Amnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsCovid IconsCovid IconsCovid IconsCovid IconsCovid IconsCovid Icons
Actuamos por los derechos humanos
en todo el mundo

Las reivindicaciones de un veterano activista, reflejo de la nueva Siria

Anwar al Bunni pasó cinco años en el "pabellón de los asesinos" con delincuentes convictos. © Particular

Londres.- Hace dos meses, cuando el destacado abogado sirio de derechos humanos Anwar al Bunni pisó por fin las calles de Damasco tras cumplir una condena de cinco años de prisión, entró en un mundo distinto.

A nivel personal, se había acabado por fin la pesadilla de su vida en prisión —un preso de conciencia entre delincuentes convictos viviendo con el temor de ser agredido tanto por los reclusos como por los guardias—. Sin embargo, en un sentido más amplio, las protestas populares que habían estallado dos meses antes implicaban que Siria había sufrido una transformación. Tanto él como otros defensores de los derechos humanos ya no se sentían solos.

“En el pasado, únicamente unos pocos nos atrevíamos a pedir libertad y derechos humanos”,  ha dicho a Amnistía Internacional. “Solíamos sentirnos aislados, ya que la mayoría de las personas nos evitaban, por temor a las represalias de las autoridades. Tras mi puesta en libertad, me he dado cuenta de que mis reivindicaciones se han convertido en las reivindicaciones de todo el pueblo sirio.”

Mientras estaba encarcelado, también recibió el reconocimiento internacional, al ser galardonado con el Premio Front Line para defensores de los derechos humanos. Sin embargo, por ese reconocimiento, tanto en su país como en el extranjero, ha pagado un alto precio personal. Anwar al Bunni ha sido objeto de diversas formas de hostigamiento, entre las que se incluyen tener que enfrentarse a medidas disciplinarias impuestas por el Colegio de Abogados de Damasco y la prohibición de viajar a otros países.

En 2006 fue detenido por ser uno de los aproximadamente 300 ciudadanos sirios y libaneses que firmaron una petición en la que pedían que se normalizasen las relaciones entre Siria y Líbano. Un año más tarde fue encarcelado durante cinco años acusado de “difundir información falsa perjudicial para el Estado” después de hablar públicamente del caso de un preso que murió mientras se encontraba recluido a consecuencia de la tortura y otros malos tratos infligidos.

En vez de ser encarcelado con presos de conciencia de convicciones afines, Anwar al Bunni cumplió toda la condena en el denominado “pabellón de los asesinos” de la prisión de Adra, donde se hacinaba en una celda con delincuentes convictos, entre los que había algunos condenados a muerte. Además, la amenaza de la violencia siempre acechaba.   “He pasado la mayor parte de mi condena de cinco años preocupado constantemente por que otros presos pudiesen agredirme, en especial, porque ya había sido agredido con anterioridad por otros reclusos presionados por la administración.”  Los guardias también lo golpearon y lo humillaron, hasta el punto de afeitarle la cabeza y obligarlo a caminar a cuatro patas.

Pero Anwar al Bunni no se ha acobardado. Desde su puesta en libertad, ha vuelto a ejercer de abogado, representando en los tribunales a manifestantes detenidos, escribiendo artículos sobre cómo se podría reformar el sistema político sirio e investigando las violaciones de derechos humanos cometidas contra algunos de los miles de sirios detenidos tras las últimas manifestaciones. “Muchas personas permanecen recluidas en condiciones inhumanas en las que el uso de la tortura está muy extendido.” Hace poco habló con un preso puesto en libertad recientemente que había estado encarcelado en una celda de cuatro metros cuadrados con otros 200 presos.

Por lo que respecta a lo que el gobierno sirio ha anunciado como reformas en respuesta a las multitudinarias protestas, como el levantamiento del estado de excepción que lleva vigente 48 años, Anwar al Bunni afirma que no han conseguido transformar la realidad sobre el terreno. Por el contrario, asegura, las autoridades han introducido nuevas medidas para legalizar las detenciones masivas y prorrogar la reclusión en régimen de incomunicación de cuatro días, periodo máximo que contempla la ley, a 60.  “Desde un punto de vista legal —señala— la situación ha empeorado.”  

A nivel personal, su esposa y él se encuentran entre los muchos sirios que siguen sin poder viajar a otros países, pese al reciente anuncio oficial de que estas prohibiciones se levantarían. Además, durante los próximos siete años no podrá votar ni presentarse a las elecciones, trabajar en el sector público ni dedicarse a editar o dirigir ninguna publicación.

Sin embargo, para Anwar al Bunni la respuesta que ha recibido por parte de sus conciudadanos hace que haya valido la pena. “Al contrario de lo que sucedía antes, ahora la gente muestra abiertamente su solidaridad conmigo y su respeto por todo lo que he hecho”, ha declarado.  “¡Resulta muy gratificante sentir que de verdad has dado algo a los demás, que reconocen y aprecian lo que has hecho!”

También ha dado las gracias a Amnistía Internacional por el apoyo recibido durante los duros días que pasó encarcelado. No recibió las cartas que le envió la organización, pero supo de ellas a través de su esposa: “Os lo agradezco mucho y para mí es como si hubiese recibido las cartas en persona”.

Logo de Whatsapp

Sigue la actualidad en derechos humanos en nuestro canal de WhatsApp

Contigo somos independientes

Amnistía Internacional lo forman personas que defienden una humanidad justa y libre alrededor del mundo. Personas como tú, que creen en nuestro trabajo. Por eso, si tú también defiendes los derechos humanos, te necesitamos para seguir siendo independientes. Puedes hacerlo desde aquí en menos de un minuto, con cuotas a partir de 4 € al mes.

Nos mantenemos firmes con nuestros principios: no aceptamos ni una sola subvención de ningún gobierno, ni donaciones de partidos políticos.

Haz posible nuestra independencia.