
Una residente camina entre los escombros de los edificios residenciales después de los ataques aéreos israelíes en el barrio de Al-Zahra en la Franja de Gaza el 19 de octubre de 2023. (Foto de Mustafa Hassona/Anadolu vía Getty Images)

Una residente camina entre los escombros de los edificios residenciales después de los ataques aéreos israelíes en el barrio de Al-Zahra en la Franja de Gaza el 19 de octubre de 2023. (Foto de Mustafa Hassona/Anadolu vía Getty Images)
Dos años después de los ataques de Hamás en el sur de Israel, el mundo sigue siendo testigo de un grado inconcebible de muerte y destrucción en la Franja de Gaza ocupada. El brutal ataque de Israel contra la población palestina de Gaza ha matado a decenas de miles de personas, borrado de la faz de la tierra a familias enteras, arrasado barrios residenciales, destruido infraestructuras críticas, desplazado forzosamente a 1,9 millones de palestinos y palestinas y provocado una hambruna que ha costado la vida cientos de personas.
Todo esto tiene un nombre: genocidio
Durante las operaciones militares en Gaza, Israel ha adoptado políticas y emprendido acciones encaminadas a causar un daño irreparable a la población palestina de Gaza. Éstas incluyen bombardeos implacables que han causado la muerte y heridas a decenas de miles de personas y provocado una destrucción sin precedentes, el desplazamiento forzado del 90% de la población, y la denegación y obstrucción de ayuda humanitaria y servicios esenciales y productos que pueden salvar vidas. Esto ha desembocado en el colapso de las redes de agua y saneamiento, y de los sistemas de producción de alimentos y de salud de Gaza.
Desde octubre de 2023, Israel ha cometido actos prohibidos en la Convención sobre el Genocidio y lo ha hecho con la intención específica de destruir a la población palestina de Gaza. Así lo reconoce el informe de Amnistía Internacional, centrado en tres de los cinco actos prohibidos por la Convención que Israel ha cometido: la matanza de miembros de la población palestina de Gaza, la lesión grave a su integridad física o mental y el sometimiento intencional a condiciones de existencia que habrían de acarrear su destrucción física.
Este patrón general de conducta de Israel en Gaza, al que hay que añadir las declaraciones de funcionarios israelíes de alto nivel que exhiben intenciones genocidas y una creciente retórica deshumanizadora y racista contra palestinos y palestinas, sumado a un contexto de apartheid y una ocupación ilegal, proporcionan evidencia de la intención genocida de Israel.
Israel trata a la población palestina de Gaza como un grupo infrahumano que no merece derechos humanos ni dignidad, demostrando así su intención de causar su destrucción física.
Esta horrenda escala de asesinatos y destrucción debe servir de llamada de atención para todo el mundo y conducir a un cambio drástico en el papel que debe jugar la comunidad internacional.
Ayúdanos a llegar a 300.000
Firma y enviaremos esta petición en tu nombre a las autoridades de Israel.
Enviaremos esta petición junto con tu nombre, apellidos y país.
“Israel ha impuesto un bloqueo total a Gaza. No tendréis electricidad ni agua, sólo destrucción. Queréis el infierno: tendréis el infierno.”



Los Estados que siguen enviando armas a Israel, como por ejemplo Estados Unidos y algunos de la Unión Europea, corren el riesgo de ser cómplices de un genocidio. En lugar de seguir enviando armas deberían condenar las violaciones del derecho internacional por parte de las autoridades israelíes y cumplir con sus propias obligaciones jurídicas de ponerles fin.
El apoyo diplomático ininterrumpido de países como Estados Unidos o Alemania a Israel proporciona a este país una cobertura que lo blinda frente a la rendición de cuentas y el escrutinio internacional. Este respaldo y la impunidad facilitan los abusos contra los derechos humanos y los crímenes de guerra, y alimentan aún más el genocidio en Gaza.



“A veces teníamos que poner a cinco bebés recién nacidos y de pocos días en una incubadora y, como consecuencia de la propagación de infecciones, […] teníamos que decir a las madres que acunaran a sus bebés en el suelo.”