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Irak: Las mujeres yazidíes que sobrevivieron a abusos del Estado Islámico, desatendidas

Manifestación de mujeres yazidíes kurdas contra las actuaciones del autodenominado Estado Islámico Ingo Wagner/picture-alliance/dpa/AP Images

A las mujeres y las niñas yazidíes que fueron esclavizadas, violadas y sometidas a otras torturas por el grupo armado autodenominado Estado Islámico (EI) se las está desatendiendo por falta de apoyo adecuado de la comunidad internacional, ha dicho hoy Amnistía Internacional.

Investigadores de la organización entrevistaron durante una visita a la región semiautónoma del Kurdistán de Irak, en agosto de 2016, a 18 mujeres y niñas secuestradas por el EI. Las mujeres y niñas habían escapado o habían sido puestas en libertad tras el pago de un rescate por sus familias. Varias de ellas habían estado al borde del suicidio o tenían hermanas o hijas que se habían suicidado a consecuencia de los atroces abusos sufridos durante su cautiverio. El sufrimiento de las que sobrevivieron se agrava por la indigencia en que viven actualmente, el dolor por los familiares que murieron a manos del EI y el temor por quienes siguen cautivos.

“Los inimaginables horrores sufridos por estas mujeres y niñas yazidíes bajo el cautiverio del EI arrojan una nueva luz sobre los crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra que continúan perpetrando el grupo. A muchas de ellas las violaron repetidas veces, las golpearon o las sometieron a otras torturas y siguen traumatizadas por sus desgarradoras experiencias”, ha dicho Lynn Maalouf, directora adjunta de investigación de la Oficina Regional de Amnistía Internacional para Oriente Medio y Norte de África.

 

“Estos perturbadores testimonios ponen de manifiesto la necesidad urgente de mayor apoyo internacional para ayudar a las supervivientes a afrontar el prolongado trauma físico y psicológico causado por los abusos que han sufrido y presenciado.”

Actualmente no hay establecido ningún sistema unificado para evaluar las necesidades de las personas supervivientes del cautiverio del EI. Es preciso hacer mucho más para garantizar que estas personas reciben la atención y el apoyo que necesitan urgentemente para reconstruir sus vidas.

Desde que los combatientes del EI atacaron la región noroccidental iraquí de Sinyar, en agosto de 2014, los yazidíes han sido objeto de ataques deliberados y sistemáticos. Miles de ellos han sido secuestrados, cientos de hombres y niños han sido masacrados y muchos han sido amenazados de muerte si no se convertían al islam. Cuando las secuestran, las mujeres y las niñas yazidíes son separadas de sus familiares y luego “regaladas” o “vendidas” a otros combatientes del EI en Irak y en Siria. A menudo los combatientes se las intercambian varias veces, las violan, las golpean o las someten a otros malos tratos, no las alimentan ni satisfacen otras necesidades y las obligan a limpiar, cocinar y realizar otras tareas.

Muchas de las mujeres que hablaron con Amnistía Internacional dijeron que les habían arrebatado a sus hijos. A los niños mayores de siete años se los llevaban para adoctrinarlos y darles adiestramiento militar, mientras que a las niñas las “vendían” como esclavas sexuales con tan sólo nueve años. Políticos locales, activistas y profesionales de la salud estiman que el EI sigue teniendo cautivas a unas 3.800 mujeres, niñas y niños. La suerte corrida por cientos de hombres yazidíes sigue sin conocerse y se teme que la mayoría hayan muerto.

Los horrores sufridos bajo el cautiverio del EI

Jamila*, mujer de 20 años de la ciudad de Sinyar secuestrada el 3 de agosto de 2014, dijo a Amnistía Internacional que fue violada repetidas veces por al menos 10 hombres tras ser “vendida” y pasar de un combatiente a otro. Al final fue liberada en diciembre de 2015, después de que su familia pagara una enorme suma a su captor.

Jamila contó que los combatientes la obligaban a ella y otras mujeres y niñas en Mosul a quitarse la ropa y “posar” para fotografiarlas antes de “venderlas”. Ella intentó escapar dos veces, pero en ambas ocasiones la atraparon. En castigo, la ataron de piernas y manos a una cama y la violaron en grupo, además de golpearla con cables y no alimentarla.

Como otras mujeres las atroces experiencias vividas en su cautiverio la hicieron pensar en suicidarse. Pero está decidida a hablar: “No quiero ocultar lo que ocurría para que la gente pueda ayudar a quienes aún están bajo el cautiverio del Daesh [sigla en árabe del EI] y también ayudar a quienes han sobrevivido a reconstruir sus vidas.”

Nour, una muchacha de 16 años de Siba Sheikh Khidir que tuvo una hija durante los casi dos años que pasó en cautiva del EI, fue trasladada al menos seis veces por varios lugares de Siria e Irak, tales como Tal Afar, Mosul, Alepo y Raqqa. Nour describió cómo el EI deshumanizaba a los yazidíes al maltratarlos.

“Para ellos somos ‘kuffar’ [infieles] y pueden hacernos lo que quieran. Era muy humillante. Nos encarcelaban, no nos alimentaban, nos golpeaban [a todos], incluso a los niños pequeños, nos compraban y nos vendían y hacían lo que querían con nosotros [...] Es como si para ellos no fuéramos seres humanos”, afirmó, y luego añadió que aún tenía tres hermanas y una tía cautivas.

“Yo ya estoy libre, pero hay otras personas que siguen viviendo esta pesadilla y no tenemos dinero suficiente para mantenernos y lograr que nuestros familiares vuelvan.”

Fahima, mujer de 31 años madre de siete hijos, de la región de Sinyar, escapó del cautiverio del EI en febrero de 2016, pero dos de sus hijas –Nadia, de 12 años y Nurin, de tres– siguen en manos del EI, al igual que tres de sus hermanas, su padre, su hermano y cuatro sobrinos y sobrinas. Fahima contó a Amnistía Internacional que, antes de que se la llevaran, su hija Nadia vivía aterrorizada: “Ella sabía que el Daesh se llevaba a las niñas. Me había dicho muchas veces: ‘Mamá, si me llevan, me mataré’.”

Las supervivientes dijeron frecuentemente a Amnistía Internacional que sufrían episodios de depresión grave y también de ira, y muchas tenían pensamientos suicidas. Algunas habían intentado suicidarse durante su cautiverio o tras escapar.

Shirin, de 32 años, madre de seis hijos y natural de Tel Qasab, un pueblo del oeste de Sinyar, fue secuestrada en Solakh el 3 de agosto de 2014, junto con cinco de sus hijos de entre cinco y 11 años. Su hija de 13 años se suicidó tras escapar del cautiverio del EI.

“Había combatientes del Daesh de todas las nacionalidades. Vi a europeos y a árabes, e incluso a kurdos... Se llevaron a mi hijo mayor [de 10 años] y a dos de mis hijas, Nermeen [de 11], y Seveh, [de 17]. A Seveh se la llevaron junto con su hijo”, dijo Shirin.

La propia Seveh dijo a Amnistía Internacional que había pasado por seis combatientes distintos en Irak y en Siria antes de ser “vendida” de nuevo a su familia en noviembre de 2015. Durante su cautiverio la violaron y agredieron una y otra vez. Sus captores también golpeaban a su hijo de tres meses y de cuando en cuando les hacían pasar hambre. Seveh intentó suicidarse tres veces, pero otras cautivas se lo impidieron.

Sigue sufriendo graves secuelas físicas y psicológicas de su suplicio y continúa atormentándola el suicidio de su hermana poco después de escapar y la suerte de los familiares que siguen desaparecidos.

Su hermana Nermeen estaba tan angustiada por su experiencia en el cautiverio que se encerró en un habitáculo del campo de personas desplazadas en donde vivían en Zajo (gobernación de Dohuk) y se prendió fuego. La llevaron urgentemente al hospital, pero murió tres días después.

“En el hospital le pregunté por qué lo había hecho y me respondió que no podía soportarlo más. Sufría todo el tiempo, lloraba todo el tiempo”, dijo a Amnistía Internacional Shirin, la madre de Nermeen, añadiendo que la familia había solicitado reiteradamente para ella terapia especializada en el extranjero.

Además de cargar con su trauma, muchos supervivientes como Shirin tienen que pagar enormes deudas –que pueden ascender a miles de dólares estadounidenses– para devolver los préstamos que sus familias solicitaron para pagar su liberación.

Apoyo internacional inadecuado

La mayoría de las mujeres y niñas yazidíes que han conseguido escaparse del cautiverio del EI viven en terribles condiciones, bien con familiares empobrecidos que han sido desplazados de sus casas o bien en campos de personas desplazadas internamente en la región del Kurdistán de Irak. Sus necesidades sobrepasan el apoyo disponible.

Muchas necesitan ayuda económica y también psicológica. Una mujer de 42 años de la región de Sinyar, que pasó 22 meses cautiva con sus cuatro hijos, afirmó que seguía traumatizada. Contó cómo un combatiente especialmente cruel le rompió los dientes a su hijo de seis años y se rió de él y golpeó con tanta fuerza a su hija de 10 años que la niña se orinó encima.

“Golpeó a mis hijos y los encerró en una habitación. Ellos estaban allí dentro llorando y yo lloraba también, sentada del otro lado de la puerta. Le supliqué que nos matara, pero dijo que no quería ir al infierno por nuestra culpa”.

 

A esta mujer también le preocupaba cómo iba a devolver el dinero que se había pedido prestado para conseguir su liberación. Había dejado de ir al médico porque no podía permitírselo.Es necesario empoderar a los supervivientes y darles los medios para mantenerse a ellos y a sus familias. Actualmente no hay ningún sistema unificado para evaluar y responder a las necesidades de las personas que sobrevivieron al cautiverio del EI, y la mayoría dependen de sus redes comunitarias y familiares para conseguir ayuda. Los servicios y la ayuda humanitaria que diversos gobiernos, ONG y organizaciones de la ONU ofrecen actualmente a los supervivientes carecen de la financiación necesaria y son de calidad variable.

Un programa apoyado por el gobierno alemán llevó a Alemania a 1.080 yazidíes –supervivientes de violencia sexual y sus familiares próximos– para que recibieran tratamiento especializado, pero hay una imperiosa necesidad de más iniciativas como ésta.

Una mujer sexagenaria de la región de Sinyar, que ahora vive en el campo de personas desplazadas internamente de Chem Meshko y tiene 32 familiares en manos del EI o en paradero desconocido, dijo a Amnistía Internacional: “El mundo entero sabe lo que le ha ocurrido a los yazidíes [...] Lo que yo quiero saber es lo que van a hacer al respecto.”

“Se puede y se debe hacer más para contribuir a restañar las cicatrices físicas y psicológicas que sufren las mujeres, los niños y las niñas tras largos periodos de cautiverio y ofrecerles una esperanza para que reconstruyan sus destrozadas vidas”, ha dicho Lynn Maalouf.

“La comunidad internacional debe hacer que su conmoción y su horror por los crímenes del EI y su solidaridad con los yazidíes que sobrevivieron a terribles actos de violencia sexual y otros actos de barbarie se traduzcan en acciones concretas. Los donantes deben hacer más, creando y financiando programas especializados de apoyo y tratamiento en consulta con supervivientes, activistas comunitarios y profesionales de la salud”.

La capacidad de las personas sobrevivientes para acceder a los servicios y desplazarse libremente a menudo se ve obstaculizada por la burocracia iraquí, y muchas tienen dificultades para conseguir documentos de identidad y de viaje que perdieron cuando el EI atacó Sinyar.

Aunque el número de supervivientes dispuestos a hablar de sus experiencias ha aumentado al haberse incrementado también los que han escapado del cautiverio del EI en los dos últimos años, continúa el estigma y el temor ante las actitudes sociales negativas y el impacto en las perspectivas de matrimonio de mujeres y niñas que estuvieron cautivas.

Rendición de cuentas por los abusos

Hasta ahora, en Irak no se han emprendido actuaciones judiciales ni se ha juzgado a nadie por crímenes contra la comunidad yazidí. Los pocos juicios por presuntos crímenes del EI que se han desarrollado en este país han servido de muy poco para determinar la verdad de las violaciones o proporcionar justicia y reparación a víctimas y supervivientes. Por ejemplo, los procedimientos en el juicio de 40 personas acusadas de participar en la matanza de unos 1.700 cadetes chiíes en el campamento militar de Speicher en junio de 2014 adolecieron de numerosos defectos y muchos acusados fueron declarados culpables por “confesiones” obtenidas bajo tortura.

“Si las autoridades de Irak piensan seriamente exigir responsabilidades a miembros del EI por crímenes atroces, deben ratificar con carácter de urgencia el Estatuto de Roma y declarar que la Corte Penal Internacional tiene competencia sobre la situación de Irak en relación con todos los crímenes cometidos en el conflicto. Deben promulgar leyes que penalicen los crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad y reformar los ámbitos de la seguridad y la justicia con arreglo a las normas internacionales”, ha dicho Lynn Maalouf.

“Entretanto, Irak debe cooperar con la comunidad internacional para garantizar una investigación y un procesamiento efectivos de estos crímenes. Es preciso dar prioridad a la preservación de las pruebas, de forma que los responsables de graves violaciones de derechos humanos puedan ser puestos en manos de la justicia en juicios con las debidas garantías, algo esencial para garantizar que las víctimas yazidíes –y todas las víctimas de crímenes de derecho internacional en Irak– reciben la justicia y la reparación que merecen”.

*Todos los nombres se han modificado para proteger la identidad de las supervivientes.

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