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Rally antifascista y a favor de los derechos civiles y políticos. © Marc Nozell

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Harriet Tubman, símbolo de la lucha contra la esclavitud

Por Juan Ignacio Cortés (@JuanICortes), colaborador de Amnistía Internacional,

El 2 de diciembre, Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, es un gran momento para recordar y celebrar a Harriet Tubman, la mujer afroamericana que tras huir de la esclavitud se convirtió en una verdadera Moisés para su gente, contribuyendo a la liberación de centenares de esclavos en Estados Unidos.

La figura de Harriet Tubman no es excesivamente conocida en España. Sin embargo, en Estados Unidos goza de gran popularidad. Tanto que en 2016 Obama anunció que su rostro sucedería al de Andrew Jackson, séptimo presidente de los Estados Unidos, en los billetes de 20 dólares. Aunque la llegada de Donald Trump a la presidencia hizo que este proyecto se paralizase, esta historia demuestra cómo la figura de Tubman forma parte del imaginario colectivo americano.

No es para menos, pues su historia es realmente apasionante. Araminta Ross —cambiaría su nombre por el de Harriet Tubman tras casarse con John Tubman, un hombre negro libre— nació en el seno de una familia numerosa de esclavos, alrededor de 1822 en Maryland.


Su infancia fue difícil. Destinada por su condición de esclava a servir, desempeñó los más diversos trabajos en casa de sus amos, los Brodess, y de otras familias blancas a quienes la alquilaban. Azotada y maltratada a menudo, al empezar la adolescencia, Harriet se vio envuelta en un incidente entre un esclavo huido y su propietario a resultas del cual sufrió una fractura de cráneo. Esta grave herida le provocaría ataques parecidos a la epilepsia y pérdidas de conciencia durante toda su vida. 

Harriet Tubman luchó contra la esclavitud

Harriet Tubman

Huida de la esclavitud

En 1849, convencida de que iba a ser vendida y separada de su familia, Tubman intentó escapar con dos de sus hermanos. Estos se arrepintieron y decidieron volver para seguir siendo propiedad de los Brodess. Harriet no se resignó e intentó de nuevo la huida poco después. Esta vez, sola.

Tras recorrer más de 100 kilómetros por caminos secundarios, bosques y áreas pantanosas, llegó a la frontera con Delaware, un estado abolicionista. Allí, según explicaría a su biógrafa Sarah Bradford, "me miré las manos para ver si era la misma persona. Ahora era libre. Fue un momento glorioso: el sol se filtraba como oro a través de los árboles y me sentí como si estuviera en el cielo".

“Me miré las manos para ver si era la misma persona. Ahora era libre. Fue un momento glorioso: el sol se filtraba como oro a través de los árboles y me sentí como si estuviera en el cielo".

Harriet Tubman, tras escapar y recorrer más de 100 kilómetros para alcanzar la libertad

Tubman siguió camino hasta Filadelfia, en donde se estableció temporalmente. Pero su libertad no la hacía feliz. Al menos, no completamente: "Era una extraña en una tierra extraña. Mis padres y hermanos estaban en Maryland. Yo era libre y quería que ellos también lo fueran".

El Ferrocarril Clandestino

Movida por la nostalgia de su familia y su sentido de la libertad, Tubman regresó al año siguiente a Maryland para liberar a su sobrina y a los dos hijos de ella, a punto de ser vendidos a nuevos amos. Intentó convencer a su marido John para unirse a ellos, pero él ya había rehecho su vida con otra mujer y prefirió quedarse.

Harriet repetiría este tipo de incursiones en al menos otras 12 ocasiones. Se calcula que en total llegó a liberar a unos 70 esclavos, casi todos ellos familiares o amigos, y a dar indicaciones precisas para que otros tantos alcanzaran la libertad. Todo ello sin saber leer ni escribir —no aprendería nunca a lo largo de su larga vida de más de noventa años—.

Para el tiempo en que Harriet Tubman hizo su última incursión en Maryland en 1860, su figura era ya muy reconocida como una de los principales conductoras del Ferrocarril Clandestino.

Esta red de activistas abolicionistas no tenía ninguna estructura fija, ni una coordinación centralizada, pero se conocía como tal por los términos ferroviarios en clave que usaban sus miembros. Así, los senderos que utilizaban para conducir a los esclavos huidos eran los raíles. Las casas, bosques y otros escondrijos en los que los esclavos se refugiaban eran las estaciones. Las personas que guiaban o escondían a los fugitivos eran los conductores.

Muchos años más tarde, Harriet Tubman explicaría, refiriéndose a estos años: "yo fui una conductora que nunca hizo descarrilar su tren y nunca perdió un solo pasajero". Se cuenta —aunque en este como en otros episodios de la vida de Tubman es difícil separar mito de realidad— que en una ocasión incluso encañonó con su revólver a un fugitivo que, cansado de las penalidades y los miedos del camino, quería regresar, poco menos que obligándole a ganar su libertad.

Lo que sí que está confirmado es que muchos conocían a Harriet por el sobrenombre "mamá Moisés" o "Moisés" a secas, comparándola con el patriarca bíblico que sacó a los judíos de la esclavitud de Egipto.

William Still, un hombre negro libre de Filadelfia, que fue pieza clave del Ferrocarril Clandestino y que colaboró con Tubman en muchas ocasiones, la recuerda en sus memorias como una persona que "parecía estar libre de todo miedo. Creo que la idea de ser capturada por los cazadores o los dueños de esclavos nunca le entró en la cabeza”.

Harriet Tubman y algunos de los esclavos a los que ayudó a escapar

Harriet Tubman junto a otros esclavos rescatados y liberados

La Guerra de Secesión

La Guerra de Secesión no haría sino incrementar la leyenda de Harriet Tubman. Pronto se incorporó a las filas del ejército de la Unión, en donde sirvió como cocinera y enfermera al principio, pero enseguida pasó a desempeñar papeles más determinantes, sobre todo después de que el presidente Lincoln aprobara la Proclamación de Emancipación, una orden ejecutiva que reconocía a los esclavos huidos de los Estados del Sur como hombres y mujeres libres.

Harriet Tubman contribuyó a transformar Fort Monroe, en Virginia, en un polo de atracción de esclavos fugitivos, muchos de los cuales se incorporaron al ejército. Desde allí organizó un servicio de exploradores y una red de espionaje.

“Durante la Guerra de Secesión, la general Tubman (como la apodaban algunos mandos de la Unión), tuvo un papel decisivo en la incursión del Río Combahee, en la que las tropas del Norte consiguieron la liberación de más de 700 esclavos negros”.

La general Tubman, como le apodaban algunos mandos de la Unión, fue elemento decisivo en la llamada Incursión del Río Combahee, en la que, tras internarse en territorio confederado en Carolina de Sur, las tropas del Norte consiguieron la liberación de más de 700 esclavos negros.

No fue la única acción militar en la que se implicó, pues sus redes de contactos llegaban hasta mucho más allá de la línea del frente, extendiéndose hasta la mismísima Florida, bien al sur del territorio estadounidense.

Harriet Tubman

Marcador explicativo sobre quién fue Harriet Tubman, colocado en su localidad de nacimiento. © Daniel L. Brandewie

Luchadora hasta el final

Tras la guerra, Harriet Tubman se estableció en Auburn, estado de Nueva York, junto con su familia y, aunque de una forma más sosegada, nunca dejó de implicarse en los asuntos de su comunidad y de luchar por el progreso de los derechos humanos.

En Auburn, Tubman se implicó en el movimiento sufragista en favor del voto femenino y fundó un hogar para acoger a personas afroamericanas enfermas o ancianas.

Harriet Tubman también se implicó en el movimiento sufragista en favor del voto femenino y fundó un hogar para acoger a personas afroamericanas enfermas o ancianas.

Su activo papel en la Guerra de Secesión se vio reconocido a medias en 1899, cuando el Congreso de los Estados Unidos le concedió un incremento de 20 dólares en la pensión de viudedad de su segundo marido, el exsoldado afroamericano Nelson Davies. En realidad tendrían que haberle concedido la pensión militar que se merecía.

Harriet murió en Auburn el 20 de marzo de 1913 y fue despedida con honores militares en el cementerio de Fort Hill, donde descansan sus restos mortales.

Quienes visitan Cambridge, una pequeña localidad de su estado natal de Maryland, pueden recordar su figura visitando el Museo y Centro Educacional Harriet Tubman y recorriendo el Sendero Harriet Tubman, una ruta de más de 200 kilómetros que une las costas de Maryland con Filadelfia y preserva los raíles del Ferrocarril Clandestino a través de los cuales Tubman transportó a decenas de personas hacia la libertad.

Podríamos dejarlo aquí, pero terminar este texto sobre la figura de Harriet Tubman sin recordar que la esclavitud contra la que luchó no es solo un hecho histórico, sino una realidad, sería traicionar a su memoria.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), todavía hoy, en pleno siglo XXI existen 40 millones de personas esclavizadas en todo el mundo. Sin duda, resulta pertinente preguntarse qué haría Harriet Tubman acerca de esto. Y, también, qué podemos hacer nosotros.

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