de detención en escuelas entre octubre de 2025 y septiembre de 2026. Aunque varios lugares habían mostrado signos de actividad humana en meses anteriores, en septiembre de 2026 había poca actividad diaria, lo que indicaba que estos centros de detención podrían haber cerrado. La prisión de Shala y el centro de detención de Mina al Bari, otro lugar donde se detuvo a residentes, mostraban aún signos significativos de actividad humana.
“Todo el mundo está aterrorizado”: La vigilancia de las RSF y el acceso humanitario limitado
Residentes de El Fasher dijeron a Amnistía Internacional que aunque en septiembre de 2026 había un pequeño número de organizaciones humanitarias trabajando de nuevo en la ciudad, las RSF vigilaban de cerca sus movimientos e impedía a las personas residentes hablar libremente con ellas.
Una persona que había regresado a El Fasher en junio de 2026 dijo a Amnistía Internacional: “La ciudad de El Fasher que conocía ya no existe, es una ciudad totalmente destruida. La infraestructura pública, las escuelas, las instituciones oficiales, los hospitales, todo está destruido [...] Parecía que todo el mundo está vigilado muy de cerca, no dan al personal de ayuda humanitaria ningún espacio privado para hablar [...] Todo el mundo está aterrorizado”.
Otra persona residente dijo: “No hay un bloqueo total del acceso [humanitario], pero [...] cuando las organizaciones llevan a cabo actividades, [las RSF] vigilarán su realización [...] No hay fotos ni entrevistas ni interacciones de ninguna clase”.
El personal de ayuda humanitaria expresó preocupación por la desnutrición, sobre todo en una temporada de malas cosechas. Según evaluaciones oficiales, es muy probable que Darfur Septentrional, incluida El Fasher, sufra en los próximos meses una hambruna de nivel 5, el más alto de la Clasificación Integrada en Fases de la Seguridad Alimentaria.
Trabajo forzoso
Tanto hombres como mujeres fueron sometidos a trabajos forzosos como recoger cadáveres y escombros de las calles de El Fasher o cocinar y limpiar para las RSF sin recibir ninguna remuneración.
Misbah*, hombre zaghawa de 32 años, fue detenido por las RSF en octubre de 2025. Lo llevaron a una casa del barrio de Daraja Oula, donde lo obligaron a cocinar y limpiar para oficiales de las RSF. Estaba atado y le daban muy poca comida. Contó que le pegaban todos los días y dijo: “Nunca pensé que iba a sobrevivir”.
Las RSF deben liberar inmediatamente a todas las personas detenidas de forma arbitraria y poner fin a la tortura y los homicidios ilícitos en detención y en otros lugares. Asimismo, deben poner fin al uso de trabajos forzosos, prohibido por el derecho internacional.
Amnistía Internacional pide de nuevo un alto el fuego inmediato en Sudán, así como el despliegue urgente de una fuerza internacional para proteger a la población civil. Asimismo, todos los países deben dejar de proporcionar armas y munición a todas las partes en el conflicto de Sudán. En concreto, todos los países deben poner fin a la transferencia de armas a Emiratos Árabes Unidos hasta que este país deje de suministrar armas a las RSF en violación del embargo de la ONU sobre Darfur. Además, el Consejo de Seguridad de la ONU debe ampliar el actual embargo de armas sobre Darfur al resto del país.
Nota para periodistas: *Se han utilizado nombres ficticios.

