Sujetos con correas a los costados de un caballo, Alan Mohammad, de 30 años, y su hermana Gyan, de 28, cruzaron las escarpadas montañas que separan Irak de Turquía el pasado mes de febrero. Su hermana menor caminaba delante, guiando el caballo. Su madre, su hermano y otra hermana menor iban detrás, empujando las pesadas sillas de ruedas por el empinado camino sin pavimentar.
Alan y Gyan son maestros y sufren distrofia muscular desde su nacimiento. La movilidad ha sido siempre difícil para ellos, pero cuando las bombas y los morteros del grupo armado autodenominado Estado Islámico hicieron estremecer su casa en Hasaka, en el noreste de Siria, la familia supo que había llegado la hora de partir. Pero ¿a dónde podían ir?Nos contaron que en tres ocasiones intentaron cruzar la frontera con Turquía, pero en todas ellas la policía turca les disparó. Entonces intentaron una ruta de escape distinta, cruzando la frontera con Irak. La familia se quedó en Irak durante un año y medio, pero cuando el Estado Islámico comenzó a aproximarse se vieron obligados a huir de nuevo. Desde allí su padre continuó con la hermana de menor edad, y finalmente llegaron a Alemania.“Sujetos con correas a los costados de un caballo, Alan Mohammad y su hermana Gyan cruzaron las escarpadas montañas que separan Irak de Turquía el pasado mes de febrero.”Mónica Costa Riba
Alan, sin su silla de ruedas, sujetado con correas a los costados de un caballo. © Private
No tuvieron otra opción que dejar las sillas de ruedas en tierra, y con la ayuda de su familia se metieron en el barco abarrotado. Poco después de hacerse a la mar, el motor resopló y se paró, dejándolos a la deriva en aguas turcas. "Fue aterrador. Estuvimos en el agua unas cuatro horas", recuerda Alan. "Cada vez que miraba a mi alrededor veía niños y bebés llorando. [...] Mi madre se mareó y en un momento dado mi hermana me dijo que no aguantaba más". Por fin, algunas de las personas que viajaban en el barco lograron arrancar de nuevo el motor y continuaron el viaje. Los rescató finalmente la guardia costera griega, que los llevó a la isla de Quíos, donde proporcionaron sillas de ruedas a Alan y Gyan.“Para la gente "normal" ya es muy difícil. Pero, para las personas con discapacidad, es un milagro.”Alan Mohammad
Cruzar la frontera es una heroicidad para las personas con discapacidad. © Private
Pero, a pesar de estas dificultades, Alan sigue siendo positivo. Enseña inglés en un aula improvisada en una tienda de campaña facilitada por las ONG, donde el alegre entusiasmo de los niños contrasta vivamente con las deplorables condiciones del campo. El cierre de la llamada ruta de los Balcanes hacia el norte de Europa y la inacción de los líderes europeos a la hora de reasentar a las personas refugiadas ha dejado varadas en Grecia a casi 60.000 personas refugiadas y migrantes, que viven en un estado de miedo e incertidumbre constantes. También ha significado que Alan y su familia permanecerán separados de su padre y su hermana menor durante un periodo indeterminado. Pero Alan sigue albergando la esperanza de que las cosas cambiarán. "Aquí tenemos médicos y profesores. Abandonamos nuestro país a causa de la guerra", dice. "A la gente de Europa que desea dar la bienvenida a los refugiados, quiero decirle: gracias. Y al resto: no tengan miedo".Este artículo fue publicado originalmente por CNN.“A la gente de Europa que desea dar la bienvenida a las personas refugiadas, quiero decirle: gracias. Y al resto: no tengan miedo”Alan Mohammad
