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Se debe anular la atroz condena de muerte contra un clérigo chií

Sheikh Nimr Baqir al-Nimr ha sido condenado a muerte en Arabia Saudí hoy © Privado.

La condena de muerte dictada hoy en Arabia Saudí, tras un juicio con graves deficiencias, contra un clérigo chií disidente por “desobedecer al gobernante”, “incitar a la lucha sectaria” y “promover manifestaciones, liderarlas y participar en ellas” es atroz y debe ser anulada de inmediato. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional.

“La condena de muerte contra Sheikh Nimr Baqir al Nimr forma parte de una campaña de las autoridades saudíes para sofocar toda la disidencia, incluidas las acciones de quienes defienden los derechos de la comunidad musulmana chií en el reino”, ha manifestado Said Boumedouha, director adjunto del Programa para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional.

El hermano de Sheikh al Nimr, Mohammad al Nimr, fue detenido, según la información recibida, después de que el Tribunal Penal Especial de Riad dictara la condena.

Se desconocen tanto los motivos de su detención como su paradero, aunque se cree que fue detenido tras publicar tuits sobre la condena de muerte de su hermano.

“La espantosa condena de muerte contra Sheikh al Nimr, seguida de la detención de su hermano hoy en el tribunal, ilustra hasta dónde está dispuesta Arabia Saudí a llegar en su afán por impedir que los activistas chiíes defiendan sus derechos. Sheikh al Nimr debe ser puesto en libertad, y Arabia Saudí debe poner fin a la discriminación y acoso sistemáticos contra la comunidad chií”, ha manifestado Said Boumedouha.

Sheikh al Nimr, que ha criticado abiertamente el acoso al que las autoridades saudíes someten a los musulmanes chiíes, fue acusado inicialmente de bandidaje y otros delitos, después de que unos agentes de seguridad declararan que había abierto fuego contra ellos cuando lo detuvieron el 8 de julio de 2012. Durante la detención, el clérigo resultó herido por arma de fuego.

Las pruebas relativas a todos los demás cargos de los que fue declarado culpable habían sido extraídas de sermones religiosos y entrevistas atribuidos al clérigo. El examen realizado por Amnistía Internacional de esos textos confirma que Sheikh al Nimr estaba ejerciendo su derecho a la libertad de expresión y no incitaba a la violencia. Algunos de los cargos, como el de desobedecer al gobernante, no deberían ser delitos, ya que criminalizan el derecho a la libertad de expresión. Otros cargos son imprecisos y se han utilizado simplemente para castigar al clérigo por sus actividades pacíficas.

“El juicio de Sheikh al Nimr ha adolecido de graves deficiencias. No se citó a declarar ante el tribunal a testigos presenciales cuyo testimonio era la única prueba contra el acusado. Esto supone una violación de las propias leyes del país. A Sheikh al Nimr se le negaron los medios más básicos para preparar su defensa, y durante parte de los procedimientos no contó con asistencia letrada porque las autoridades no informaron a su abogado de algunas fechas de las vistas judiciales”, ha manifestado Said Boumedouha.

Sheikh al Nimr, que es imán de la mezquita de Al Awamiyya, en Al Qatif, este de Arabia Saudí, también sufrió malos tratos durante sus dos años de reclusión, la mayor parte de los cuales transcurrieron en régimen de aislamiento en hospitales militares y en la prisión de Al Hair, en Riad.

El acceso a su familia y abogados –incluso durante los interrogatorios– ha sido irregular. También le negaron la cirugía para extraer una bala que tiene alojada en la espalda.

Se le ha negado asimismo el tratamiento para la pierna derecha, paralizada desde que resultó herido de bala durante su detención.

La población saudí de la Provincia Oriental, predominantemente chií, lleva pidiendo reformas desde antes de febrero de 2011, cuando el levantamiento de la “Primavera Árabe” barrió Oriente Medio y el Norte de África.

Las autoridades saudíes han respondido reprimiendo a los sospechosos de participar en las protestas, apoyarlas o manifestar opiniones críticas con el gobierno.

Se ha detenido, encarcelado y acosado a miembros de la comunidad chií por mantener reuniones de oración colectiva, celebrar fiestas religiosas chiíes e infringir las restricciones a la construcción de mezquitas y escuelas religiosas.

En mayo y junio de 2014, al menos cinco musulmanes chiíes detenidos en relación con las protestas de 2011 y 2012 fueron condenados a muerte por cargos falsos relativos a su activismo.

Entre ellos se encontraba el sobrino de Sheikh al Nimr, Ali al Nimr, que tenía 17 años en el momento de su detención y que afirmó haber sido torturado para hacerle “confesar”.

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