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Ilustración de Aylan Kurdi, niño refugiado sirio fallecido en 2015 en la costa de Turquía.

La imagen de Aylan Kurdi, niño sirio hallado muerto en una playa de Turquía en 2015, se convirtió en símbolo del drama de las personas refugiadas.

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Diez años después de Aylan Kurdi: 30.000 muertes en el Mediterráneo y una Europa que sigue fallando

  • Hace diez años Aylan Kurdi apareció muerto en una playa de Turquía el 2 de septiembre de 2015. Aylan era solo una de las miles de personas de todo el mundo que murieron ese año mientras huían del conflicto y la persecución. En una sucesión de dolorosas tragedias, sus cadáveres fueron arrastrados hacia las costas o desaparecieron para siempre en las profundidades del mar Mediterráneo.
Carlos Escaño, Responsable de Campañas temáticas de Derechos Humanos en España,

La imagen sacudió al mundo, impulsando una movilización ciudadana por la acogida de población refugiada siria. Iniciativas internacionales como la de Refugees Welcome, en España con Queremos Acoger Ya o la campaña mundial Yo Acojo de Amnistía Internacional, presionaron para que líderes políticos se pronunciaran en favor de una acogida digna.

Diez años después de Aylan Kurdi: promesas incumplidas en Europa

Los Estados miembro de la Unión Europea se comprometieron a ser el hogar para al menos el 10% de las 1.300.000 personas refugiadas que se encontraban en situación más vulnerable. Destacó el caso de Alemania, que abrió sus puertas a cientos de miles de solicitantes de asilo. En cambio España se comprometió a recibir 17.337 personas refugiadas, y cuando culminó el periodo acordado a los dos años no se habían acogido ni a 2.000.

Seis meses después de la muerte de Aylan llegó el acuerdo de la Unión Europea-Turquía, por el que Turquía recibiría 6.000 millones de euros para atender a la inmensa comunidad refugiada en el país. Este acuerdo causó el abandono de miles de personas en condiciones terribles en Grecia o la devolución de otros lugares a través de la frontera turca con Siria.

“Diez años después de Aylan Kurdi, más de 30.000 personas han muerto o desaparecido en el Mediterráneo. Europa sigue fallando a quienes buscan protección”

 

Externalización y criminalización de la solidaridad

En todos estos diez años la UE y sus Estados miembros han persistido en sus planes de externalizar a otros países sus responsabilidades respecto al asilo, por mucho que se han criticado, condenado y rechazado por las vulneraciones de derechos humanos que implican. Y se criminalizó la solidaridad, amenazando, difamando, intimidando, hostigando y castigando en los tribunales a personas que prestaban ayuda a población refugiada y migrante, simplemente por el hecho de ayudar a quienes lo necesitaban.

Una década después denunciamos que las reformas del Pacto Europeo sobre Migración y Asilo provocará un mayor sufrimiento y pondrá a más personas en peligro de sufrir violaciones de derechos humanos en cada paso de su trayecto. Denunciamos los discursos racistas, xenófobos y de odio hacia las personas migrantes y refugiadas, así como la persecución de quienes actúan en solidaridad con quienes desempeñan las misiones de salvamento y rescate que no realizan las autoridades. Es el caso de Open Arms, afectada hace pocos días nuevamente por unas declaraciones inaceptables.

“La solución no pasa por muros ni devoluciones, sino por vías legales y seguras que pongan en el centro la dignidad humana.”

Tripulación de Sea-Eye rescata a 17 personas migrantes y refugiadas de una embarcación de madera en el Mediterráneo central.

Rescate de personas migrantes y refugiadas en el mar Mediterráneo central por la tripulación de Sea-Eye. © Alexander Draheim/Sea-Eye

30.000 muertes en el Mediterráneo: la urgencia de vías legales y seguras

Parece que no hemos aprendido nada en estos años. Recientemente manifestábamos nuestra preocupación por el hecho de que Grecia aprobara la suspensión del sistema de asilo durante tres meses para todas aquellas personas migrantes y refugiadas que llegan por mar desde África, así como su devolución inmediata al país de origen. Grecia, ese país que vio bien de cerca todas esas llegadas y esas muertes en 2015.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), diez años después, son más de 30.000 las personas fallecidas o desaparecidas en su intento de llegar a Europa por mar. Cada vida tiene un nombre y una historia, naufragada ante una Europa Fortaleza que cada día renuncia con mayor ahínco a sus valores fundacionales: dignidad humana, libertad, igualdad y derechos humanos.

Ya ha quedado demostrado que primar las políticas de externalización y el control de fronteras solo provoca más sufrimiento y muerte. La solución pasa por poner en el centro a las personas y que los Estados asuman la responsabilidad de abordar las causas que provocan los desplazamientos forzados, tales como el cambio climático, el negocio de exportación de armas que alimenta los conflictos y el expolio de recursos naturales. Además, es fundamental que los Estados garanticen vías legales y seguras, pongan fin a las devoluciones ilegales y acojan dignamente a las personas que llegan a nuestras fronteras.

 

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