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Foto de grupo de algunas de las 14 mujeres contra el facismo. © Grzegorz Zukowski

El día en que se hizo justicia

Por Catrinel Motoc (@CatrinelMotoc), encargada de campañas de Amnistía Internacional, 

Estoy sentada en un juzgado de Varsovia, con el corazón en vilo, porque el juez ha suspendido la sesión durante 10 minutos antes de dictar sentencia.

Esperamos. Hay una mezcla de esperanza y nerviosismo en todo el mundo. De nuevo en la sala, el juez comienza a hablar. No hablo polaco, así que no sé lo que dice. Aparte de su voz, no se escucha nada, como si todo el mundo estuviera conteniendo la respiración.

Llegue hace unos días, creyendo que iba a asistir a una de tantas vistas de las varias que iban a celebrarse en la causa abierta contra 14 mujeres que se opusieron al fascismo en Polonia en 2017. Pero ahora parece que esta va a ser la más importante de todas. En esta vista se decide si son culpables de obstaculizar una reunión legal, simplemente por protestar contra el odio. Hace ya casi un año que me reuní por primera vez a este grupo de mujeres valientes. Me explicaron con paciencia los detalles de la inolvidable tarde de noviembre en que tomaron postura contra el fascismo.

Fue el 11 de noviembre de 2017, cuando se celebraba el desfile del Día de la Independencia en Varsovia. Desde hace ya años, este acto anual, organizado aparentemente para celebrar la independencia de Polonia, se ve empañado por la presencia de grupos nacionalistas que, exhibiendo símbolos racistas y fascistas, propugnan que “Europa será blanca o quedará desierta”, mientras marchan con antorchas y disparan petardos por las calles de Varsovia. En 2017, estas mujeres decidieron que era hora de hacer algo.

Desplegaron una pancarta que rezaba “Alto al fascismo”, pero su protesta pacífica provocó la ira de los participantes en la marcha. Hay imágenes de vídeo que muestran a gente dándoles patadas, escupiéndoles y gritándoles. Las llamaron “zorras”, “canallas de izquierdas” y “rameras”; las empujaron; las agarraron del cuello, y las tiraron al suelo, causándoles contusiones y cortes. Una de las mujeres perdió el conocimiento cuando la tiraron al suelo, y necesitó atención médica.

Las autoridades cerraron al principio la investigación sobre las agresiones con una excusa absurda, pero, tras interponer las mujeres un recurso en febrero de 2019, un juez ordenó reabrirla. Sin embargo, para echar más leña al fuego, se acusó a las mujeres de obstaculizar una reunión ilegal y se las multó.  Así es como comenzó su batalla por la justicia.

Era una lucha no sólo por ellas mismas, sino también por los centenares, si no miles, de manifestantes que han corrido la misma suerte tras denunciar violaciones de derechos humanos en concentraciones organizadas por toda Polonia.

Y aquí estamos ahora, en este juzgado de Varsovia, casi dos años después. A la una de la tarde han comparecido ante el juez algunas de las mujeres.

Luego han llamado a dos testigos: un agente de policía y un miembro de los equipos de vigilancia del desfile. Reconozco en sus palabras detalles de la noche en cuestión: la agresión sufrida por las mujeres, las patadas, los insultos, la llegada de la policía sólo cuando la llamaron las propias mujeres, la ambulancia al atender a una de ellas cuando perdió el conocimiento, las mujeres intentando denunciar la violencia contra ellas para acabar siendo acusadas en vez de víctimas.

Miro a la mujeres y veo una mezcla de valentía y nerviosismo en sus rostros. Pero, ¿quién no siente lo mismo? Nos preguntamos cómo acabará este asunto.

Mientras el abogado defensor hacía su alegato, me he acordado de lo que me dijo hace un año: “No puedo creer que en Varsovia, una ciudad que durante el Levantamiento [en 1944] fue reducida a escombros por los fascistas, se produzca una situación en que los fascistas desfilen por el centro y se declare culpable a alguien por intentar pararlos”.

Una a una, las mujeres se han levantado, han dicho su nombre completo y han manifestado con orgullo que quieren ser declaradas “inocentes”. Kinga, la última en hablar, ha explicado con toda claridad y de manera muy emotiva lo que la llevó a enfrentarse al odio aquella noche: “Mi abuelo resultó herido en la batalla del 39 [...] Mi madre estuvo en el Levantamiento [...] Mi padrastro era del Ejército Nacional en Kielce […] Mi abuela trabajaba en un hospital. Ahora está muertos, y me alegro, porque no les gustaría ver lo que está ocurriendo hoy día.”

Foto grupal de algunas de las 14 mujeres contra el facismo

Foto grupal de algunas de las 14 mujeres que se opusieron al fascismo en Polonia en 2017. © Grzegorz Zukowski

No puedo seguir, porque se ha anunciado la sentencia, pero cruzo los dedos, por si sirviera para algo. No sé qué más hacer en este momento, pero de repente he oído suspiros de alivio en toda la sala. Me vuelo a mi compañera para preguntarle qué es lo que ha dicho y me lo confirma: “¡Inocentes! ¡Inocentes!“

El juez ha hecho valer el derecho de las mujeres a la libertad de expresión y de reunión y, lo que es más importante, les ha dicho: “Tenían ustedes razón”.

Cuando ha terminado, ha estallado en la sala un enorme aplauso de celebración.

Estoy sumamente emocionada. Como muchas otras personas, siempre me ha motivado mucho la determinación de estas mujeres que nunca se han rendido. Dos años con cargos que jamás deberían haberse presentado contra ellas y finalmente un juez ha comprendido la importancia de defender lo que está bien.

Se ha hecho justicia no sólo para las 14 mujeres, sino también para todas las personas que se han enfrentado en los últimos años a cargos y penas similares por manifestarse en defensa de sus derechos.

Los centenares de miles de cartas, firmas y llamamientos enviados a las autoridades polacas por activistas de Amnistía de todo el mundo también han sido de ayuda. Así como los centenares de mensajes de solidaridad enviados a las mujeres para darles fuerzas para continuar luchando.

Este caso comenzó con una injusticia, pero al final se ha hecho justicia y se ha transmitido el mensajes que el fascismo y el odio no se van a tolerar en Polonia.