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Las 90 ejecuciones de este año baten el sobrecogedor récord de 2014

Con una nueva ejecución que ha tenido lugar hoy, son ya 90 las llevadas a cabo en Arabia Saudí en lo que va de año, la misma cifra que en todo 2014, ha manifestado Amnistía Internacional.

Esta cifra de muertes es la mayor registrada por la organización en el mismo periodo en más de tres decenios y representa un repunte sin precedentes de las ejecuciones en un país que figuraba ya entre los principales ejecutores de la pena de muerte del mundo.  

“Dado que no estamos aún a mediados de año, el reino saudí parece haber alcanzado esta sobrecogedora cifra a un ritmo sin precedente –ha señalado Said Boumedouha, director adjunto del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África–. Este alarmante aumento de las ejecuciones sobrepasa incluso las espantosas cifras anteriores del país.”  

La víctima de la ejecución llevada a cabo hoy en Riad era un paquistaní declarado culpable de delitos de drogas. Casi la mitad de las ejecuciones que han tenido lugar en lo que va de año han sido por cargos relacionados con drogas, que no están incluidos en la categoría de los “más graves delitos”, por lo que aplicar la pena de muerte en tales casos constituye una violación del derecho internacional. Las propias autoridades no incluyen los delitos de drogas entre los que comportan penas impuestas por mandato divino según el derecho islámico o sharia, sino que consideran que la imposición de la pena de muerte en tales casos es discrecional.  

El método de ejecución más común en Arabia Saudí es la decapitación, que a menudo se lleva a cabo en plazas públicas. A veces,  en algunas provincias del sur, se ejecuta al condenado por fusilamiento.

En Arabia Saudí, los acusados, incluso cuando son condenados a muerte, son declarados culpables en gran número de casos tras deficientes procedimientos judiciales, que no cumplen las normas internacionales sobre juicios justos
. A menudo se los condena en virtud únicamente de “confesiones” obtenidas con coacción; se les niega asistencia letrada en el juicio, que a veces se celebra en secreto, y no se los mantiene informados de la marcha del procedimiento.

En el caso de algunos delitos punibles con la muerte, el Tribunal Supremo ha confirmado recientemente que los jueces no necesitan demostrar la culpabilidad del acusado, sino que pueden condenarlo a muerte según su criterio basándose sólo en sospechas.  

“El compromiso inquebrantable de las autoridades saudíes con esta brutal forma de castigo resulta realmente espantoso, dadas las considerables deficiencias de su sistema de justicia”, ha añadido Said Boumedouha.

El uso de la pena de muerte es cruel e inhumano en todas las circunstancias, pero resulta aún más indignante cuando va dirigido contra personas condenas en juicios que son parodias de justicia.”

Un aspecto preocupante es que en los dos últimos años se ha condenado a muerte a un considerable número de chiíes participantes en protestas, celebradas en muchos casos en la Provincia Oriental de Arabia Saudí tras los levantamientos populares multitudinarios de 2011, que derrocaron a varios gobernantes autoritarios de la región aferrados desde hacía mucho tiempo al poder.

Entre estas personas condenadas a muerte figura el clérigo chií más notable de Arabia Saudí, Sheikh Nimr al-Nimr,  a quien se impuso la pena capital en octubre de 2014 tras un juicio lleno de irregularidades. Su sobrino, Ali-al-Nimr, fue condenado a muerte en mayo de 2014 por presuntos delitos cometidos siendo menor de edad y en virtud únicamente de  “confesiones” hechas, según dijo, bajo tortura. El derecho internacional prohíbe imponer la pena de muerte a personas menores de 18 años en el momento del delito.

El año pasado fueron condenados también a muerte otros seis chiís participantes en protestas, y decenas más están en espera de juicio debido a cargos por los que el fiscal pide la pena capital. Muchos de ellos han denunciado malos tratos bajo custodia y falta de garantías en los procedimientos judiciales.

La afirmación de las autoridades saudíes de que la pena capital disuade de cometer delitos es infundada.

“No hay datos convincentes que demuestren que la pena de muerte sirva de manera especial para disuadir de cometer delitos ni que sea más efectiva que otras forma de condena –ha explicado Said Boumedouha–. En vez de acelerar las ejecuciones, las autoridades saudíes deben declarar de inmediato su suspensión son miras a abolir la pena capital.”


Información complementaria

En el último informe mundial sobre la pena de muerte de Amnistía Internacional, publicado en abril de 2015, Arabia Saudí figura entre los tres principales verdugos del mundo, después de China e Irán.

A fecha de 31 de diciembre de 2014, 140 países habían abolido la pena de muerte en su legislación o en la práctica. Amnistía Internacional se opone a la pena capital en todos los casos sin excepción, con independencia de la naturaleza o las circunstancias del delito, la culpabilidad o inocencia del acusado y el método de ejecución.