Una mujer con un pañuelo blanco en la cabeza canta en farsi. A su canto pronto se le unen otras mujeres sentadas alrededor de una mesa de madera. Una colorida manta cuelga de la pared a su espalda, y una puerta blanca con contraventanas verdes da a una terraza llena de plantas verdes y exuberantes. Los pájaros trinan con fuerza al fondo.
Si cerramos los ojos, cuesta creer que estamos en un edificio en el centro de la capital griega, Atenas. Hay un fuerte contraste con los campos de personas refugiadas de la ciudad o sus cercanías, en los que miles de personas viven con dificultades e incertidumbre después de que los Estados europeos hayan cerrado sus fronteras. Por suerte, Grecia está también lleno de corazones bondadosos y personas que hacen cuanto pueden por tratar a las personas refugiadas con dignidad y atención.Empoderamiento y dignidad
A lo largo de dos plantas decoradas con arte y dibujos, la organización Melissa ofrece refugio seguro a las mujeres que tratan de labrarse una nueva vida en un lugar extraño. La organización está dirigida por una red de mujeres migrantes que proporcionan talleres y cursos a otras mujeres migrantes y refugiadas. Su objetivo principal es empoderarlas para que se hagan con el control de su propia vida. “Melissa significa abeja en griego. La cuestión era usarlo como metáfora para las mujeres migrantes que llegan a Grecia desde todas las partes del mundo, trayendo consigo historias de sufrimiento pero también ideas, conocimientos, talento y esperanzas de futuro, y todas las cosas que contribuyen a crear el tejido social de esta sociedad”, ha declarado Nadina Christopoulou, antropóloga griega y una de las cofundadoras de Melissa. La idea surgió hace muchos años, después de un amplio trabajo de campo con comunidades migrantes. La inauguración oficial del centro de día de la Red Melissa en 2015 coincidió con la escalada de la situación de las personas refugiadas en Europa. “La respuesta inmediata fue implicarse activamente en los esfuerzos humanitarios”, dice Nadina. “Cuando se cerraron las fronteras, nos dimos cuenta de que los refugiados de hoy serían nuestros vecinos de mañana”.Generar confianza
Ahora el centro ofrece una vía de integración que consiste en ayuda para la alfabetización, apoyo psicosocial, información, y actividades artísticas y creativas, entre otras cosas. Todo se basa en la idea de generar confianza y un sentimiento de comunidad. “Para nosotras era importante no basarnos en la noción de mujer refugiada como víctima y como recipiente pasivo de servicios, sino como agente activo de cambio”, dice Nadina.Taller de Amnistía
Recientemente, Amnistía Internacional celebró dos talleres en Melissa. Su finalidad era debatir con las mujeres que visitan el centro sobre lo que las hace sentir seguras en un país extranjero y cómo pueden defender sus propias demandas. “Aprendimos mucho de las mujeres, y vimos de primera mano cuánto pueden empoderar iniciativas como Melissa. Estas mujeres no son víctimas indefensas; evidentemente han sufrido, pero tienen ideas claras sobre lo que quieren y lo que necesitan. Además, no tienen miedo de reclamar lo que les hace falta si surge la oportunidad”, ha manifestado Irem Arf, investigadora de Amnistía Internacional. “Me siento muy segura”. Una mujer que vivió en uno de los campos de Elliniko, en Atenas, antes de su evacuación el 2 de junio, contó a Amnistía que tomaba el autobús para ir a Melissa todos los días. “Tengo muchos problemas pero, cuando vengo a Melissa, me siento mucho mejor”, dijo. La mayoría de las mujeres que acuden a Melissa viven en campos de refugiados o en otros alojamientos proporcionados por el ACNUR y otras organizaciones.
Marzia, de 16 años, de Afganistán, asiste regularmente a clases de inglés en Melissa. © Amnistía Internacional Noruega
Traumas y ansiedad
Las mujeres y los niños y niñas han dibujado peces en los que han escrito sus esperanzas y deseos. © Amnistía Internacional
Mujeres fuertes
Nadina no puede hacer suficiente hincapié en lo que la maravillan las mujeres que acuden a Melissa. “Estas mujeres son excepcionalmente inteligentes, serenas y maduras. Han pasado por muchísimas dificultades, pero tienen muchísimas ideas sobre su futuro. Muchísimas esperanzas, muchísimas ilusiones. Nos damos cuenta de que estas son oportunidades que nunca habrían tenido si hubieran permanecido en sus países”, cuenta. Para Nadina, su actividad favorita en Melissa es su taller semanal de poesía. “Ver a estas mujeres jóvenes sentadas en torno a la mesa escribiendo y recitando sus poemas, expresando sus deseos para el futuro, su deseo de labrarse una vida, de tener una educación, de sentir que controlan su propia vida.... es un momento maravilloso. Pero lo que te recuerda es que emprendieron su viaje porque, de lo contrario, no tenían perspectivas de vida”.