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La ausencia sistemática de medidas para controlar la actuación de las fuerzas de seguridad

Miembros de las Fuerzas de Seguridad Central en el Cairo se preparan para atajar las protestas. © Omnia E. Al Desoukie

Un año después de la revolución, las fuerzas de seguridad egipcias siguen matando a manifestantes con las mismas tácticas brutales que se usaban en los últimos días en que Hosni Mubarak ostentaba el poder, ha afirmado Amnistía Internacional tras concluir que la policía antidisturbios recurrió una vez más al uso excesivo de la fuerza durante las manifestaciones de El Cairo y Suez.

Las protestas de primeros de mes tuvieron lugar tras la tragedia de Port Said, en la que más de 70 hinchas del club de fútbol Al Ahly murieron después de un partido el 1 de febrero.

La organización ha concluido que, entre el 2 y el 6 de febrero, las Fuerzas de Seguridad Central (policía antidisturbios) del Ministerio del Interior hicieron un uso excesivo de la fuerza, utilizando armas de fuego, para dispersar a los manifestantes, matando al menos a 16 personas e hiriendo a cientos.

"El comportamiento de las fuerzas de seguridad al responder a estas protestas recuerda, desgraciadamente, a una época que los egipcios pensaban haber dejado atrás después de la Revolución del 25 de Enero", ha afirmado Hassiba Hadj Sahraoui, directora adjunta del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.

Las promesas de reformar las fuerzas de seguridad continúan sonando a hueco frente a los homicidios de más de cien manifestantes en los últimos cinco meses. Las autoridades no solo no han reformado las fuerzas de seguridad, sino que niegan la evidencia del uso de munición real y balas de goma y formulan acusaciones de injerencia extranjera. 

Los anteriores llamamientos a reformar el sector de la seguridad solo han conducido a cambios mínimos, mientras las autoridades han continuado haciendo un uso indebido de gases lacrimógenos y munición real

Las autoridades egipcias anunciaron que se iban a llevar a cabo investigaciones sobre aquellos incidentes que hubieran causado víctimas mortales o heridas graves a los manifestantes. 

A pesar de ello no se ha extraído ninguna lección, y no parece que se hayan dado instrucciones claras a las fuerzas de seguridad, incluido el personal militar, para que respeten el derecho de reunión pacífica y desempeñen su labor en las manifestaciones de acuerdo con las normas internacionales. 

En febrero de 2012 se hizo uso de fuerza letal, sin advertencia previa, para dispersar a los manifestantes de El Cairo y Suez que, en su mayoría, protestaban y coreaban lemas pacíficamente.

Algunos manifestantes, sin embargo, lanzaron piedras a las fuerzas de seguridad y Amnistía Internacional ha recibido informaciones de que se llegaron a lanzar cócteles molotov contra la policía antidisturbios. En algunos incidentes aislados se disparó munición de escopeta y se lanzaron dispositivos pirotécnicos contra la policía.

“La policía no debería usar armas de fuego contra las personas excepto en defensa propia o para defender a otras personas de una amenaza inminente contra sus vidas o que comprometa gravemente su integridad física. El uso de armas de fuego con intención letal solo puede realizarse cuando sea absolutamente inevitable para proteger vidas", ha afirmado Hassiba Hadj Sahraoui.

Las fuerzas de seguridad tienen el deber de restablecer el orden público, sin embargo, su reciente uso de una fuerza excesiva muestra una total falta de respeto por la vida

“Ahora está claro que el Parlamento recientemente elegido debe hacer frente con urgencia a unas reformas largamente esperadas sobre el modo en que las fuerzas de seguridad han estado interviniendo en las manifestaciones.”

A menos que el aparato de seguridad egipcio sea reformado con el propósito de ofrecer seguridad y respetar el derecho a protestar pacíficamente, tememos que habrá más derramamientos de sangre.”


Víctimas 
Solo en los hospitales universitarios de El Cairo se atendió a unas 269 personas heridas y a 7 de las 11 víctimas mortales que se produjeron en la capital durante las protestas. 

La mayoría de los heridos habían inhalado gases lacrimógenos o habían sido alcanzados por perdigones que, en algunos casos, habían provocado el estallido del globo ocular.

En una ocasión, un manifestante murió de las heridas provocadas por el uso de munición real después de que un perdigón le alcanzara el cerebro. Otras dos personas más murieron de disparos en la cabeza y otra, de un disparo en el estómago.

En Suez, Amnistía Internacional pudo obtener una lista de 85 personas heridas que recibieron asistencia en el Hospital General de Suez, principalmente por heridas provocadas por perdigones y munición real. Cinco personas murieron en la ciudad a consecuencia de disparos en el pecho, la cabeza o el estómago.

La lista incluía cuatro miembros de las fuerzas de seguridad que, según las informaciones recibidas, también habían resultado heridos por disparos de perdigón en Suez.

Uso excesivo de gases lacrimógenos 
Los delegados de Amnistía Internacional presenciaron cómo la policía antidisturbios disparó implacablemente gases lacrimógenos contra grupos de manifestantes contrarios al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que se encontraban en la calles Mansur y Mohamed Mahmoud de El Cairo, que conducen al Ministerio del Interior y donde se produjeron los peores enfrentamientos. 

La policía antidisturbios hizo un uso desproporcionado de gases lacrimógenos en situaciones en las que los manifestantes no representaban ningún riesgo inminente para la seguridad. No realizaron ningún aviso antes de lanzar los botes de gas lacrimógeno.

Médicos voluntarios y testigos informaron de que, tanto en El Cairo como en Suez, la policía antidisturbios lanzaba gases lacrimógenos hacia los mismos hospitales de campaña que ofrecían primeros auxilios a los manifestantes que sufrían los efectos de la inhalación de gases lacrimógenos y otras heridas. En Suez varios trabajadores del canal de televisión TV 25 también fueron blanco directo de gases lacrimógenos, lo que les causó dificultades respiratorias.

Algunos de los botes de gas lacrimógeno que se lanzaron en Suez habían sido manufacturados en Estados Unidos y portaban una fecha de producción de agosto de 2011, lo que sugería que formaban parte de un envío reciente realizado en noviembre por Estados Unidos. En diciembre de 2011 Amnistía Internacional pidió a los proveedores mundiales de armas que detuvieran todas las transferencias al ejército y a las fuerzas de seguridad egipcias de gases lacrimógenos, armas pequeñas y ligeras, munición y otro tipo de material represivo.


Casos individuales ilustrativos 

El Cairo 

Ahmed Hassan Ali

Ahmed Hassan Ali, pintor de 24 años de edad y manifestante en la plaza Tahrir, sufrió la pérdida de su ojo derecho por el impacto de un perdigón, lo que afecta significativamente a su visión. 

Él mismo informó a Amnistía Internacional que había sido herido por una bala de goma en la calle Mansur a las seis de la mañana  del pasado 4 de febrero. Señaló que había sido herido mientras se dirigía a pedir a otros manifestantes que regresaran a la plaza y evitaran confrontaciones con la policía antidisturbios. Afirmó que los manifestantes estaban pacíficamente lanzando proclamas contra el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas cuando la policía abrió fuego sin previo aviso. 

Ahmed Maher 

El 5 de febrero, alrededor de la una y media de la mañana, Ahmed Maher, coordinador general del grupo de protesta pro democrático “Movimiento Juvenil 6 de Abril”  sufrió una fractura en la parte superior del cráneo mientras se encontraba en el cruce de las calles Mansur y Mohamed Mahmoud, lo que le causó un derrame interno.

Después de reunirse con varios diputados en el Parlamento, se dirigió a pedir a los manifestantes que se retiraran del área y pusieran fin a la protesta de modo que las autoridades pudieran construir un muro de hormigón en la calle Mansur, junto al Ministerio del Interior. Cayó al suelo como resultado de su herida, perdiendo su BlackBerry. La cuenta de Twitter que administra para el movimiento fue posteriormente intervenida por un hacker.

Amnistía Internacional teme que pueda haber sido blanco de este ataque debido a la campaña de desprestigio que han montado las autoridades contra el “Movimiento Juvenil 6 de Abril”, acusándolo públicamente de conspirar contra Egipto. 

Salma Said Abdel Fattah 

El 5 de febrero, alrededor de las once de la noche, Salma Said Fattah, activista de los grupos "No a los Juicios Militares para Civiles" y "Mosireen", de 26 años de edad, fue herida por perdigones mientras grababa cómo los vehículos blindados de la policía antidisturbios atacaban a los manifestantes que corrían de la calle Mansur hacia la plaza Falaky. 

Salma Said Fattah dijo a Amnistía Internacional que un agente encapuchado de la policía antidisturbios que se encontraba sobre el techo de un vehículo blindado le disparó tres veces, en cara, pecho y piernas, y volvió a dispararle mientras otros manifestantes se la llevaban para socorrerla. 

 

Suez

En Suez la mayoría de las víctimas se produjeron en los alrededores de la sede central de la Dirección de Seguridad, cerca de las calles Paraíso y Al-Shohadaa, entre el 2 y el 4 de febrero. El edificio de la Dirección de Seguridad está situado junto a una amplia plaza con jardines, desde donde, entre otras calles contiguas, los manifestantes intentaban acercarse él. El acceso al edificio estaba cortado por una barrera de alambre de espino.

Al atardecer, según los manifestantes, la policía antidisturbios disparó, sin previo aviso e indiscriminadamente, gases lacrimógenos y munición real mientras se acercaban a la Dirección de Seguridad. 

Mohamed Ahmed Atta

Según los informes recibidos, Mohamed Ahmed Atta perdió la vida en la tarde del 2 de febrero como resultado de un disparo que le alcanzó la parte superior del cuerpo mientras lanzaba piedras a la policía antidisturbios. Rami Mohamed, de 25 años de edad y miembro del “Bloque Juvenil de Suez”, confirmó a Amnistía Internacional que había presenciado cómo las fuerzas de seguridad disparaban contra Mohamed Ahmed Atta sin haber realizado ningún aviso previo.  El propio Rami Mohamed fue herido al día siguiente por un disparo en la pelvis, también mientras lanzaba piedras a la policía antidisturbios junto a la Dirección de Seguridad.

Mohamed Al-Sayed Ahmed Farrag

Mohamed Al-Sayed Ahmed Farrag, jornalero de 28 años, murió en la madrugada del 2 al 3 de febrero por la acción, al parecer, de un francotirador. Había estado lanzando piedras contra la policía antidisturbios. Los amigos de Mohamed han asegurado a Amnistía Internacional que presenciaron cómo la policía antidisturbios hacía un uso intensivo de gases lacrimógenos en las inmediaciones de la Dirección de Seguridad y decidieron subir a la azotea de un edificio de viviendas de 12 pisos, que está todavía en construcción, para escapar de los efectos del gas. 

El grupo afirma que desde el tejado del edificio pudieron ser testigos de cómo las fuerzas de seguridad disparaban munición real contra los manifestantes y vieron francotiradores apostados en lo alto del edificio de la Dirección de Seguridad y en los edificios cercanos a este.  Cada vez que la policía expulsaba a los manifestantes de la plaza, el grupo lanzaba piedras contra los antidisturbios. Alrededor de las 2 de la mañana Mohamed Al-Sayed se encontraba junto a una ventana cuando recibió un disparo en la cabeza que le causó la muerte instantáneamente.

 

Contexto

En junio de 2011 el secretario general de Amnistía Internacional entregó a Mansur Essawy, entonces ministro del Interior, una copia de la publicación de Amnistía Internacional Entender la labor policial. El libro explica las normas internacionales sobre el uso de la fuerza y las armas de fuego.

Estas normas requieren que los agentes de la ley solo usen la fuerza en la medida de lo necesario para conseguir un propósito legítimo y solo en proporción a ese propósito.

Debe ejercerse moderación, y utilizarse medios no violentos cuando sea posible para minimizar los daños y proteger vidas.

El uso de armas de fuego debería limitarse a situaciones en las que la vida o la integridad física de las personas se vean seriamente amenazadas. Tanto en El Cairo como en Suez el uso intensivo e indiscriminado de la fuerza y de armas de fuego sin previo aviso, causando un alto número de víctimas, indica que las fuerzas de seguridad hicieron caso omiso de las normas internacionales al responder a las manifestaciones.