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Varios hombres sacan a bebés en brazos de entre las ruinas de los edificios en Alepo, septiembre de 2016. © AMEER ALHALBI/AFP/Getty Images

Alepo, con todo el dolor detrás...

La población civil de Alepo este va saliendo por fin de la trampa mortal en la que se había convertido esa zona, controlada por grupos armados de oposición tras el cerco de las fuerzas de Al Assad y la implacable ofensiva aérea y artillera lanzada por tropas sirias apoyadas por Rusia e Irán. Van saliendo cientos, miles de civiles y personas heridas –el acuerdo también incluye a combatientes– con el corazón encogido, dadas las repetidas violaciones del alto el fuego que han interrumpido a bombazos los anteriores intentos de evacuación. Y van saliendo con su inmenso sufrimiento a cuestas, con todo el dolor detrás...

Amnistía Internacional insiste en la necesidad urgente de garantizar "que todo el mundo sea evacuado de forma segura", tal y como pide la nueva ciberacción "¡cada segundo cuenta!". No hay tiempo, pues, que perder en la evacuación, que debería incluir el despliegue de "observadores de la ONU para proteger a la población civil que desee salir de la ciudad". En estos cinco meses de asedio, el este de Alepo ha sufrido "una devastadora carnicería, de implacables ataques y de múltiples crímenes de guerra", y todavía –alerta Amnistía– "decenas de miles de personas se enfrentan a la posibilidad de quedar atrapadas, de ser torturadas, detenidas o de morir ejecutadas".

Aunque algunas evacuaciones han empezado ya, tenemos que estar seguros de que todo el mundo es evacuado de forma segura.

¡CADA SEGUNDO CUENTA!

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Los testimonios gráficos y audiovisuales del éxodo son impresionantes –niños y niñas en brazos de familiares o caminando con su 'equipaje' sobre la cabeza, mayores y personas con discapacidad en sillas de ruedas–. Como también han sido impresionantes los 'gritos' de impotencia, frustración e indignación que se han dejado sentir, a veces a través de Internet y las redes sociales, en los oídos sordos de las grandes potencias y la comunidad internacional.

Han llamado especialmente la atención los símbolos infantiles, los gestos, los rostros como el del niño de la ambulancia Omran Daqneesh, o como la niña tuitera Bana Alabed. Pero también se asoman, casi siempre en segundo plano, los rostros ajados de personas mayores y la frágil imagen de personas con discapacidad. La propia ONU advirtió en 2013 que estas son "las víctimas olvidadas del conflicto sirio", a pesar de que sufren diariamente graves violaciones de sus derechos.

Un hombre mayor ayuda a su mujer herida tras el ataque de las fuerzas de Al-Assad. © AP Photo/Manu Brabo

Hace una semana, una operación conjunta de la Media Luna Roja Árabe Siria y el Comité Internacional de la Cruz Roja logró rescatar a más de 100 personas con discapacidades físicas y/o psíquicas del centro Dar Al-Safaa, un centro de mayores de la Ciudad Vieja de Alepo que acabó acogiendo también a otra gente vulnerable y a personas heridas en la guerra. Los combates impidieron completar antes el rescate, y 11 personas fallecieron sin poder ser trasladadas a un hospital.

En cuanto a las personas mayores, no solo corren el riesgo de 'quedarse atrás' cuando sus familias huyen en busca de refugio en otros países –máxime si se trata de peligrosos viajes por mar hacia Europa–, sino que suelen ser un colectivo marginado a la hora de recibir prestaciones sociales o sanitarias cuando logran salir de lugares como Alepo y convertirse en refugiados en países vecinos como Líbano o Jordania.

La organización especializada HelpAge subraya que, cuando los conflictos los separan de sus familias, los mayores encuentran "dificultades para cubrir sus necesidades básicas de alimentación, agua y salud. Sin familia, son extremadamente vulnerables". E incluso si logran buscar refugio en otro país, arrastran problemas de salud que muchas veces no reciben adecuado tratamiento: un 54% de refugiados mayores padece al menos una enfermedad no transmisible, como la diabetes o el cáncer, y un 65%, el triple que en otras edades, presenta signos de angustia psicológica como miedo, rabia o depresión.

Pero son las niñas y niños las grandes víctimas de la tragedia de Alepo, el escaparate más visible del conflicto sirio, plagado de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad y que se considera ya "el mayor desastre humanitario de las últimas décadas". Hace apenas dos semanas, Unicef cifraba en 100.000 los menores que vivían en el este de Alepo (500.000 en zonas sitiadas de toda Siria) y no recibían ayuda humanitaria por culpa del conflicto. Otros datos confirman esa dramático protagonismo infantil, tanto en Alepo como en otros escenarios: el 52% de las personas refugiadas sirias registradas por la Agencia de la ONU Acnur son menores de 18 años, y el 18% ni siquiera ha cumplido 4 años.

El conflicto de Siria en general, y el asedio de Alepo en particular, han ofrecido varios 'chispazos' infantiles para despertar la conciencia internacional sobre esa barbarie. Primero fue Aylan Kurdi, el niño de dos años –ahogado junto a su hermano de cinco y su madre– cuya tragedia puso en evidencia el drama de los refugiados sirios.

Después, en agosto de 2016, fue el pequeño de cinco años Omran Daqneesh, fotografiado al fondo de una ambulancia con la mirada perdida y el rostro cubierto de polvo y sangre seca; lo habían rescatado de un edificio de Alepo bombardeado por las fuerzas gubernamentales. Y en las últimas semanas ha sido la niña tuitera de siete años Bana Alabed, que –compartiendo relato y vivencias con su madre profesora Fatemah– ha ido desgranando sus sentimientos de miedo e impotencia, de dolor y frustración, de indignación.

El 29 de noviembre, Bana contaba que su casa había sido bombardeada, que "mis queridas muñecas murieron" y que "estoy muy triste, pero feliz de estar viva". El 30 era su madre quien daba cuenta de "amenazas de muerte" recibidas y de su convencimiento de que "el ejército sirio nos atacará pronto debido a nuestra cuenta y nuestros mensajes". Y diciembre empezaba también con suficiente pesimismo como para "renunciar a la vida". Quizás porque Bana estaba "enferma, sin medicinas, ni casa, ni agua limpia", y sentía que esas circunstancias "me harán morir antes de que una bomba me mate".

Captura de vídeo en la que se ve a un hombre llevando a una mujer mayor discapacitada hacia uno de los autobuses que están siendo utilizados para la evacuación de civiles en Alepo. © Thiqa News via AP

Amnistía pide una evacuación segura

La ofensiva final sobre Alepo se ha cobrado desde el 15 de noviembre más de 1.000 vidas en la ciudad. A principios de semana se llevaban contabilizadas 779 muertes en la zona oriental, 415 de civiles y 364 de combatientes insurgentes, y 283 en la zona oeste controlada por Assad, 130 de civiles  y 153 de soldados y milicianos progubernamentales, más 11 en un barrio del norte controlado por la alianza kurdoárabe Fuerzas de Siria Democrática.

El comienzo de una evacuación segura y controlada del este de Alepo hace albergar esperanzas de que la población civil reciba, por fin, la ayuda humanitaria que necesita y pueda salir de la ciudad si lo desea. Aunque sea ("nunca había visto tales niveles de sufrimiento humano", ha constatado una representante de la Cruz Roja) con todo el dolor detrás...