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El Estado detiene, tortura y mata a personas de etnia oromo en su implacable represión de la disidencia

Los Oromo, discriminados y perseguidos en su propia tierra por el Estado. © AFP/Getty Images

Miles de miembros del mayor grupo étnico de Etiopía, los oromo, están siendo objeto de un hostigamiento despiadado por parte del Estado debido a su presunta oposición al gobierno, ha manifestado Amnistía Internacional en un nuevo informe publicado hoy.

En el informe, “Because I am Oromo” – Sweeping repression in the Oromia region of Ethiopia, se explica que los oromo sufren de manera habitual detenciones arbitrarias, reclusión prolongada sin cargos, desapariciones forzadas, tortura reiterada y ejecuciones extrajudiciales en el marco de los incesantes intentos del gobierno de sofocar la disidencia.


“La represión implacable que ejerce el gobierno etíope contra los oromo por su disidencia real o imaginaria es de proporciones inmensas y, a menudo, de una brutalidad espantosa”, ha señalado Claire Beston, investigadora de Amnistía Internacional sobre Etiopía.


“Parece tener por objeto prevenir, controlar o silenciar toda muestra de ‘desobediencia política’ en la región.”

Más de 200 testimonios reunidos por Amnistía Internacional revelan que la hostilidad general del gobierno etíope hacia la disidencia ha dado lugar a violaciones generalizadas de derechos humanos en Oromía, donde las autoridades prevén una fuerte oposición. Se sale en busca de toda presunta señal de disidencia en la región para eliminarla, a menudo de manera preventiva y brutal.

Al menos 5.000 personas de etnia oromo han sido detenidas entre 2011 y 2014 por su oposición pacífica, real o supuesta, al gobierno.

Entre ellas figuran manifestantes pacíficos, estudiantes, miembros de partidos políticos de oposición y personas que expresaban su herencia cultural oromo.

Además de estos grupos, también son a menudo víctimas de detención en Oromía personas de todas la condiciones –campesinos, profesores, profesionales médicos, empleados públicos, cantantes, empresarios y muchos otros– por la mera sospecha de no ser partidarias del gobierno. Muchas son acusadas de “incitar” a otras en contra del gobierno.

También los familiares de las personas sospechosas sufren, por extensión, hostigamiento, simplemente porque se piensa que comparten o “heredan” sus opiniones, o son detenidos en lugar de ellas.

Muchas personas llevan meses o incluso años detenidas sin cargos y sufren reiteradas torturas. En toda la región, centenares de personas se encuentran detenidas de manera no oficial en bases militares. A muchas se les niega el acceso a abogados y a sus familias.  

Se ha matado a decenas de disidentes o presuntos disidentes.
A la mayoría de las víctimas de la represión se las acusa de apoyar al Frente de Liberación Oromo, grupo armado de la región.

Sin embargo, no suele probarse tal acusación y en muchos casos jamás se presentan cargos ni se lleva a juicio al detenido. A menudo es sólo un pretexto para silenciar las voces críticas y justificar la represión.

“Se detiene por las razones más inverosímiles, como organizar un grupo cultural estudiantil, ser hijo de alguien de quien se sospechaba que pertenecía al Frente de Liberación o ayudar en el parto a la esposa de un presunto miembro del grupo armado –ha explicado Claire Beston–. Con frecuencia es por no querer afiliarse al partido gobernante.”

En abril y mayo de 2014, la situación en Oromía llamó bastante la atención internacional al disparar la fuerzas de seguridad con munición real durante una serie de manifestaciones y golpear a centenares de personas que participaban pacíficamente en ellas o que se encontraban casualmente allí. Mataron a decenas de personas y detuvieron a millares.

“No era en absoluto la primera vez que ocurría algo así en Oromía; esos incidentes no eran más que los últimos y más sangrientos de una larga constante de represión. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, la situación en la región pasa desapercibida, ha afirmado Claire Beston.

Tortura
En el informe de Amnistía Internacional se documenta el uso habitual de la tortura contra disidentes o presuntos disidentes oromo en comisarías de policía, prisiones, cuarteles, e incluso sus propias casas.

Un profesor contó que le habían clavado una bayoneta en el ojo durante su tortura bajo custodia por negarse a hacer propaganda del partido gobernante en sus clases.

Una niña explicó que, estando detenida en una base militar, le habían puesto ascuas de carbón en el estómago por ser su padre sospechoso de apoyar al Frente de Liberación Oromo.

A un estudiante lo ataron en posturas forzadas y lo colgaron de la pared por una muñeca porque pensaban que un proyecto comercial que había elaborado para una competición universitaria tenía una motivación política.

Muchas personas que habían estado detenidas explicaron que se torturaba con métodos como palizas, aplicación de descargas eléctricas, simulacros de ejecución, uso de metales candentes o plástico fundido para causar quemaduras y violación, incluidas violaciones colectivas.

Aunque la mayoría de las personas entrevistadas que habían estado detenidas dijeron que jamás las habían llevado a los tribunales, muchas explicaron que las habían torturado para obligarlas a hacer una confesión.

“Entrevistamos a ex detenidos a quienes les faltaban dedos, las orejas y dientes, con heridas en los ojos y con cicatrices por todo el cuerpo, producidas por palizas, quemaduras y puñaladas, todo ello –cuenta Claire Beston– como consecuencia de tortura, decían.”

Las personas detenidas soportan terribles condiciones, como hacinamiento extremo, reclusión en celdas subterráneas, obligación de dormir en el suelo y falta de comida suficiente. A muchas no se les permite salir jamás de la celda, excepto para ser interrogadas y, en algunos casos, ni siquiera para ir al retrete a parte de una o dos veces al día. Algunas contaron que habían estado meses seguidos encadenadas de pies o manos.

A medida que se aproximan en Etiopía las elecciones generales de 2025, es probable que el gobierno persista en sus esfuerzos por eliminar la disidencia, incluso por medio de detenciones arbitrarias y otras violaciones de derechos humanos, e incluso que los intensifique.

“El gobierno etíope debe poner fin al vergonzoso hostigamiento a que somete a millares de personas de etnia oromo debido únicamente a las opiniones políticas que tienen o parecen tener. Debe dejar de recurrir a la detención sin cargos, la tortura y los malos tratos, la desaparición forzada y los homicidios ilegítimos para silenciar a disidentes y presuntos disidentes”, ha afirmado Claire Beston.

Las personas entrevistadas contaron reiteradamente a Amnistía Internacional que no servía de nada intentar denunciar o pedir justicia en caso de desaparición forzada, tortura, posible homicidio ilegítimo u otra violación de derechos humanos. A algunas las habían detenido al ir a preguntar por la suerte o el paradero de un familiar.

Amnistía Internacional cree que es necesaria la intervención con urgencia de organismos regionales e internacionales para llevar a cabo investigaciones independientes sobre estas denuncias de violaciones de derechos humanos cometidas en Oromía.


Información complementaria

Este informe está basado en más de 240 testimonios reunidos por Amnistía Internacional, entre ellos 176 entrevistas realizadas en persona a refugiados oromo entre julio de 2013 y julio de 2014 en cuatro lugares principales: Nairobi y el campo de refugiados de Kakuma (Kenia), Hargeisa (Somalilandia) y Kampala (Uganda). Se realizaron también alrededor de 40 entrevistas por teléfono y correo electrónico con personas de distintas partes de Oromía y de Addis Abeba entre 2012 y 2014, y 30 más en persona en Etiopía, Egipto y Kenia entre 2011 y 2012. Desde 2011 no se permite a Amnistía Internacional el acceso a Etiopía para llevar a cabo investigaciones

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