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Irán: Agentes de vigilancia gubernamentales atacan a las mujeres por hacer frente a la legislación sobre el uso forzoso del hiyab

© Private

Una serie de vídeos compartidos en las redes sociales en las últimas semanas han sacado a la luz el acoso cotidiano y las agresiones que sufren las mujeres en Irán a manos de agentes de la policía de la moral y agentes de vigilancia gubernamentales que hacen cumplir la legislación sobre el uso forzoso del hiyab (velo islámico), afirma Amnistía Internacional.

En los vídeos se ve cómo transeúntes y agentes de la policía de la moral vestidos de civil atacan o se enfrentan agresivamente a mujeres que desobedecen las degradantes leyes iraníes que obligan al uso del hiyab en nombre de la defensa de la “decencia pública”. Los agresores parecen envalentonarse y enardecerse en sus ataques cuando las mujeres tratan de grabar la violencia a la que están sometidas y compartir los vídeos en las redes sociales.

“Las imágenes que han surgido en las últimas semanas demuestran los impactantes niveles de abuso que sufren diariamente las mujeres en Irán a manos de la policía de la moral o de esbirros del gobierno por el simple hecho de desafiar la abusiva legislación nacional sobre uso forzoso del hiyab”, ha dicho Philip Luther, director de Investigación y Trabajo de Incidencia de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.

Las leyes iraníes sobre uso forzoso del hiyab no sólo son profundamente degradantes y discriminatorias, sino que además se están utilizando para justificar agresiones a mujeres y niñas en las calles.”

En Irán es habitual que agentes de la policía de la moral paren aleatoriamente a las mujeres en la calle, las insulten y las amenacen, les ordenen que se echen hacia adelante los pañuelos para cubrir algún mechón de pelo, o les den toallas de papel para que se retiren el maquillaje. Con frecuencia las mujeres son agredidas físicamente: abofeteadas, golpeadas con porras, esposadas y metidas a empujones en furgones policiales.

En uno de los vídeos publicados recientemente en Internet, una mujer graba un enfrentamiento que, según afirma, comenzó a raíz de que un agente de vigilancia del gobierno insistiera en ordenarle que se colocara bien el hiyab. El vídeo muestra cómo el hombre la insulta agresivamente y, cuando ella protesta, se gira y la ataca con lo que parece un pulverizador de pimienta.

En otro vídeo se ve cómo un hombre insulta a gritos a una mujer y le ordena que se ponga el hiyab. Se oye a la mujer gritando que la ha amenazado con dispararle con una pistola paralizante y cómo el hombre le responde: “No te he disparado, sólo te la he enseñado.”

En un tercer vídeo publicado en Internet, se ve a un hombre vestido de civil junto a una furgoneta de la policía de la moral que apunta con una pistola a un grupo de hombres y mujeres que intervienen para impedir la detención violenta de una mujer que no lleva pañuelo en la cabeza. La persona que grabó el vídeo explica en un comentario que ella y otros viandantes tuvieron que rescatar a la mujer de la policía de la moral, que había confiscado las llaves de su vehículo y trataba de empujarla al interior de la furgoneta.

Las personas defensoras de los derechos de las mujeres iraníes han grabado valientemente estos incidentes en el marco de la campaña My Camera My Weapon (Mi cámara es mi arma), cuyo objetivo es sensibilizar sobre el acoso y la agresión que sufren constantemente las mujeres y las niñas en las calles de Irán como consecuencia de las leyes de uso forzoso del hiyab.

Los vídeos fueron publicados en Internet por la destacada periodista y activista en favor de los derechos de las mujeres Masih Alinejad, radicada en Estados Unidos, que ha dirigido una serie de campañas online de gran repercusión contra el uso forzoso del hiyab, entre las que figura, además de My Camera My Weapon: My Stealthy Freedom (Mi sigilosa libertad), una página de Facebook donde se anima a las mujeres en Irán a que publiquen fotos de sí mismas sin pañuelos en la cabeza, y Miércoles Blancos, que pide a las mujeres que protesten contra las leyes de uso forzoso del hiyab vistiendo pañuelos de cabeza de color blanco todos los miércoles.

Al aumentar la atención sobre las agresiones que sufren las mujeres que desafían las leyes sobre el uso forzoso del hiyab, ha surgido una paralizadora campaña de difamación en los medios de comunicación estatales contra quienes defienden los derechos de las mujeres y piden la abolición de estas leyes abusivas.

Es muy preocupante que las autoridades iraníes estén estimulando estas agresiones para silenciar a las mujeres en un momento crucial, en el que las mujeres han reunido el valor necesario para protestar públicamente contra el uso forzoso del hiyab y amplificar sus voces a través de las redes sociales.

“Estos brutales ataques contra mujeres y niñas son una violación de su derecho a estar protegidas frente a cualquier trato cruel, inhumano y degradante, recogido en el derecho internacional”, ha dicho Philip Luther.

“A millones de mujeres iraníes se les está negando el derecho a ser tratadas con dignidad y desarrollar sus actividades cotidianas sin temor a la violencia o el acoso.”

Las leyes iraníes sobre uso forzoso del hiyab son una flagrante violación de los derechos a la libertad de expresión y de religión, y del derecho a la intimidad. A las mujeres y las niñas en Irán no se les permite salir de sus casas si no cubren su cabello con un pañuelo o hiyab, y sus brazos y piernas con ropa holgada.

Según las leyes del país, una mujer o una niña —ya a partir de los nueve años— que sea vista en público sin llevar hiyab puede ser multada o penada con entre 10 días y dos meses de cárcel. En la práctica, las autoridades iraníes han obligado a usar hiyab a niñas de tan sólo siete años.

Durante el último año, las autoridades iraníes han incrementado su represión contra quienes defienden los derechos de las mujeres protestando pacíficamente contra las leyes de uso forzoso del hiyab. El ejemplo más impactante es el de la destacada abogada de derechos humanos Nasrin Sotoudeh, que la semana pasada fue condenada a 33 años de cárcel y 148 latigazos, en parte, por su oposición a la legislación sobre el uso forzoso del hiyab.

Fue declarada culpable, entre otros cargos, de “incitar a la corrupción y la prostitución” y “cometer abiertamente un acto pecaminoso [...] apareciendo en público sin hiyab”. Algunas de sus actividades que las autoridades han aportado como “prueba” son: oponerse al uso forzoso del hiyab, quitárselo durante las visitas penitenciarias, defender a mujeres que protestaban pacíficamente contra su uso forzoso, conceder entrevistas a los medios de comunicación para hablar del arresto y la detención violenta de mujeres que protestaban contra el uso forzoso del hiyab, y colocar flores en el lugar en que fue violentamente arrestada una mujer que protestaba.