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Los líderes del G-8 deben defender los derechos humanos en Oriente Medio

Los ministros de Relaciones Exteriores de los países del G8 se reúnen en París antes de la Cumbre de esta semana. © US Department of State

Londres.- Los líderes de los países industrializados del G-8 deben actuar enérgicamente para apoyar los derechos humanos en Oriente Medio y el Norte de África, tras la oleada de protestas a favor de la reforma que ha recorrido la región, ha declarado hoy Amnistía Internacional.

Las protestas populares que ha habido este año en el mundo árabe  son un aviso de que la gente de esta región está harta de la situación y quiere el reconocimiento pleno de sus derechos humanos fundamentales”, ha declarado Malcolm Smart, director del Programa para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional.

Los líderes del G-8 deben aprovechar esta oportunidad histórica para garantizar que la protección y la promoción de los derechos humanos está en el centro de sus relaciones con los gobiernos de toda la región.

El G-8 tiene previsto reunirse a finales de esta semana en Francia, donde debatirá la promoción de la democracia en Oriente Medio y el Norte de África tras las protestas de este año.

Los primeros ministros de Túnez y Egipto han sido invitados a participar en la cumbre de este año.

Las protestas populares en gran escala habidas este año en ambos países derrocaron sendos gobiernos represivos que llevaban décadas en el poder, y desencadenaron movimientos similares en toda la región, incluidos Bahréin, Libia, Siria y Yemen.

En todos los casos, los gobiernos han reaccionado ante las protestas perpetuando un ciclo arraigado hace tiempo de represión estatal e intolerancia a la disidencia.

Los abusos contra los derechos humanos generalizados, de consideración y muy graves que se están cometiendo en respuesta a los movimientos de protesta sólo son la punta del iceberg, pues ilustran una pauta más general de abusos durante décadas de represión”, añadió Malcom Smart.

En sus conversaciones sobre los pujantes cambios en la gobernanza de la región árabe, el G-8 debe reconocer que una parte necesaria de esa narrativa es un cambio radical en la forma en que los gobernantes de la región ven los derechos humanos y cumplen sus obligaciones.

Amnistía Internacional ha instado también a los líderes del G-8 que hagan un llamamiento a Arabia Saudí, parte del “Grupo de 20” países económicamente influyentes, para que corrija su pésima actuación en materia de derechos humanos.

El gobierno de Arabia Saudí debe reconocer también y aceptar la necesidad de cambio, así como dar pasos reales para mejorar los derechos humanos”, concluyó Malcolm Smart.