En 2013 Edward Snowden reveló la existencia de programas de vigilancia masiva operados por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda (la llamada “Alianza de los Cinco Ojos”).
Esta acción ha finalizado (8 de junio de 2015)
Todas las firmas recogidas serán enviadas a las Embajadas en España de los Gobiernos de la Alianza de los 5 Ojos, integrada por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, coincidiendo con la publicación del informe Two years after Snowden, en el que AI pide, entre otras cosas, el fin de todos los programas y prácticas de vigilancia masiva indiscriminada existentes. Gracias a las más de 32.000 personas que han participado.
Petición antes del cierre
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Ellos saben dónde te subiste al autobús, dónde fuiste a trabajar, dónde dormías, y qué otros teléfonos móviles dormían contigo". E. Snowden. Estos gobiernos monitorizan indiscriminadamente los
correos electrónicos, las
llamadas telefónicas y el
tráfico de Internet de personas de todo el mundo. Lo hacen a través de programas que acceden a los datos de las principales empresas de Internet y de telefonía a gran escala. Dicen que necesitan más poderes de espionaje para atrapar a los “terroristas”. Pero no hay pruebas de que la vigilancia masiva les ayude. Los gobiernos nos colocan ante una
falsa elección: seguridad o libertad. Pero las personas tienen derecho a la privacidad, y violarla es violar sus derechos humanos. Y los Gobiernos no deben limitar las libertades si ni siquiera existe la sospecha de que alguien haya hecho algo indebido. "Hoy podemos tener el Gobierno más responsable en el mundo", dice Snowden, "pero mañana podrían cambiar las cosas". Los datos privados podrían utilizarse para
hostigar a periodistas,
perseguir a activistas,
discriminar a minorías o tomar medidas contra la libertad de expresión. Hoy por hoy seguimos sin conocer el alcance de la vigilancia masiva en las redes de comunicación, tanto a nivel global como en los diferentes países. Los Gobiernos quieren que asumamos que cuando usamos nuestro teléfono o nuestro correo electrónico, todo lo que decimos les pertenece. Pero si no permitimos este nivel de intrusión en la “vida real”,
¿por qué permitirlo online?