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Japón libera a Hakamada Iwao tras 46 años condenado a muerte

Hakamada y su hermana abandonan la cárcel tras la puesta en libertad del primero. Iwao Hakamada ha pasado los últimos 46 años en un corredor de la muerte en Japón. © AP Photo/Kyodo News

Iwao Hakamada ha sido liberado de manera temporal en Japón después de que la Corte del Distrito de Shizuoka haya aceptado la solicitud de un nuevo juicio.

A pesar de que es una gran noticia, la Fiscalía ha interpuesto una apelación ante el Tribunal Superior de Tokio en contra de la decisión, a pesar de los múltiples llamamientos para que no lo hiciera. Esto puede conllevar que el Tribunal tarde hasta dos años en decidir si el nuevo juicio puede seguir adelante, lo que se añade a las décadas de tortura psicológica que ya ha sufrido Hakamada. Este recurso sólo servirá para aumentar su sufrimiento.

Esta decisión de los fiscales podría negar la posibilidad de un nuevo y merecido juicio a un hombre mayor. Parece que es una táctica deliberada para retrasarlo, sabiendo que el tiempo se acaba para Hakamada.

No se espera que Hakamada tenga que volver a prisión durante este tiempo. Acaba de cumplir 78 años y su salud se encuentra muy deteriorada después de pasar tantos años en el corredor de la muerte. Por ello, pedimos a las autoridades que le proporcionen, a él y a toda la gente que cuida de él, todo el apoyo que necesitan para ayudarle en su reinserción social.

Antiguo boxeador, Hakamada Iwao fue detenido y acusado de asesinato en 1966. Ha pasado los últimos 46 años en un corredor de la muerte tras ser declarado culpable por el Juzgado de Distrito de Shizuoka de asesinar al jefe de la fábrica en la que trabajaba, la esposa de éste y dos hijos de la pareja. Durante el juicio afirmó que la policía le había golpeado y amenazado para obligarle a firmar una “confesión” después de haber sido sometido a interrogatorios durante 20 días. En ninguno de estos interrogatorios contó con la presencia de un abogado.

Un elemento crucial de las pruebas de cargo fueron unas prendas de vestir, manchadas con sangre de las víctimas, encontradas en un tanque de la fábrica. Las prendas eran demasiado pequeñas para que fueran las que llevaba puestas Hakamada, pero la fiscalía afirmó que habían encogido mientras estaban sumergidas en el tanque. Según el abogado de Hakamada, el cuchillo presuntamente utilizado era demasiado pequeño para causar las heridas mortales y la puerta por la que se afirmó que había entrado en la casa de las víctimas y salido de ella estaba cerrada con llave.

Tras vivir recluido durante años en régimen de aislamiento y después de ver rechazados varios recursos judiciales, Hakamada comenzó a presentar síntomas de trastorno mental y en 2006 un informe médico estableció que sufría una enfermedad mental.



Información de contexto

En Japón las ejecuciones se llevan a cabo mediante ahorcamiento y habitualmente se realizan en secreto. Los condenados a muerte reciben la notificación de la ejecución el mismo día en que se va a llevar a cabo y, por lo común, solamente se informa a las familias después de la ejecución. El Ministerio de Justicia alega que este procedimiento evita la vergüenza a los familiares de los reos y reduce el sufrimiento psíquico de los condenados. Sin embargo, esto significa que los condenados viven con un miedo constante a la ejecución. Una vez que sus apelaciones se han agotado, un condenado a muerte en Japón puede esperar años o décadas antes de ser ejecutado.

El caso de Hakamada ha sido trabajado desde 2009 por Amnistía Internacional España, y de manera especial por el Grupo de Donostia-San Sebastián, donde se creó una Red de más de 500 personas que cada mes enviaban cartas a distintas autoridades de Japón pidiendo que no se ejecutara a Hakamada. Además, entre octubre y noviembre de 2011, activistas de más de 60 ciudades salieron a la calle en toda España para expresar su rechazo a la condena a muerte de Hakamada Iwao. La ciberacción por su caso recogió más de 32.000 firmas, que se entregaron en diciembre de 2011 en la Embajada de Japón en España.