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Una historia de horror tan real como la vida misma

Carlos Escaño (@soligato), Responsable de campañas de Amnistía Internacional, 

En un lugar de España cuyo nombre algunas autoridades no quieren acordarse hay cientos de personas agotadas de mostrar su angustia, desesperación e indignación por el trato inhumano que están recibiendo.

Día tras día, desde hace meses, se ven obligadas a permanecer apelotonadas en un centro mientras atravesamos una terrible pandemia. Sin posibilidades de mantener una mínima distancia, ni siquiera en las horas de sueño; sin acceso a medidas para prevenir los contagios; sin que se atiendan las necesidades específicas de los grupos en situación de mayor vulnerabilidad: así se encuentran las personas migrantes en los Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETIs) de Melilla, en un limbo en el que ni pueden empezar una nueva vida ni pueden desplazarse a otro lugar donde intentarlo.

Se trata de una pesadilla que es la triste crónica de un contagio anunciado. Durante meses miles de voces, organizaciones e instituciones se hicieron eco del grito de auxilio de quienes se vieron obligadas a permanecer hacinadas cuando el mensaje institucional repetido hasta la saciedad fue respetar la distancia social y que nadie se iba a quedar atrás.

CETI

Es urgente el traslado y realojo en condiciones dignas de las personas migrantes y solicitantes de asilo en Melilla. © AI

¡Traslado urgente! ¡Traslado urgente y acogida digna!, se repetía una y otra vez en declaraciones, medios y redes. Pero esa petición dirigida incansablemente al Ministro de Interior era ignorada por un señor que pareciera impermeable al sufrimiento de estas personas y evasivo de su responsabilidad de autorizar los traslados a la península.

No se trata de un lugar lejano, solo está a unos 600 kilómetros de donde se encuentran las autoridades, que no parecen ser conscientes de que hace poco más de un mes se produjo el primer caso de COVID-19. Ese lugar donde se obliga a permanecer hacinadas a cientos de mujeres, niños y niñas, solicitantes de asilo, personas LGTBI. En total son más de 1.300 personas en un espacio para 780, incluyendo en el recuento de plazas unas carpas donde el suelo se encharca cuando llueve.

En situación de hacinamiento era inevitable que pasara lo que tantas veces había sido anunciado. En estos días van camino de llegar a cien los contagios, con otras cientos de personas que han sido contactos directos, todas ellas malviviendo en el mismo centro donde también se encuentran las que aún no han contraído la enfermedad. Ojalá que no se trate también de la crónica de una muerte anunciada.

Mientras las autoridades miran a otro lado, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados y la Organización Internacional de las Migraciones pide una respuesta urgente y coordinada ante las alarmantes condiciones de recepción de refugiados y migrantes en Melilla; la Comisaria de Derechos Humanos  del Consejo de Europa insta a las autoridades españolas a encontrar alternativas para acoger a las personas migrantes, incluidos solicitantes de asilo, que se encuentran en condiciones deficientes en Melilla; el Ilustre Colegio de Abogados de Melilla pide la descongestión "urgente" del CETI para que se garantice la seguridad y salud de los residentes y el Colegio de Médicos de Melilla hace una llamada de socorro denunciando que el CETI vive una situación epidemiológica inaceptable y viola los protocolos establecidos. También la Plataforma Infancia urge a Interior a trasladar a 143 niños del CETI Melilla, y la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales exige el traslado inmediato a la Península de las personas migrantes y refugiadas del colectivo LGTBI que allí se encuentran. Intermon Oxfam solicita el traslado a la Península y alerta de una tragedia como en Moria, al igual que Amnistía Internacional, que insiste una vez más: Es urgente el traslado y realojo en condiciones dignas de las personas migrantes y solicitantes de asilo en Melilla.

Ese lugar cuyo nombre hay autoridades políticas del que parece que no quieren acordarse, es, sin embargo, responsabilidad del Gobierno de España: su gestión y la vida de quienes allí permanecen también, así como su sufrimiento, condiciones indignas y riesgo de contraer la enfermedad.

Han pasado cuatro largos meses desde que se trasladara al último grupo a la Península. Cuatro meses para planificar, montar comisiones de estudio y re-evaluar la cuestión, hacer las gestiones necesarias y llevar a cabo todos lo pasos administrativos, burocráticos y demás dificultades que se hayan podido alegar. Ese tiempo se agotó hace mucho.

Ya no hay margen, y es tarde para todo el sufrimiento causado, pero aún se está a tiempo de evitar un desastre mayor.

Ministro Marlaska, es hora de firmar de una vez por todas esa autorización de traslado urgente.

Publicado originariamente en Público.