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Una superviviente sentada en su hogar al norte de Bosnia. © Ziyah Gafic

Violadas y abusadas en tiempos de guerra y ahora olvidadas por el Estado

Por Jelena Sesar (@Jelena_Sesar), investigadora sobre los Balcanes en Amnistía Internacional,

Emma recuerda vívidamente el día que sus vecinos fueron a su casa. Es un día que desearía olvidar. Fue en 1992 y la guerra de Bosnia estaba en sus primeras etapas. Elma tenía poco más de 20 años y estaba recién casada y embarazada de cuatro meses.

“Esos hombres eran nuestros vecinos”, me cuenta. “Los vi llevarse a mi padre y a mi hermano pequeño. Los mataron brutalmente y dejaron los cuerpos en el campo, al lado de la casa. Mi padre era anciano y frágil”.

Ese fue sólo el principio del terror. A Elma la llevaron a lo que se conocía como “campo de violación”, donde los grupos paramilitares que volvían de sus misiones en primera línea la violaron colectivamente cada día. “Me pegaban y me violaban, a mí y a otras jóvenes, a menudo en grupo”, añade. “Llevaban pasamontañas y me preguntaban si podía adivinar cuál de ellos estaba encima de mí”.

Como consecuencia de la violencia, perdió a su bebé y sufrió lesiones en la columna de las que nunca se ha recuperado. Un cuarto de siglo después, se siente olvidada y abandonada por el gobierno e incluso por su propia comunidad. No tiene empleo y necesita urgentemente asistencia médica y psicológica para tratar de reconstruir su vida.

Elma es una de las miles de supervivientes de la violencia sexual en tiempo de guerra de Bosnia y Herzegovina. Durante los tres años del conflicto al menos 20.000 mujeres y niñas sufrieron violaciones o abusos. Muchas presenciaron la tortura y el asesinato de familiares, y algunas, incluso hoy, buscan los restos de los seres queridos que se llevaron a los campos y nunca regresaron. Sufren las devastadoras consecuencias de estos crímenes y un trauma psicológico que no desaparece. Aun así, afrontan numerosos obstáculos que les impiden acceder al resarcimiento legal y al apoyo que tanto necesitan.

El informe de Amnistía Internacional titulado We Need Support, Not Pity, dedicado a las supervivientes de violación en tiempo de guerra de Bosnia, incluye los testimonios de las pocas mujeres que tuvieron el valor suficiente para denunciar. Mujeres como Sanja, que estuvo cautiva y fue violada en reiteradas ocasiones por un soldado y sus camaradas, contra los cuales las autoridades no han adoptado ninguna medida. “Ya no confío en nadie, especialmente en el Estado”, dijo. “Todos me han fallado.”

Según el derecho internacional, las autoridades de Bosnia y Herzegovina son responsables de ofrecer justicia, verdad y reparación a las víctimas de crímenes de guerra, pero los sucesivos gobiernos les han fallado por reiteradas razones legales y políticas. Desde que en 2004 comenzaron los juicios por crímenes de guerra en Bosnia y Herzegovina, menos del 1% del número estimado de casos de víctimas ha llegado a los tribunales. Con una ingente cantidad de casos de crímenes de guerra pendientes, los tribunales de todo el país sólo han juzgado 123 casos de violencia sexual.

Aunque en los últimos años ha habido considerables avances en los programas de protección de testigos y una mejora general de la calidad de los enjuiciamientos de estos casos, siguen existiendo otros problemas que dificultan que se haga justicia y crean una sensación generalizada de impunidad. Los tribunales de algunas partes del país tienen un índice elevado de absoluciones y otros imponen condenas reducidas, permitiendo que los perpetradores de crímenes de guerra se libren con sólo pagar una multa. Teniendo en cuenta la enorme acumulación de casos y la penosa lentitud de las actuaciones judiciales, es probable que la mayoría de los perpetradores nunca comparezca ante la justicia.

 

Una mujer que fue violada múltiples veces por paramilitares en su casa dice que la mayoría “de las supervivientes no vivirá lo suficiente para ver que se hace justicia. En unos años no quedarán supervivientes, perpetradores ni testigos con vida”.

Aunque las víctimas del crimen de guerra de violencia sexual son algunas de las más vulnerables del país, sólo alrededor de 800 han podido acceder al estatuto especial y a un subsidio básico. La existencia de estas ayudas no está garantizada universalmente en todo el país. A algunas supervivientes se las discrimina por su lugar de residencia, y que otras cambian su domicilio oficial para tener derecho a recibir una pequeña ayuda económica en las zonas donde ésta existe. Estos malabarismos administrativos dejan a menudo a estas mujeres sin atención médica o psicológica básica en los lugares donde viven realmente.


Una superviviente mira hacia el hogar familiar destruido al este de Bosnia. © Ziyah Gafic

El trauma psicológico y los problemas físicos sin tratar causados por la violencia sexual podrían impedir que muchas mujeres encuentren trabajo y mantengan su empleo. Por lo general, las víctimas de violación en tiempo de guerra experimentan tasas elevadas de desempleo y pobreza, y constituyen uno de los grupos económicos más vulnerables de Bosnia y Herzegovina.

Pero la inexistencia de un programa formal de resarcimiento obliga a las víctimas a sortear los complejos sistemas de la seguridad social y judicial sin ayuda, a menudo con resultados inciertos.

Con cada año que pasa se aleja la posibilidad de que obtengan justicia o la ayuda que necesitan para seguir adelante. Sólo cuando se reconozcan los crímenes de que han sido víctimas podrán cerrar en cierta medida esa etapa de su vida.

Las disculpas son importantes para nosotras”, me dice Elma. “Nos demuestran que la sociedad reconoce que no fuimos responsables de lo que nos pasó y que la culpa está en otra parte. Cuando vi a uno de los criminales de guerra condenados reconocer su culpa y venirse abajo en el juicio, diciendo que sentía realmente todo lo que había hecho, me sentí profundamente conmovida. Lo perdono un poco”.

Este artículo fue publicado originalmente aquí por Al Yazira.

 

 

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