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Somalia: La presión a las personas refugiadas para abandonar Dadaab las devuelve a una situación de inseguridad, sequía y hambre

Personas desplazadas somalíes esperan a recibir ayuda alimentaria en un centro en Mogadiscio / MOHAMED ABDIWAHAB/AFP/Getty Images

Miles de personas refugiadas somalíes a las que se presiona para que abandonen el campo de Dadaab, en Kenia, se enfrentan ahora a la sequía, el hambre y desplazamiento otra vez en Somalia, ha manifestado Amnistía Internacional hoy.

Los retornos de Dadaab a Somalia se han acelerado de manera masiva desde que el gobierno keniano anunció que iba a cerrar el campo en mayo de 2016.

En el informe Not Time to Go Home, un equipo de investigación de Amnistía Internacional detalla entrevistas realizadas a personas que han retornado y soportan terribles condiciones en superpobladas ciudades o campos para personas desplazadas de Somalia.

Muchas personas retornadas contaban que se habían marchado de Dadaab debido a los menguantes servicios y las raciones cada vez más pequeñas de alimentos que recibían o al temor, avivado por las autoridades kenianas, de verse obligadas a regresar sin ninguna ayuda.

“Es su afán por hacer regresar a las personas refugiadas, el gobierno keniano ha exagerado la mejora de la situación en materia de seguridad en Somalia, pero la triste realidad es que en muchas partes de país abundan todavía la violencia y la pobreza”, ha afirmado Charmain Mohamed, directora de Amnistía Internacional para los derechos de las personas refugiadas y migrantes.

Las personas refugiadas que habían huido de la sequía, el conflicto y el hambre en Somalia fueron coaccionadas para que regresaran en medio de una grave crisis humanitaria, y muchas se encuentran ahora de nuevo en la misma situación desesperada de la que huyeron y sin poder aún regresar a sus hogares.

“Hasta que no haya una mejora significativa de las condiciones humanitarias, el gobierno keniano debe centrarse en seguir brindando protección a las personas refugiadas somalíes. De lo contrario, se arriesgará a pisotear las normas internacionales, que establecen que sólo se puede hacer regresar a las personas refugiadas si su seguridad y dignidad están garantizadas.”

El inmenso campo de Dadaab, en el este de Kenia, acoge en la actualidad a cerca de 240.000 personas. En mayo de 2016, el gobierno keniano anunció que iba a cerrarlo por motivos de seguridad nacional y porque no recibía apoyo suficiente de la comunidad internacional.

El anunció desencadenó una aceleración enorme de los retornos a Somalia, que se prolongó incluso tras decidir el Tribunal Superior de Kenia en febrero de 2017 que el cierre del campo era ilegal.

En noviembre de 2016, Amnistía Internacional documentó que las autoridades del gobierno estaban amenazando a las personas refugiadas y diciéndoles que se marcharan, por lo que se puso seriamente en duda que los retornos fueran voluntarios.

La crisis humanitaria
Somalia lleva decenios asolada por los conflictos, y entre enero de 2016 y octubre de 2017 hubo alrededor de 4.585 víctimas civiles.

El grupo armado Al Shabaab tiene el control de una parte considerable del país y lleva a cabo ataques indiscriminados que sólo el año pasado mataron o hirieron a centenares de civiles.

En medio de esta inseguridad, la situación en Somalia continúa deteriorándose. El país sufre en la actualidad una devastadora sequía, y la amenaza de hambruna es persistente. Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU, más de la mitad de la población necesita asistencia humanitaria.

Esta combinación de factores ha dado lugar a una crisis enorme de desplazamiento interno. A fecha de noviembre de 2017, había 2.1 millones de personas internamente desplazadas en Somalia, muchas de ellas en zonas urbanas donde la superpoblación genera una enorme presión sobre los recursos.

Asimismo, la falta de agua potable ha provocado en Somalia un brote de cólera que se ha cobrado al menos 1.155 vidas entre enero y julio de 2017.

En este contexto, es evidente que Somalia no está lista para recibir los retornos en gran escala que se vienen produciendo aceleradamente desde 2016.

Casi todas las personas retornadas entrevistadas por AI reconocían tener que soportar grandes penurias en Somalia.

Amina, mujer de entre 30 y 40 años, había huido a Dadaab en 2011 debido a la sequía. La repatriaron a la ciudad de Baidoa, junto con su esposo y sus siete hijos en agosto de 2016. Contó a Amnistía Internacional que el agua de que disponían en Baidoa era poco segura y prohibitivamente cara:

“El mayor problema que tenemos en la zona es el agua. Un bidón de agua sucia nos cuesta 7.000 chelines [12 dólares estadounidenses]. Podemos pasar días sin agua”, dijo a Amnistía Internacional.

Somalia sufre también una grave situación de inseguridad alimentaria, y la mayoría de las personas retornadas dependen de paquetes de asistencia y de la ayuda humanitaria para conseguir alimentos.

 

Igal, hombre de 40 años, también fue a Baidoa tras marcharse de Dadaab con sus seis hijos. Explicó a Amnistía Internacional:

“Si van a nuestras casas verán gente que lleva al menos tres días sin comer nada."

Como muchas personas retornadas no pueden volver a sus hogares, el acceso a alojamiento también en un problema grave.

Casi todas las personas retornadas entrevistadas por Amnistía Internacional dijeron que no habían podido conseguir alojamiento adecuado, y muchas vivían en asentamientos para personas internamente desplazadas o alrededor de ellos.

Falta de apoyo internacional

Un factor clave de la presión del gobierno keniano a las personas refugiadas para que regresen a Somalia es la falta de apoyo suficiente de la comunidad internacional.

La financiación de la respuesta para las personas refugiadas de Kenia se ha reducido considerablemente desde 2011, mucho más que el número de personas refugiadas.

En noviembre de 2017, el llamamiento de ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, para su respuesta a las personas refugiadas se había financiado sólo un 29%.

En el mismo periodo, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) sufrió también una falta crónica y constante de financiación, que le obligó a reducir reiteradamente el valor de las raciones de alimentos para las personas refugiadas.

Amnistía Internacional pide a la comunidad internacional que preste al gobierno de Kenia asistencia técnica y económica suficiente y apoye la búsqueda de soluciones sostenibles y duraderas para la integración de las personas refugiadas en el país.

Esta ayuda incluye financiar plenamente el llamamiento de ACNUR para las personas refugiadas de Kenia, así como aumentar el número de plazas de reasentamiento y otras vías alternativas para las personas refugiadas somalíes.

“Mientras la situación de las personas retornadas siga volviéndose cada vez más desesperada en Somalia, los retornos en gran escala de Dadaab son sencillamente inviables.

En vez de empujar a las personas refugiadas a una crisis humanitaria, el gobierno keniano debe buscar soluciones sostenibles, e incluso ofrecer oportunidades de integración local en Kenia”, ha señalado Charmain Mohamed.

“Pero no puede hacerlo solo.

La comunidad internacional tiene que intensificar su respuesta, que hasta ahora ha sido lamentable y ha contribuido a aumentar el sufrimiento de las personas refugiadas y retornadas.

A medida que el hambre, la enfermedad y la violencia se ciernen sobre las personas refugiadas en Somalia, la necesidad de compartir realmente la responsabilidad se vuelve más evidente que nunca.”

Información complementaria


Este informe está basado en otro publicado por Amnistía Internacional en noviembre de 2016 con el título de Ningún otro lugar adonde ir.

Se evaluaban en él las condiciones en que las personas refugiadas tomaban la decisión de regresar de Kenia a Somalia en 2015 y a principios de 2016 y la inseguridad y las dificultades humanitarias que encontraban las personas retornadas en Somalia.

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