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Persecución en las universidades y “asfixia” de la libertad académica

Los estudiantes dejaron de entrar en la Universidad de Teherán durante las manifestaciones de 2006. © ISNA / Saman Aghvami

Activistas estudiantiles, reformistas y docentes considerados laicos sufren el acoso de las autoridades

Las autoridades iraníes llevan tres decenios realizando una implacable campaña de represión contra estudiantes y docentes universitarios, a quienes de forma rutinaria hostigan, detienen o impiden estudiar o enseñar debido a su activismo, sus opiniones o sus creencias de carácter pacífico, afirma Amnistía Internacional en un informe publicado hoy lunes.

Silenced, Expelled, Imprisoned: Repression of students and academics in Iran pone de relieve asimismo la discriminación generalizada, especialmente de las mujeres y de las minorías religiosas, en el sistema de enseñanza superior del país.

Las universidades de Irán se consideran desde hace tiempo un caldo de cultivo de la disidencia. Las autoridades han exhibido sistemáticamente una política de tolerancia cero hacia las voces disidentes en las universidades, en virtud de la cual han despedido, arrestado, torturado y encarcelado a estudiantes y personal docente por el mero hecho de expresar de forma pacífica sus opiniones o de apoyar a políticos opositores”, ha afirmado Hassiba Hadj Sahraoui, directora adjunta del Programa Regional para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional.

“Las autoridades iraníes han mantenido un férreo control sobre las instituciones académicas, e incluso han permitido que los organismos de seguridad y de inteligencia del Estado supervisen los procedimientos disciplinarios en los recintos universitarios. Los incesantes esfuerzos para intensificar el control sobre la libertad académica, impedir la presencia en la universidad de activistas estudiantiles pacíficos y marginar a las mujeres y a las minorías religiosas han asfixiado a las instituciones académicas de Irán, dejando escaso margen para la libertad de pensamiento o de expresión.”

El informe de Amnistía Internacional ilustra cómo las autoridades han intensificado el uso de tácticas represivas, sobre todo tras la elección del presidente Mahmud Ahmadineyad en 2005. Entre ellas figuran los intentos de “islamizar” el currículo académico para eliminar influencias “occidentales” y laicas y las medidas para reducir el número de mujeres que estudian en la universidad. Por ejemplo, cursos como “Estudios de la mujer” se modificaron para excluir los derechos de las mujeres reconocidos por el derecho internacional con el fin de poner el énfasis en los “valores islámicos”.

Las autoridades han afianzado como política la práctica de “señalar con estrellas” a ciertos estudiantes, por la que se impide el acceso permanente o temporal a la enseñanza superior de aquellos que no se ajustan a las opiniones sociales o políticas impuestas por el Estado.

Durante el mandato del presidente Mahmud Ahmadineyad, el constante aumento del número de mujeres que accedían a la enseñanza superior –en 2002, las mujeres representaban más de la mitad del alumnado de la enseñanza superior– se detuvo bruscamente. Se introdujeron medidas para impedir la inscripción de las mujeres en algunos estudios universitarios que se consideran más adecuados para los hombres, como la ingeniería de minas. Asimismo, se impuso un sistema de cupos por género para limitar el número de mujeres admitidas en las universidades.

A pesar de las medidas positivas iniciales del gobierno del presidente Hassan Rouhani para permitir el regreso a las universidades de algunos estudiantes y docentes proscritos, la situación sigue siendo terrible. Cientos de estudiantes siguen teniendo prohibido el acceso a la enseñanza superior y muchos continúan en la cárcel, algunos de ellos detenidos después de la elección del presidente Hassan Rouhani.

Cuando llega a su fin el primer año académico con su gobierno, muchas restricciones continúan vigentes y las autoridades de Irán siguen sin tomar medidas que garanticen el respeto de la libertad académica y la erradicación de algunas de las medidas corrosivas introducidas durante el mandato de Mahmud Ahmadineyad.

Las oleadas de “islamización” de la enseñanza superior, como la aplicación más estricta de la segregación por géneros en los campus y del código indumentario para las mujeres y niñas y los cupos durante el mandato de Mahmud Ahmadineyad, siguen causando un efecto disuasorio para el acceso de las mujeres a la enseñanza superior.

Las autoridades y los líderes religiosos siguen culpando también a la educación de las mujeres de contribuir a la elevación de la tasa de desempleo entre los hombres, al aumento del número de divorcios y al descenso de la tasa de natalidad nacional, y en discursos recientes del líder supremo se ha pedido un aumento de la población.

“Los límites al acceso de las mujeres a la enseñanza superior, respaldados por el gobierno, son intrínsecamente discriminatorios y constituyen un incumplimiento flagrante de las obligaciones de Irán en lo relativo a garantizar el igual acceso de todas las personas a la enseñanza en función de sus méritos. Deben abolirse de inmediato la segregación por géneros, los cupos discriminatorios y la prohibición de que las mujeres y niñas cursen ciertos estudios”, ha afirmado Hassiba Hadj Sahraoui.

Los obstáculos para el acceso a la enseñanza superior no se limitan únicamente a las mujeres. Cada año se impide el acceso a la enseñanza superior de decenas de estudiantes de la fe bahaí que han superado los exámenes de ingreso, o se los expulsa después. Las autoridades suelen considerar con recelo a los bahaíes, que hacen frente a una persecución que incluye arrestos, detenciones y prisión. A pesar del número cada vez mayor de datos que indican lo contrario, las autoridades iraníes siguen negando públicamente que en Irán se expulse o encarcele a nadie debido a su fe religiosa.

“Las autoridades iraníes deben garantizar que se respeta el derecho a la educación para todas las personas. El presidente Hassan Rouhani debe cumplir sus promesas sobre igualdad de oportunidades para todas las personas, sin tener en cuenta su religión o su origen étnico. La realidad en Irán es que si una persona pertenece a un grupo minoritario, o si tiene opiniones que no se ajustan a las ideas aprobadas por el Estado, se puede impedir su acceso a la universidad”, ha afirmado Hassiba Hadj Sahraoui.

En virtud del derecho internacional, no debe impedirse que ninguna persona complete su educación por razón de su sexo, orientación sexual, identidad de género, etnia, nacionalidad, creencias religiosas u otro tipo de convicciones profundas.

Las protestas masivas que siguieron a las controvertidas elecciones presidenciales de 2009 en Irán fueron respondidas con una brutal represión que incluyó asaltos a universidades y residencias de estudiantes, en los que cientos de estudiantes fueron arrestados, golpeados y detenidos. Muchos estuvieron recluidos sin juicio durante periodos prolongados y, en numerosos casos, los estudiantes fueron torturados o sometidos a malos tratos bajo custodia. Decenas de ellos continúan cumpliendo penas de cárcel actualmente.

El informe de Amnistía Internacional enumera los casos de decenas de estudiantes y docentes que continúan entre rejas tras ser declarados culpables de cargos de carácter general relativos a la seguridad nacional como “difundir propaganda contra el sistema” o “insultar al líder supremo”
. Muchos de ellos son presos de conciencia recluidos únicamente por el ejercicio pacífico de sus derechos.

“Una prueba decisiva para el gobierno de Irán durante el mandato del presidente Hassan Rouhani será si las fuerzas de seguridad reducen su control sobre las instituciones académicas y en qué medida lo reducen. Las universidades deben tener libertad para erigirse en pilares del pensamiento independiente y de la libertad de expresión”, ha afirmado Hassiba Hadj Sahraoui.

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