El buque español Cantabria desembarcó el domingo pasado en la ciudad italiana de Salerno los cadáveres de 26 mujeres y de varios cientos de personas migrantes y refugiadas rescatadas en el Mediterráneo. Las mujeres fallecidas son de nacionalidad nigeriana y menores de 18 años a tenor de las autoridades italianas. Existen sospechas de que pudieron haber sido abusadas sexualmente. Los cuerpos serán sometidos a exámenes forenses.
Amnistía Internacional lleva mucho tiempo denunciando y documentando como en países como Libia las personas refugiadas y migrantes son víctimas de violaciones sexuales, torturas y secuestros a manos de traficantes y contrabandistas, a la vez que sufren la explotación, persecución religiosa y otros abusos de grupos armados y bandas de delincuentes. En el documento, titulado ‘Libya is full of cruelty’: Stories of abduction, sexual violence and abuse from migrants and refugees, se describe todo el horror y el padecimiento al que se enfrentan estas personas en Libia, muchas de las cuales se ven impulsadas a embarcarse en una peligrosa travesía marítima, poniendo en riesgo sus vidas, en un intento desesperado por refugiarse en Europa. Las mujeres, en concreto, corren grave riesgo de ser violadas o sometidas a abusos sexuales por los traficantes y por bandas de delincuentes. Las mujeres que son secuestradas a lo largo de la ruta de los traficantes y no pueden pagar el rescate son a veces forzadas a mantener relaciones sexuales a cambio de su liberación o para poder proseguir su viaje.
Mujer superviviente rescatada en el Mediterráneo. © Michele Amoruso / IPA
Antoinette, de 28 años y procedente de Camerún, dijo de los tratantes que la mantuvieron cautiva en abril de 2016: “No les importa si eres una mujer o una niña [...] Utilizaban palos [para golpearnos] y disparaban al aire. A mí no me violaron, quizá porque tenía un hijo, pero violaron a mujeres embarazadas y a mujeres solteras. Vi cómo sucedía”. Durante años, Libia ha sido un país tanto de destino como de tránsito para personas refugiadas y migrantes del África subsahariana y de Oriente Medio que huyen de la pobreza, de los conflictos o de la persecución. Muchas de ellas se dirigen a Libia con la esperanza de llegar a Europa. Sin embargo, el recrudecimiento de la anarquía y de las amenazas de los grupos armados han agravado los riesgos a los que se exponen.“Los guardias bebían y fumaban hachís [cannabis], y luego venían, elegían qué mujeres querían, y se las llevaban fuera. Las mujeres trataban de negarse pero, cuando te están apuntando con un arma a la cabeza, no tienes elección si quieres sobrevivir. A mí me violaron dos veces tres hombres [...] No quería perder la vida””Ramya, de 22 años, procedente de Eritrea
