A pesar de algunos avances recientes, la mayoría de los países del mundo todavía no reconocen el matrimonio igualitario, es decir, entre personas del mismo sexo. Un logro imprescindible para afianzar los derechos las personas LGTBIQ+ y una vía para eliminar otras discriminaciones.
Poder casarse con la persona que quieres y ver reconocidos los derechos derivados de esa unión debería ser algo rutinario, y sin embargo es casi la excepción: solo una quinta parte de los países del mundo permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo. No se trata de una cuestión superficial o meramente simbólica, es una cuestión de derechos humanos.
Según la legislación internacional, denegar el derecho a casarse, basándose en el sexo de sus parejas, viola los derechos a la no discriminación, a la igualdad ante la ley y a casarse y formar una familia. Una postura que ha confirmado el Tribunal Europeo en base al artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Asimismo, el derecho de todas las personas adultas a unirse de forma voluntaria en matrimonio queda recogido en tratados como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
Pero además, para Amnistía Internacional el matrimonio igualitario tiene un impacto en otros derechos, como el acceso a salud, a la educación, a las pensiones… Y envía un mensaje a la sociedad en favor de la igualdad y en contra de cualquier tipo de discriminación hacia las personas LGTBIQ+.
Matrimonios, registros y prohibiciones
Aunque puedan existir diferencias en la aplicación de cada uno de ellos, podemos dividir el reconocimiento legal para parejas del mismo sexo en tres formas jurídicas principales.
Matrimonio igualitario. Se trata de la unión legal en condiciones de igualdad en relación al matrimonio de una pareja homosexual. De este modo, se permite poder adoptar de forma conjunta y se blindan los derechos patrimoniales, los relativos a las pensiones y cualquier otro que establezca la legislación de cada país.
En la actualidad, según la organización Equaldex, solo 38 países en todo el mundo presentan una legislación con matrimonio igualitario, si bien es cierto que ha sido en este primer cuarto del siglo XXI cuando ha sido aprobado en la inmensa mayoría de estos países. De hecho, España lo aprobó en 2005, y se convirtió así en el tercero en hacerlo, solo después de Países Bajos y Bélgica, cumpliendo este año el 20 aniversario de este importante hito del que más de 75.000 parejas se han beneficiado. Por regiones, este derecho ha quedado implantado en Europa occidental -a excepción de Italia-, Oceanía y buena parte de América.

Registros y uniones civiles. Ofrecen a las personas LGTBIQ+ algunas protecciones legales pero sin denominarlas matrimonio, y en muchas ocasiones no incluyendo algunos de los derechos que se derivan de esa unión, como pueden ser cuestiones como la adopción, la herencia o las pensiones. De acuerdo a la clasificación de Equaldex, más de 50 países se encontrarían en esta posición “intermedia”, entre ellos la citada Italia, Israel o Bolivia.
Por otra parte, existen otros casos que se asemejan a este tipo de uniones, como pueden ser los acuerdos de convivencia o parejas de hecho, tal y como se permiten en China; o el de aquellos países que reconocen los matrimonios si se han producido en el extranjero, como en el caso de Corea del Sur o Namibia.
Prohibición, invisibilidad, persecución
Mientras, en alrededor de un centenar de países, entre ellos algunos de los más poblados del mundo (India, Nigeria, Egipto, Indonesia), ni el matrimonio ni las uniones civiles están permitidas para las personas del mismo sexo. De hecho, en algunos casos, la legislación prohíbe explícitamente cualquier relación homosexual, y las sanciones pueden ir desde algunos meses de cárcel hasta la pena de muerte, pasando por castigos corporales como los latigazos. En este tercer grupo se incluirían la mayor parte de países africanos y asiáticos, así como algunos americanos como Perú, Venezuela o Nicaragua.

Belfast salió a las calles por la igualdad matrimonial en 2018. Amnistía Internacional estuvo —y sigue estando— en primera línea. © Brendan Harkin/Love Equality
Últimos avances y retrocesos
Como hemos visto, ha sido en los últimos 25 años cuando se han producido la mayor parte de avances en esta cuestión y el goteo, aunque sea lento, parece imparable. En 2024, Grecia y Tailandia fueron los últimos países en sumarse al grupo del matrimonio igualitario, además de que el país del sudeste asiático se convirtió en el primero en hacerlo en todo el continente.
Otros países han ampliado o consolidado este derecho en los últimos años, como Estados Unidos, Taiwán o República Checa. Por su parte, en Japón, aunque la legislación los sigue prohibiendo, el Tribunal Supremo de Tokio ha declarado la inconstitucionalidad de la prohibición del matrimonio a las personas del mismo sexo, por lo que se ha abierto una puerta para lograr este derecho.
Pero por desgracia, también se observan retrocesos. Como veíamos, muchos países prohíben, no ya el matrimonio, sino directamente cualquier relación homosexual, y en muchos crece la persecución. La plataforma ILGA ha denunciado la creación de “zonas libres de LGBT” en Polonia. Georgia parece que ha querido imitar a Rusia creando una ley contra la “propaganda LGBT” y ambos países limitan la libertad de asociación de estas personas. Mientras que en Uganda, de acuerdo a una ley de 2023, la homosexualidad está castigada con cadena perpetua o incluso la pena de muerte si se encuentran “agravantes”.
Así pues, vemos cómo los avances en el siglo XXI son claros e innegables. Sin embargo, seguimos muy lejos aún del día en que todas las personas puedan hacer algo tan básico como casarse con la persona que les dé la gana, es decir, tener el derecho de amar con todos los derechos, igual que las personas heterosexuales y las personas cisgénero.
