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Respuesta decepcionante de Shell al informe de Amnistía Internacional

Un operario de la empresa Shell y una mujer cerca de una zona contaminada por petróleo en Iwhrekan, estado de Delta, Nigeria, 25 de febrero de 2008. © Kadir van Lohuizen

Respondiendo al informe publicado por Amnistía Internacional el 30 de junio de 2009, Petróleo, contaminación y pobreza en el delta del Níger, Shell ha hecho varias declaraciones por correo electrónico a los medios de comunicación.

 

Amnistía Internacional aprovecha esta oportunidad para hacer algunas puntualizaciones.

Shell ha afirmado que Amnistía Internacional “olvida que aproximadamente el 85 por ciento de la contaminación derivada de las actividades [de Shell] tiene su origen en atentados y sabotajes”.

Amnistía Internacional rechaza esta afirmación:

El sabotaje es sólo una cuestión relacionada con una forma de contaminación causada por la industria petrolera: los vertidos de petróleo. Tal como señala el informe de Amnistía Internacional, la industria petrolera ha causado contaminación y ha dañado el medio ambiente en el delta del Níger de muchas otras formas durante el último medio siglo. Por ejemplo, el vertido de residuos, el dragado de ríos y cauces, la eliminación de residuos de las perforaciones, las operaciones sísmicas y la construcción de carreteras que ha bloqueado sistemas hídricos. El sabotaje no interviene como factor en ninguna de estas formas de contaminación o deterioro medioambiental.

No es posible determinar la proporción de vertidos de petróleo causados por actos de sabotaje, en comparación con los causados por la corrosión y los fallos en los equipos, porque las causas de los vertidos de petróleo en el delta del Níger no han sido objeto de valoración o verificación independientes. En muchos casos, la compañía petrolera tiene una influencia significativa a la hora de determinar la causa de un vertido, aun en el caso de que un representante oficial esté presente. Dado que la compañía puede verse obligada a pagar indemnizaciones si se comprueba que el vertido se debe a la corrosión o a fallos de los equipos, la práctica de permitir una grado tan elevado de control sobre la determinación de las causas de los vertidos genera un conflicto de intereses profundamente perturbador. El informe de Amnistía Internacional incluye ejemplos de casos en los que Shell afirmó que la causa de un vertido era el sabotaje, pero después otras investigaciones o los tribunales pusieron en entredicho esa afirmación.

Por ejemplo, en el caso de un importante vertido de petróleo que tuvo lugar en Batan, estado del Delta, en 2002, Shell escribió al gobernador del estado del Delta afirmando que la causa del vertido había sido el sabotaje. La carta se escribió dos días antes de que se llevara a cabo la investigación sobre el vertido. Además, material de vídeo de la investigación –y el seguimiento de una organización no gubernamental local– no se corresponde con las afirmaciones de Shell acerca de las causas. La investigación independiente muestra que la causa del vertido fue un fallo de los equipos. El vídeo está disponible en el sitio web de Amnistía Internacional.

Acciones judiciales en Nigeria también han puesto en entredicho las afirmaciones de Shell sobre el sabotaje. Por ejemplo, en la causa Shell v. Isaiah (1997), el Tribunal de Apelación afirmó que:

[estaba] convencido de que la cuestión del sabotaje planteada por el demandado no viene al caso. [...]  Los tres testigos de descargo estaban de acuerdo en una cosa: que un árbol viejo había caído y abollado la tubería. [...] ¿Cómo puede esta circunstancia haberse metamorfoseado en un acto en el que una persona desconocida corta una tubería? Y, lo que es más, no hay prueba alguna de que la tubería haya sido “cortada por una sierra de arco”.


Se admite generalmente que la mayoría de los vertidos de petróleo que se produjeron hasta mediados de la década de 1990 se debían a problemas de infraestructuras. Por ejemplo, la mayor parte de los vertidos de Shell (principal operador en tierra) entre 1989 y 1994 se debieron, según admitió la propia compañía, a la corrosión o a problemas operativos. Del volumen vertido, sólo el 28 por ciento se atribuyó a sabotajes. En 2007, los cálculos de Shell habían subido al 70 por ciento. Como respuesta al informe de Amnistía Internacional, la cifra que Shell ofrece ahora ha aumentado hasta el 85 por ciento (para la contaminación).

Aunque Amnistía Internacional reconoce que el sabotaje y el vandalismo son problemas graves, Shell no ha aportado datos que respalden su afirmación de que los sabotajes se han triplicado en los últimos 15 años.


Shell no cree que Amnistía Internacional haya reflejado la complejidad de la situación

El informe publicado por Amnistía Internacional se centra en algunas de las causas fundamentales de la compleja situación de conflicto que se vive en el delta del Níger. Por ejemplo: los efectos de medio siglo de contaminación y deterioro medioambiental sobre la población del delta; la falta de rendición de cuentas y reparación efectivas por los daños causados al medio ambiente y a los derechos humanos; y la falta de transparencia e información en relación con los efectos de la industria petrolera. Estos factores han sido ejes conductores del conflicto y la pobreza en el delta del Níger.

Shell hace referencia en repetidas ocasiones a la complejidad de la situación en el delta del Níger. Una respuesta típica de Shell parece ser la de recurrir a la complejidad para eludir responsabilidades. Shell culpa de los vertidos de petróleo a las comunidades y a elementos radicales, y después vuelve a culparlos de no permitir el acceso para realizar labores de limpieza. Sin embargo, esto es sólo una parte del cuadro. Las prácticas deficientes de la propia Shell es también una parte fundamental del problema. Además, las acciones de las comunidades –aunque no sean aprobadas por Amnistía Internacional– han surgido después de años de práctica deficiente de Shell, como la ausencia de acciones para prevenir y limpiar la contaminación y la falta de transparencia en la investigación de los vertidos de petróleo y el pago de indemnizaciones.

Por ejemplo, en Kira Tai, Ogonilandia, donde tuvo lugar una fuga de petróleo el 12 de mayo de 2007, la comunidad informó a Amnistía Internacional de que Shell había admitido que el vertido se había producido a causa de la corrosión, pero la empresa no había limpiado adecuadamente la zona afectada ni había pagado indemnizaciones. Amnistía Internacional consiguió posteriormente el informe de la investigación, firmado por cinco representantes de Shell, además de representantes oficiales y de la comunidad. El informe confirmaba la versión de la comunidad. Sin embargo, cuando representantes de Amnistía Internacional plantearon el caso a Shell, se les dijo que era un caso de sabotaje, a pesar del informe de la investigación oficial. Amnistía Internacional pidió a continuación pruebas que respaldasen por qué Shell había modificado las conclusiones de la investigación. No hemos recibido esta información.

Cuando Amnistía Internacional visitó la comunidad de Kira Tai, sus integrantes desconocían que Shell había modificado la causa del vertido y seguían esperando las indemnizaciones. Cuando Shell habla de la necesidad de comprender el carácter complejo de la situación en el delta del Níger, la empresa debe afrontar el hecho de que esta clase de comportamiento alimenta la desconfianza y el enojo de la comunidad, que a su vez alimentan el conflicto.

Al señalar la complejidad y las acciones de otros agentes, Shell se limita a desviar la atención de la mala práctica y los fallos propios. En realidad, esto agrava los problemas del delta del Níger.

Shell ha afirmado que el informe de Amnistía Internacional no contiene “nuevas aportaciones”.
 
Es preciso abordar la continuidad de los abusos contra los derechos humanos. Al pedir “nuevas aportaciones”, Shell parece estar intentando desviar la atención de las pruebas que existen. Por ejemplo:

  • La ausencia de acciones adecuadas de Shell para prevenir la contaminación y los daños a los derechos humanos. Shell lleva años realizando prácticas perjudiciales para el medio ambiente y para las personas; por ejemplo, los oleoductos no tenían un mantenimiento adecuado, y los productos de desecho se vertían en el entorno.
  • La ausencia de acciones de Shell para limpiar de forma adecuada y recuperar las tierras y las aguas contaminadas.
  • La falta de transparencia de Shell dentro de los sistemas de investigación conjunta de los vertidos de petróleo y en el pago de indemnizaciones a las víctimas.
  • La falta de información de Shell. Aunque a Amnistía Internacional se le revelaron algunos datos, con frecuencia las comunidades del delta del Níger ni siquiera tienen acceso a información básica sobre los efectos de la industria petrolera sobre sus vidas.
  • Las prácticas deficientes de Shell en su relación con las comunidades, lo cual alimenta el conflicto.


Shell es consciente de muchas de estas cuestiones. El informe de Amnistía Internacional hace varias recomendaciones al Gobierno de Nigeria y a las empresas petroleras para que aborden los problemas que se exponen en el documento. Shell debe limpiar sus operaciones en el delta del Níger, en todas las acepciones del término.  

Amnistía Internacional no imputa en exclusiva a Shell la responsabilidad de la contaminación y el deterioro del entorno, ni de sus efectos sobre los seres humanos, en el delta del Níger. Es evidente que se viene produciendo un fallo importante del Gobierno desde hace decenios. Además, tal como se reconoce supra y en el reciente informe de la organización, las acciones de las comunidades y de los grupos armados son ya una parte significativa del problema de la contaminación.


Shell dice que quiere mirar hacia el futuro.

El futuro implica rendición de cuentas y resarcimiento por el pasado. La falta de rendición de cuentas por los abusos cometidos en el pasado es, de hecho, impunidad. Además, a menos y hasta que se aborden la contaminación y el deterioro medioambiental relacionados con el petróleo, la población del delta del Níger no podrá mirar hacia el futuro. Tiene que vivir con el pasado de Shell, con su legado de deterioro del medio ambiente y de los derechos humanos.

Shell no cree que Amnistía Internacional haya reflejado de manera adecuada las amenazas en materia de seguridad a las que se enfrenta la industria petrolera en el delta del Níger.

Es cierto que la industria petrolera en el delta del Níger debe hacer frente a graves problemas de seguridad. El informe de Amnistía Internacional describe el delta del Níger como una de las zonas productoras de petróleo más inseguras del mundo, donde grupos armados y bandas practican con creciente frecuencia el secuestro de trabajadores del sector petrolero y sus familiares, incluidos niños y niñas, y ataques contra instalaciones petroleras. Se trata de un problema grave que debe ser abordado con urgencia y de forma adecuada.

Sin embargo, para abordar la inseguridad en este entorno complejo es preciso un enfoque múltiple: abordar las causas fundamentales de los problemas, además de los síntomas. El uso de la fuerza por el Gobierno de Nigeria para responder a las amenazas contra la industria petrolera en el delta del Níger ha desembocado con gran frecuencia en graves abusos contra los derechos humanos, tanto por parte de las fuerzas de seguridad nigerianas como de los grupos armados que actúan en el delta del Níger. Esto agrava los problemas en vez de intentar resolverlos.

La inseguridad en el delta del Níger no es únicamente un problema de violencia armada; es un problema de abusos contra los derechos humanos, ausencia de rendición de cuentas, falta de transparencia, corrupción y grave abandono del Gobierno. En algunos aspectos, el conflicto y la violencia armada son síntomas tanto como causas de la tragedia de derechos humanos que vive el delta del Níger.

Shell afirma que Amnistía Internacional no entabló un diálogo abierto con la compañía mientras preparaba el informe.

Amnistía Internacional se reunió con Shell en dos ocasiones para presentar nuestras conclusiones y entrevistar a representantes de la empresa:
La primera reunión tuvo lugar el 1 de abril de 2008 en Port Harcourt, en el delta del Níger, y en ella los investigadores de Amnistía Internacional presentaron nuestras conclusiones y formularon preguntas.

La segunda reunión se celebró el 15 de septiembre de 2008 en La Haya, Países Bajos, en la sede de Shell. Antes de la reunión, Amnistía Internacional envió por escrito a Shell algunas preguntas. Shell declinó responder a la mayoría de estas preguntas.

Amnistía Internacional también envió a Shell la primera versión de todos los apartados pertinentes del informe, incluidos todos los casos que hacían referencia a Shell, para recabar sus comentarios. Recibimos respuesta, pero no abordaba las cuestiones sustanciales del informe. Enviamos a Shell una segunda versión del informe, solicitando de nuevo su respuesta. No recibimos ninguna respuesta sustancial sobre las cuestiones planteadas en el informe. Los escasos comentarios relevantes que recibimos se incluyeron en el informe.


La afirmación de Shell de que Amnistía Internacional no entabló un diálogo abierto sino que “llegó a Port Harcourt para plantear preguntas [a Shell]” es inexacta y constituye un malentendido fundamental en lo relativo a la función de Amnistía Internacional. En cada diálogo que hemos mantenido con la compañía en relación con este informe, ha dado la impresión de que Shell deseaba mantener conversaciones generales sobre las cuestiones, en tanto en cuanto nosotros no nos centrásemos en cuestiones concretas sobre sus operaciones en el delta del Níger. Amnistía Internacional ha mantenido desde hace años muchas conversaciones con Shell sobre el delta del Níger y cuestiones relativas a los derechos humanos. Con gran frecuencia, esta clase de conversaciones son, de acuerdo con nuestra experiencia, una fórmula que usan las empresas para mantener “relaciones” al tiempo que evitan acciones significativas para abordar los fallos y la mala práctica de la empresa.

Shell no cree que Amnistía Internacional haya reconocido de forma adecuada la contribución de la empresa a la economía de Nigeria y al desarrollo de las comunidades del delta del Níger.

El informe de Amnistía Internacional reconoce que Shell ha hecho algunas contribuciones positivas en Nigeria, como la creación de empleo. Sin embargo, hemos señalado a Shell que, en materia de derechos humanos, las acciones positivas en un área no eximen a ningún agente de responsabilidades en cuando a daños para los derechos humanos en otras. En materia de abusos contra los derechos humanos no cabe la “compensación”.


En resumen, Amnistía Internacional considera decepcionante la respuesta de Shell al informe reciente de la organización, Petróleo, contaminación y pobreza en el delta del Níger. Da la impresión de que Shell quiere hablar de los complejos problemas del delta del Níger como si fuera un espectador, pero no reconoce que las actividades de la empresa son un factor coadyuvante.

 


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