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Egipto: La risa como última libertad

Por Rocío Lardinois (@Roc_torre), activista de Amnistía Internacional España, 

El humorista Shady Abu Zeid pidió permiso para dirigirse al tribunal. Llevaba en prisión desde el 6 de mayo de 2018, sin entender por qué. “¿Qué quieres decirme?, Shady”, le contestó el magistrado con amabilidad. “Señor juez, quiero pasar Ramadán con mi madre y mi hermana. Es el primer Ramadán sin mi padre”.

Más de 120.000 personas seguían su página de Facebook; su humor es irresistible. “Ya está, Shady, es la última vista”, le tranquilizó el juez, justo antes de revocar la prisión preventiva y ordenar la libertad condicional. El Fiscal se levantó, diciendo: “Señoría, la Fiscalía se opone”. En dos ocasiones, un tribunal dictó la puesta en libertad de Shady, la fiscalía apeló y se aceptó el recurso. Casi podía sentir el rumor de la calle y ya le estaban devolviendo a la prisión, desesperanzado.

Hace un año, enmudeció su canal de YouTube, “Alto contenido” (Rich Content), con más de 20.000 seguidores. Las sátiras de Shady tenían contenidos sociales. Se reía de ciertas tradiciones. Parodiaba los programas de cocina. Se burlaba de los “influencers”. Ponía en evidencia los prejuicios hacia la comunidad cristiana. Rompía tabúes al hablar del matrimonio entre personas de mismo sexo. Durante las fiestas religiosas, bajaba a la calle armado de un spray contra los acosadores que humillan a las mujeres en el centro de El Cairo. Preguntaba a los chicos: “¿a cuántas mujeres has acosado hoy?”. Y cuando se vanagloriaban, les estrellaba un huevo en la cabeza, avergonzándolos.

En un video extraño, “Buenas noches, Cairo”, mostraba una sociedad ensimismada y dormida, retratándose como un sonámbulo, en un mundo ficticio. Fue el último video que publicó. Shady Abu Zeid no atacaba al régimen, ni arremetía contra el presidente al-Sisi. Los ignoraba por completo. Como mucho, ironizaba sobre el nacionalismo, como en la canción “somos más fuertes que el dólar”. En el video más político – “Entrevista sin censurar” – expone la pérdida de libertades; un pitido oculta las respuestas del entrevistado: ni buenos días le permiten decir. Shady Abu Zeid era prudente, pero acabaron deteniéndolo.

Los espacios de libertad de expresión han ido estrechándose. Nunca fue tan peligroso criticar al presidente al-Sisi. Detienen a periodistas, blogueros, activistas de derechos humanos, a gente corriente que se expresa con libertad en las redes sociales. “Pienso en cómo debo expresarme para decir lo que quiero sin que me detengan”, escribía un conocido activista, durante la reciente campaña contra la reforma constitucional. Sin embargo, Shady no hacía sátira política en su canal de videos, tampoco como corresponsal del programa de humor Abla Fahita, entrevistando a la gente por la calle. Nos hacía reír con sus preguntas esperpénticas. “¿Cree que estamos solos en este mundo o podría haber extraterrestres viviendo entre nosotros?”, preguntaba en tono serio. “Claro que hay extraterrestres, en Europa y en América”, le contestaba una mujer. “Mis hijos nunca podrían ser amigos de extraterrestres, porque las tradiciones son completamente distintas”, le decían. Los extraterrestres eran, claro, un pretexto para hablar de xenofobia. Shady practica un humor absurdo, irreverente, cautivador.

En Egipto, la gente tiene sentido del humor; se burla de todo, de sí misma y del poder. Cuando la realidad política es una tragicomedia y cualquiera puede ser detenido por disentir, las redes sociales se llenan de burla. La risa es una forma de resistencia; es la última libertad. Y Shady estaba del lado de la libertad, aunque en su programa de humor no atacara al poder. Tenía dieciocho años cuando estallaron las revueltas contra Hosni Mubarak, que marcaron a toda una generación. Por ofrecer a la policía condones inflados como globos, el 25 de enero de 2016, en el quinto aniversario de las revueltas de la plaza Tahrir, lo amenazaron. Shady defendió su derecho a ejercer la sátira, aunque pudiera ofender. “La constitución egipcia –explicó en un comunicado– garantiza la libertad de expresión y de creación. Las fuerzas de seguridad tienen la obligación de proteger a quienes expresan su opinión y creatividad”. El programa de televisión satírico lo despidió y acabó más tarde desapareciendo de la programación.


Captura de uno de los vídeos de Shady Abu Zeid

Su detención causó conmoción en el mundo del humor y del activismo político. Pocas personas habían sido tan cuidadosas como Shady. Era una advertencia; no estaban a salvo ni siquiera quienes evitaban criticar al presidente. Parecía que Shady les daba miedo, porque más de veinte policías se presentaron en su casa para detenerlo, llevándose teléfonos móviles y ordenadores portátiles. Lo acusaron de “difundir noticias falsas” y “pertenecer a una agrupación ilegal”, lo habitual cuando se detiene a alguien por expresarse con “demasiada libertad”. Al fallecer su padre, las autoridades penitenciarias le permitieron asistir al entierro; el despliegue policial fue desproporcionado. Cuando se inclinó a abrazar el cuerpo de su padre, un oficial de paisano le agarraba del brazo.

La cárcel mata. “Shady siempre tuvo una personalidad dulce y mucho sentido del humor, pero ha cambiado mucho. Ahora está triste y abatido, algo normal cuando te han privado de libertad sin que hicieras nada, cuando no pudiste vivir los últimos días de tu padre y no estabas allí para apoyar a tu madre y hermana cuando más te necesitaban. Shady ha cambiado; no será el mismo cuando salga de prisión. Puede que no tenga ya esa personalidad jovial y chispeante. Nosotras también hemos cambiado”, escribió su hermana Roula, en las redes sociales. Shady les dijo en una visita: “nos han pasado cosas muy duras; con la muerte de papá ya lo hemos vivido todo”. Todavía les quedaban momentos amargos. Durante un tiempo, les prohibieron las visitas en la prisión de Tora y cuando las autorizaron nuevamente, no pudieron abrazarse, separados por un cristal. Acaba de cumplir 26 años. Shady no debería estar en prisión, porque el humor no es delito, aunque moleste.

Es una época negra para los derechos humanos en Egipto. Queremos que Shady salga de prisión y siga haciéndonos reír, aunque tengamos ganas de llorar. Queremos verlo de nuevo en las calles de El Cairo, entrevistando a la gente, simpático y provocador. Ayúdanos a conseguirlo.

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