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Portada del libro Aliadas publicado por la editorial Capitán Swing

Portada del libro Aliadas publicado por la editorial Capitán Swing

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El poder del deporte: mantener a niños y niñas lejos de la calle y convertir sus sueños en realidad

Alberto Senante, Colaborador de Amnistía Internacional,
En Shatila, un barrio a las afueras de Beirut marcado por la guerra, la pobreza y la falta de oportunidades, un balón de baloncesto se ha convertido en mucho más que un juego. Hablamos con dos protagonistas de Aliadas, el libro de Txell Feixas que cuenta cómo un equipo de chicas está cambiando su destino y desafiando las reglas del entorno.

“Muchos días me pegan antes de salir a entrenar o a estudiar. Pero lo prefiero. Prefiero una paliza a quedarme encerrada”. Es una de las muchas frases demoledoras que se pueden leer en Aliadas. Las niñas de Shatila desafían las reglas del juego, de la periodista Txell Feixas y editado por Capitán Swing.

“Muchos días me pegan antes de salir a entrenar o a estudiar. Pero lo prefiero. Prefiero una paliza a quedarme encerrada.”

Extracto del libro Aliadas

Un libro donde el primer protagonista es Shatila, un barrio donde viven cerca de 40.000 personas amontonadas, de casas apiñadas, construidas unas encima de otras, y que apenas dejan verse el cielo. Pero donde lo más asfixiante son las normas sociales que presionan para que las niñas solo se dediquen a las tareas del hogar y para que casarse –lo antes posible– sea su único objetivo.

Ahí. donde se produjo una matanza en 1982 (que ahora solo parece un prólogo de la que vive en Gaza), donde la juventud está rodeada de drogas, armas y matrimonios forzados, es donde un padre y docenas de chicas han decidido combatir toda esa oscuridad, esa represión, a base de botes, pases, entradas a canasta y triples.

Jugadora palestina refugiada en Shatila posa en la cancha junto a su entrenador y una compañera, tras un partido de baloncesto que simboliza resistencia y sueños cumplidos.

El equipo de baloncesto femenino de Shatila ha abierto puertas impensables para sus jugadoras: competir fuera del barrio, ganar confianza y soñar con un futuro distinto. © Roser Gamonal

El cartel pone: A veces hemos cancelado los entrenamientos debido a las imágenes horribles que veíamos ese día en Gaza

Hablamos con Majdi Majzoub, fundador del Club Juvenil Palestina en Shatila, padre de una de las primeras jugadoras, y apodado como “El capitán”.
¿Por qué decidiste crear un equipo de baloncesto femenino Basket Beats Borders [Baloncesto que derriba fronteras] en Shatila?

Aprendí sobre el poder del deporte y creí que el deporte comunitario puede ser la herramienta más poderosa para lograr un cambio. Consigue mantener a los niños y niñas alejadas de los problemas de la calle y hace que sus sueños se hagan realidad.

¿Cuántos años llevas entrenando al equipo, y qué evolución ha tenido en este tiempo?

Hace más de 20 años que trabajo en el ámbito deportivo. En 2010 fundé el Club Juvenil Palestina de Shatila, convencido de que las niñas no solo deben tener un lugar en la sociedad, sino también el derecho a jugar y soñar. Dos años después nació nuestro equipo femenino de baloncesto. Desde entonces, entrenamos cada semana, creciendo juntas, fortaleciendo cuerpo y mente.

Pero lo que ocurre en la cancha es solo el comienzo: este equipo nos ha abierto puertas impensables, desde competir con clubes libaneses hasta viajar al extranjero y descubrir nuevos horizontes.

¿En qué ayuda jugar al baloncesto a las niñas y jóvenes de Shatila?

El deporte es muy beneficioso para todos, no solo para las chicas. Pero a ellas, en particular, les ofrece la oportunidad de salir de casa, jugar al aire libre, crear relaciones y viajar. Todo esto es muy beneficioso y les ayuda a desarrollar su vida futura. Especialmente porque la vida en Shatila es muy difícil y está llena de obstáculos y barreras que a veces ellas ni se dan cuenta de que existen.

El cartel pone: En Shatila, el baloncesto no es solo un deporte: es una forma de resistir y de soñar.”

¿Cómo os está afectando lo que sucede en Gaza actualmente?

La situación en Gaza, francamente, afecta a todo el mundo, ya que todos estamos siendo testigos de una matanza, de una destrucción y una hambruna sin precedentes en la historia. Nosotros, como palestinos, estamos más preocupados que otros, y es natural que nos afecte y duela profundamente. A veces hemos cancelado los entrenamientos debido a las imágenes horribles que veíamos ese día y al impacto psicológico que tiene en nosotros.

Hoy, como deportistas, sentimos la responsabilidad de alzar la voz para detener la guerra y el hambre que golpean a nuestro pueblo. Lo hacemos apoyando desde los medios de comunicación y sumando presión para que se ponga fin a la violencia.

Lo más importante es que nuestras voces no se pierdan en el silencio, sino que viajen lejos, gracias a la solidaridad de nuestros amigos en Europa que caminan a nuestro lado.

¿Cuál sería para ti la mejor cosa que les puede pasar a tus jugadoras?

Para ellas, cada jugadora tiene sus propias aspiraciones y quiere alcanzarlas a través del deporte. Para mí y mi equipo, hemos hecho realidad muchos de sus sueños, como desarrollarse dentro de una comunidad, jugar partidos lejos del barrio, construir su confianza y forjar su carácter, dar seguimiento a su educación hasta que se gradúan en la universidad o incluso viajar al extranjero.

Hoy ya ves a cada niña como una líder en sí misma, capaz de guiar a un gran grupo en la sociedad. Esto es exactamente lo que queremos con nuestro proyecto, nuestro lema es: “niñas valientes liderando la sociedad para un futuro mejor”.

Jóvenes refugiadas palestinas del equipo femenino de baloncesto de Shatila posan juntas para un selfie, símbolo de empoderamiento y comunidad en el deporte.

Las jugadoras del equipo femenino de baloncesto de Shatila celebran su unión y amistad dentro y fuera de la cancha, demostrando que el deporte también es resistencia. © Roser Gamonal

Cartel que pone: "La primera dificultad que tenemos es que no tenemos una cancha adecuada, nos faltan buenas equipaciones pero sobre todo es el juicio social"

Hablamos con Marwa Iskandarani, de 24 años y de origen palestino. Trabaja como profesora de inglés en una escuela de educación infantil y desde hace 5 años participa “orgullosamente” en el equipo Basket Beats Borders.
¿Cómo es tu vida, tu día a día, en el campo de Shatila?

La vida en Shatila es difícil. La rutina diaria implica recorrer calles abarrotadas, lidiar con cortes de electricidad y vivir en espacios reducidos. A pesar de estas dificultades, voy a la escuela, ayudo en casa y disfruto entrenando con mi equipo de baloncesto.

¿Qué problemas enfrentan las personas de tu edad?

Nos enfrentamos a oportunidades limitadas de educación y empleo, lo que hace que muchas personas se sientan atrapadas. También hay presión social y falta de motivación, lo que dificulta aspirar a algo que vaya más allá de nuestras circunstancias y de las limitaciones que nos encontramos.

¿Y las chicas en particular?

Las chicas tenemos que afrontar muchas prohibiciones y restricciones adicionales, como menos libertad y más tareas domésticas. A menudo nos dicen que no debemos hacer deporte o ninguna otra actividad fuera del hogar, pero nosotras nos esforzamos por superar estas barreras cada día.

¿Qué significa para ti pertenecer a un equipo de baloncesto?

Formar parte de este equipo me da poder. Me da un sentido de pertenencia, refuerza mi confianza y me ofrece una comunidad donde apoyarme y que además cree en mi potencial.

¿En qué consisten las sesiones de entrenamiento? ¿Podéis jugar contra otros equipos?

Entrenamos varias veces a la semana, hacemos calentamiento, ejercicios técnicos, trabajo en equipo y tácticas. Y sí, de vez en cuando tenemos la oportunidad de competir contra otros equipos. Nos motiva mucho y para nosotras es muy emocionante.

¿Qué oposición o dificultades encuentras para practicar este deporte?

Pues, en primer lugar, la primera dificultad está en que no tenemos una cancha adecuada, nos faltan también buenas equipaciones. Pero sobre todo, el mayor obstáculo es el juicio social que hay sobre la participación de las chicas en el deporte. Pero a pesar de todo esto, nuestra pasión nos mantiene motivadas.

Las jugadoras palestinas refugiadas en Shatila sonríen y levantan los brazos durante un partido de baloncesto, reflejando fuerza, ilusión y empoderamiento femenino.

Con cada entrenamiento, las niñas y jóvenes de Shatila encuentran en el baloncesto un espacio de alegría, libertad y esperanza frente a la adversidad. © Roser Gamonal

El cartel pone: "quiero seguir practicando deporte, inspirar a otras personas y animar a las chicas jóvenes a creer en sí mismas y a perseguir sus pasiones"

¿Por qué decidiste unirte al equipo?

Me uní por mi amor al baloncesto y por la oportunidad de desarrollarme en un entorno seguro, donde nos apoyamos unas a otras.

¿Qué información os llega de Gaza y cómo os afecta?

Estamos informadas a través de los informativos y de las historias que nos cuentas nuestros familiares y amigos. La situación es descorazonadora pero nos da fuerzas y determinación para luchar por nuestros derechos y dignidad.

¿Cuáles son tus sueños en la vida en general y como jugadora de baloncesto en particular?

Pues aspiro a trabajar en mi ámbito profesional para el que me he formado, ya que tengo un máster en Gestión Educativa. Mi objetivo es generar un impacto positivo en el sistema educativo y apoyar el crecimiento de los y las estudiantes. Al mismo tiempo, quiero seguir practicando deporte, inspirar a otras personas y animar a las chicas jóvenes a creer en sí mismas y a perseguir sus pasiones, ya sea en su educación o en el baloncesto.

¿Qué partido te gustaría ver o jugar al menos una vez en tu vida?

Me encantaría ver un partido de la WNBA en directo, o mejor aún, jugar en uno... Sería un sueño hecho realidad.

El baloncesto en Shatila es mucho más que un deporte: es un acto de resistencia, un espacio de libertad y una chispa de esperanza en medio de la adversidad. Cada bote de balón es un desafío a la violencia, la pobreza y la discriminación. Cada partido, un recordatorio de que los sueños también tienen derecho a existir.

En Amnistía Internacional trabajamos para que ninguna niña, en Shatila o en cualquier lugar del mundo, vea limitado su futuro por la guerra, la desigualdad o los prejuicios. Defendemos su derecho a jugar, a estudiar, a expresarse y a vivir con dignidad.

 

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