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Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

Las mujeres refugiadas necesitan urgentemente protección frente a la violencia sexual y de género

Ilustraciones para la campaña contra la violencia de género de Amnistía Internacional © Asia Alfasi/PositiveNegatives/Amnesty International

  • En España solo han sido reubicadas 76 mujeres y reasentadas otras 63
  • Amnistía Internacional ha puesto en marcha una acción de solidaridad con mujeres yazidíes que viven en un campo de Grecia

Se necesita urgentemente que los gobiernos de todo el mundo brinden mejor protección a las mujeres, las niñas y las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) refugiadas, que se enfrentan a unos niveles atroces de violencia sexual y de género en cada etapa de su viaje. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional hoy, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

“Imaginen lo que es vivir en un campo de refugiados en el que te da miedo hasta ir al retrete, o lo que es sufrir acoso sexual a diario en tu comunidad de acogida a causa de tu género o tu identidad. Esta es la aterradora realidad a la que se enfrentan cientos de miles de mujeres, niñas y personas LGBTI refugiadas de todo el mundo, una realidad que la vergonzosa inacción de los gobiernos no hace más que prolongar”, ha manifestado Catherine Murphy, directora en funciones del Programa sobre Género, Sexualidad e Identidad de Amnistía Internacional.

“Instamos a los gobiernos de todo el mundo a que cumplan con su obligación legal de eliminar dicha violencia. Esto significa tomar medidas específicas como garantizar que la policía proporciona un entorno seguro y confidencial en el que las personas refugiadas puedan denunciar los casos de violencia de género.”

“También es fundamental que los gobiernos de todo el mundo hagan más por compartir la responsabilidad de proteger a las personas refugiadas aumentando considerablemente el número de plazas de reasentamiento a disposición de las que estén más necesitadas de protección. La pobreza y la inseguridad en la que se encuentran muchas personas refugiadas en países como Líbano y Libia incrementa el riesgo de explotación sexual y violencia de género.”

Viajes peligrosos

Durante su viaje, las personas refugiadas y migrantes corren un elevado riesgo de sufrir abusos tales como la violencia y la trata de personas. Las mujeres, las niñas y las personas LGBTI se enfrentan a amenazas específicas como el acoso sexual, la violación y otras formas de violencia de género, que subrayan la urgente necesidad de establecer rutas seguras y legales.

En 2016, una serie de mujeres refugiadas y migrantes del África subsahariana que habían atravesado Libia contaron a Amnistía Internacional que, a lo largo de las rutas de tráfico de personas, la violación es tan habitual que, durante el viaje, tomaban píldoras anticonceptivas para evitar quedar embarazadas.

Asimismo, la violencia de género se está convirtiendo cada vez más en un factor de “expulsión” para las mujeres y las personas LGTBI, que las obliga a huir de sus lugares de origen y buscar protección en otros países.

Patricia* [pseudónimo] mujer transexual de 32 años, habló a Amnistía Internacional del acoso y la persecución que sufría en El Salvador:

“Los policías me hostigaban, siempre me paraban y me decían cosas, me extorsionaban y me golpeaban. Decían que no les gustaba por ‘ser quien soy’. Las maras me amenazaban también: cada mes me cobraban una ‘renta’, pero no podía pagarla toda. Creo que me amenazaban por la discriminación y la homofobia, por ser quien soy. Pensé en ir a las autoridades, pero después viéndolo bien [me di cuenta de] que [ellos mismos] me llegaban a molestar a mi casa [...] y siempre me molestaban.”

Temiendo por su seguridad, Patricia decidió viajar a México, pero fue deportada al cabo de varios meses, en el transcurso de los cuales la golpearon y le robaron en dos ocasiones.

Amnistía Internacional ha destacado la manera en que las mujeres, niñas y personas LGBTI refugiadas de los países del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras) que huyen de los elevados índices de violencia corren peligro de sufrir violencia de género tanto en sus países de origen como durante su viaje. Los países de acogida, como México, no les brindan protección adecuada: en 2015, el 98 por ciento de las personas procedentes de Centroamérica detenidas por las autoridades mexicanas como migrantes en situación irregular fueron enviadas de vuelta a sus países de origen.

Falta de protección legal

En todo el mundo, las mujeres y niñas refugiadas que carecen de documentación regularizada se enfrentan al tremendo dilema de no denunciar los delitos cometidos contra ellas, o denunciarlos y arriesgarse a ser detenidas, deportadas y sancionadas por carecer de permisos de residencia válidos.

Maryam* [pseudónimo], siria de Homs que llegó a Líbano en 2013, contó a Amnistía Internacional que unos policías pasaban a menudo por la casa que tenía alquilada junto con varias mujeres de su familia, y las amenazaban con encarcelarlas si no “salían” con ellos. Relató:

“El acoso [a mujeres refugiadas] es un gran problema en Líbano; soltera o casada, siempre me acosan. Por eso tenemos miedo por nuestras hijas. Tengo una hija de 16 años y me da miedo hasta enviarla al comercio más próximo”.

En España, bienvenida indigna

En España, Amnistía Internacional también ha denunciado que las autoridades no están cumpliendo con sus compromisos de acoger a más de 17.000 personas para los próximos dos años. Por el momento el número de personas que han llegado por reubicación y por reasentamiento ha sido de 398 y 289 respectivamente. Es decir, un total de 687 son las personas que España ha acogido hasta ahora. De ellas, solo han sido reubicadas 76 mujeres y reasentadas otras 63.

Por otra parte, las pocas personas que han sido acogidas, se encuentran a su llegada un sistema de asilo que no les da la bienvenida que merecen. Tal y como denunció la organización en su último informe, se trata de un sistema discriminatorio, arbitrario, obsoleto e ineficaz que puede llevar a las personas a la indigencia a medio plazo.

Maryam es un ejemplo. De nacionalidad siria, huyó de la guerra y de la violencia y maltrato por parte de su pareja. Durante el camino fue víctima de un intento de agresión sexual. Llegó sola a España, en una situación especialmente difícil. A pesar de los problemas que presentaba, no ha sido debidamente identificada como persona vulnerable ni ha tenido acceso una atención especializada ni apoyo psicológico.

AI ha reiterado en varias ocasiones que hasta el momento, España solo ha cumplido el 4% de su compromiso de reubicación y reasentamiento. A este ritmo, tardaremos más de 25 años en alcanzar el objetivo. Son personas que huyen de la guerra y la persecución, pero miles de ellas siguen atrapadas en condiciones deplorables. Las autoridades no solo deben contribuir a proporcionar rutas legales y seguras para estas personas, sino que además deben tener en cuenta los criterios de género a la hora de proporcionar su adecuada protección e integración en el país.

Solidaridad con las mujeres yazidíes en Grecia

Este año, Amnistía Internacional pide a sus simpatizantes que envíen mensajes de solidaridad a un grupo de mujeres yazidíes del norte de Irak que se vieron obligadas a huir en agosto de 2014 cuando el grupo armado autodenominado Estado Islámico barrió la región en una campaña sistemática de limpieza étnica. Estas mujeres permanecían varadas en Grecia en condiciones terribles.

Durante más de cinco meses, las mujeres estuvieron en el campo de Nea Kavala, donde las condiciones son espantosas: mala iluminación, falta de retretes y duchas seguros o separados, y ningún mecanismo al que denunciar el acoso sexual. Se sentían muy inseguras, así que formaron un “círculo de protección” para cuidar unas de otras, ante la ausencia de protección por parte del Estado en el campo. Desde entonces, se han trasladado a otro campo.

“Grecia y otros países que acogen a refugiados deben actuar urgentemente para mejorar las condiciones de recepción de las personas refugiadas que permanecen varadas en el país; entre otras cosas, deben tomar medidas adecuadas para garantizar la seguridad de las mujeres y niñas refugiadas”, ha manifestado Catherine Murphy.

“Como mínimo absoluto, esto significa garantizar que a las mujeres, niñas y personas LGBTI refugiadas se les proporcionan retretes seguros y zonas de dormitorio, así como acceso a servicios y atención médica para quienes han sufrido violencia de género.”

Envía un mensaje de solidaridad al grupo de mujeres yazidíes para que sepan que no están solas.

Información complementaria

La violencia de género es la violencia cometida contra una persona a consecuencia de su género. Eso incluye la violencia contra las mujeres y las niñas, pero también la violencia contra personas a causa de su orientación sexual o identidad/expresión de género, o su presunta orientación sexual o identidad/expresión de género, y también contra hombres que pueden ser atacados a causa de actitudes discriminatorias sobre qué es lo que constituye “masculinidad”.

El año 2015 marcó un récord en cuanto a desplazamientos forzados. Al terminar el año se había registrado la existencia de aproximadamente 10,5 millones de mujeres y niñas refugiadas.

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