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Las niñas de Nicaragua dan las gracias a Amnistía Internacional

Con motivo de la visita de una delegación de Amnistía Internacional a Nicaragua para reunirse con los candidatos a la presidencia del país, Esteban Beltrán, director de la Sección española de la organización nos ha hecho llegar el agradecimiento de las niñas de Nicaragua que fueron objeto de nuestras movilizaciones y ha compartido con nosotros su experiencia. A finales de 2010, Amnistía Internacional lanzó el informe Escucha sus voces y actúa para denunciar que la violación y los abusos sexuales son delitos generalizados en Nicaragua y que la mayoría de las víctimas son jóvenes, principalmente niñas. Sólo durante los actos de movilización que se llevaron a cabo en el mes de marzo de 2011 se recopilaron 13.000 mensajes de apoyo y 62.000 firmas para pedir al gobierno nicaragüense que respete los derechos humanos de las menores. También se regalaron diarios a las niñas como muestra de solidaridad. En el vídeo que mostramos, 15 niñas de la Alianza de Centros de Mujeres, una red de 31 centros de mujeres en Nicaragua, incluidos los que ofrecen apoyo psicosocial y jurídico a víctimas de violencia de género y abuso sexual, agradecen a Amnistía Internacional su solidaridad.

ERAN GIGANTES AUNQUE FUERAN NIÑAS

Esteban Beltran, Director de Amnistía Internacional España   Una niña de cuatro años bailaba con su traje de princesa, una adolescente te enseñaba como se había pintado las uñas de color morado fantasía, otra te recitaba en voz alta, orgullosa, un poema sobre la libertad que había escrito en su diario. Todas ellas, al final de la reunión de Amnistía Internacional con sobrevivientes de violencia sexual en Nicaragua, habían regresado a lo que siempre debieron ser; niñas.   Y eran niñas de nuevo porque ya no se sentían, al menos en ese preciso instante, solas para siempre ni estigmatizadas de por vida por funcionarios públicos o familiares o amigas por haber sido violadas.   Empezamos a hablar nosotros, les contamos que miles y miles de personas, sin conocerlas, conmovidas por su indefensión, por su coraje para emprender una vida sin miedo, les mandaban miles de mensajes para que se supieran acompañadas, miles de firmas para conseguir que el Presidente de la República, Daniel Ortega, permitiera que ellas eligieran, sin coacción, si querían o no tener un niño después de ser violadas.   En público solo habló una de las niñas; Estefany (nombre figurado) y dijo que se sentía ahora fuerte para indignarse por el hecho de que su agresor andara libre, pero todas ellas, las más mayores en sus diarios, en dibujos de mariposas las más pequeñas, escribía algunas frases repetidas; quiero justicia, quiero sentirme libre, no tengo miedo ahora.   Apenas tienen lugar donde esconderse; solo hay tres refugios en todo Nicaragua para niñas víctimas de violencia. Padecen leyes que, por ejemplo, les impiden decidir abortar si han sido violadas, e incluso, una mujer, Fátima Hernández, en una reciente sentencia de la Corte Suprema, ha visto que la pena a su agresor ha sido reducida porque ella también es, al final, sospechosa de haber “consentido” las relaciones con su violador.   Hoy eran gigantes aunque fueran niñas. En un día más llevaremos sus palabras y su afán de justicia a todos los candidatos a Presidente de la República, en Nicaragua.
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