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Miles de mujeres objeto de trata en Hong Kong, expuestas a sufrir explotación y “esclavitud” doméstica

Hay más de 300.000 trabajadores migrantes domésticos en Hong Kong, alrededor de la mitad de ellos de Indonesia, y casi todos son mujeres. © Amnesty International

Miles de mujeres indonesias que son objeto de trata y llevadas a Hong Kong para trabajar como empleadas domésticas están expuestas a sufrir allí condiciones semejantes a esclavitud sin que ninguno de los dos gobiernos haga nada para protegerlas de los abusos y la explotación generalizados, ha manifestado Amnistía Internacional.

En el nuevo informe Exploited for Profit, Failed by Governments se explica cómo las agencias de contratación indonesias y los agentes de colocación de Hong Kong trafican con mujeres indonesias con fines de explotación y trabajo forzoso. Las someten a abusos como restricción de la libertad de circulación, violencia física y sexual, falta de comida y jornadas de trabajo excesivamente largas y en condiciones de explotación.

“Desde el momento en que las convencen con engaños de que vayan a trabajar a Hong Kong, las mujeres se ven atrapadas en una espiral de explotación que, en algunos casos, constituye una forma moderna de esclavitud”, ha señalado Norma Kang Muico, investigadora de Amnistía Internacional sobre los derechos de las personas migrantes en Asia y Oceanía.

Las conclusiones del informe están basadas en exhaustivas entrevistas con 97 trabajadoras migrantes indonesias empleadas en el servicio doméstico, y tienen el respaldo de una encuesta del Sindicato de Trabajadores Migrantes Indonesios realizada a casi 1.000 mujeres.

Hay más de 300.000 trabajadores migrantes domésticos en Hong Kong, alrededor de la mitad de ellos de Indonesia, y casi todos son mujeres. Atraídas por la promesa de un trabajo bien pagado, lo que encuentran realmente esas mujeres allí no podía ser más distinto.

Una mujer explicó así, a Amnistía Internacional, cómo la había golpeado su empleador: “Me dio patadas por detrás y me arrastró a mi habitación agarrándome de la ropa. Tras cerrar la puerta con llave, me dio bofetadas y puñetazos. Me tiró al suelo y me dio más patadas. Estaba llena de moratones, en la cara, los brazos y las piernas. Sangraba por la boca y la frente.”

En el informe se pone de relieve la falta sistémica de medidas de los gobiernos de Hong Kong e indonesio para proteger a las trabajadoras migrantes domésticas de la explotación. A veces, la actuación de las autoridades deja a las mujeres más expuestas aún a sufrir abusos.

Es imperdonable que los gobiernos de Hong Kong e indonesio se desentiendan de los millares de mujeres vulnerables que con objeto de trata con fines de trabajo forzoso –ha afirmado Muico–. Da igual que las autoridades mencionen gran número de leyes nacionales que supuestamente protegen a estas mujeres, porque raras veces las hacen cumplir.”

En Indonesia se obliga a las futuras trabajadoras migrantes domésticas a acudir a agencias de contratación autorizadas por el Estado incluso para recibir formación antes de partir.

Es habitual que estas agencias y los intermediarios que colaboran con ellas engañen a las mujeres al informarlas del precio de sus servicios y de los salarios, se queden con sus documentos de identidad y otros objetos como garantía y les cobren más de lo que permite la ley. Hay que pagar el precio completo del servicio al principio de la formación, por lo que las mujeres contraen grandes deudas si al final desisten.

Lestari, de 29, contó así cómo fue su llegada por primera vez a un centro de formación: “Me quedé muy sorprendida. Estaba rodeado de altas verjas y todas las mujeres llevaban el pelo corto. Me dieron un papel en inglés. Lo único que sabía leer era el número 27 millones. El personal me dijo: ‘Tienes que firmarlo’. Éramos unas 30; hicimos lo que nos decían. Después dijeron: ‘Lo que habéis firmado supone que, si decidís marcharos, tenéis que pagarnos 27 millones de rupias [poco más de 2.000 euros]’”.

Las mujeres de varios centros distintos de formación denunciaron también que las habían obligado a ponerse una inyección anticonceptiva. Muchas contaron que el personal del centro solía burlarse de ellas, maltratarlas y amenazarlas con cancelar sus solicitudes de trabajo. La gran mayoría no podían marcharse libremente de los centros de formación.

También se explica en el informe que, normalmente, las agencias de contratación no proporcionan a la trabajadoras migrantes la documentación legal necesaria, como el contrato, el seguro obligatorio y la tarjeta de trabajo para extranjeros, lo que también menoscaba sus posibilidades de pedir reparación.

Cuando una trabajadora migrante doméstica llega a Hong Kong queda bajo el control estricto de su agencia local de contratación y, a menudo, de su empleador.

La gran mayoría de las mujeres entrevistadas por Amnistía Internacional habían entregado sus documentos a su empleador o a la agencia de contratación de Hong Kong. A alrededor de la tercera parte no les permitían dejar la casa de su empleador.

Amnistía Internacional determinó que las entrevistadas trabajaban 17 horas al día por termino medio, en numerosos casos no cobraban siquiera el salario mínimo establecido, tenían prohibido practicar su religión y que no tenían ningún día libre a la semana.

Las mujeres se ven atrapadas en esta espiral de trabajo forzoso por la gran deuda que contraen como consecuencia de opaco y excesivo precio de los servicios de contratación.

Las agencias de contratación de Indonesia y los agentes de colocación de Hong Kong actúan en connivencia para burlar los límites legales de lo que pueden cobrar a las trabajadores migrantes domésticas. Amnistía Internacional determinó que a la mayoría de las mujeres les cobran mucho más de lo establecido legalmente.

Las agencias burlan la ley cobrando sus excesivos precios por medio de terceros de diversa índole, incluidas empresas financieras.

A pesar de ello, el comisario de Trabajo de Hong Kong anuló la licencia sólo a dos agencias de colocación en 2012 y sólo a una en los cuatro primeros meses de 2013.

“Los agentes de contratación y colocación incumplen de manera flagrante leyes dirigidas a proteger a las trabajadoras migrantes de los abusos. La casi total falta de medidas de las autoridades de Hong Kong e indonesias hace que se sigua explotando a estas mujeres con fines de lucro”, ha explicado Muico.

Sin salida: atrapadas y maltratadas
Una vez en Hong Kong, el temor a contraer más deudas por pagar otra vez los servicios de contratación para acceder a un empleador nuevo deja a menudo a las mujeres atrapadas, en manos de un empleador que las maltrata.

Dos terceras partes de las trabajadoras migrantes domésticas entrevistadas por Amnistía Internacional habían sufrido malos tratos físicos y psicológicos. El requisito de que las trabajadoras migrantes domésticas vivan con su empleador aumenta su aislamiento y las deja aún más expuestas a sufrir abusos.

Una mujer recordó lo siguiente: “La esposa me maltrataba físicamente de manera habitual. Una vez ordenó a sus dos perros que me mordieran. Recibí unos 10 bocados en el cuerpo, que me desgarraron la piel hasta hacerme sangrar. Lo grabó en su móvil, y luego lo ponía constantemente y se reía.”

Las mujeres entrevistadas dijeron a Amnistía Internacional que podían rescindirles el contrato si se quejaban del trato o si la agencia de colocación manipulaba la situación a fin de cobrar nuevos servicios de contratación.

El pago insuficiente es un problema generalizado. Sin embargo, en el periodo de dos años previo a mayo de 2012, sólo se presentaron 342 casos de pago insuficiente en una población total de más de 300.000 trabajadores migrantes domésticos en Hong Kong.

“Tenemos que ver hacer cumplir las leyes y llevar a los responsables de la explotación ante la justicia. Sólo entonces empezaremos a ver el fin de la mano de obra forzada de Indonesia en Hong Kong”, ha manifestado Muico.

Las leyes de Hong Kong estipulan que las trabajadoras migrantes domésticas deben marcharse de allí si, a las dos semanas de la terminación de su contrato, no han encontrado un nuevo empleo y conseguido un visado de trabajo.

Esta presión hace que las trabajadoras continúen soportanto situaciones abusivas, porque saben que si dejan el trabajo es poco probable que encuentren otro nuevo en dos semanas y tendrán, por tanto, que marcharse del país. Muchas no podrían entonces pagar de nuevo los servicios de contratación o mantener a sus familias.

El sistema entero va en contra de las trabajadoras migrantes domésticas. Si el gobierno de Hong Kong quiere realmente proteger a estas mujeres, debe abolir la norma de las dos semanas y el requisito de trabajar como internas, que las deja aún más expuestas a sufrir abusos”, ha señalado Muico.

“Tanto el gobierno de Hong Kong como el indonesio tienen que dar muestra de estar realmente dispuestos a abordar las violaciones de derechos humanos y laborales expuestas en este informe.”

Amnistía Internacional pide a ambos gobiernos que ratifiquen y apliquen con prontitud el convenio de la Organización Internacional del Trabajo sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos.

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