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"Desaparecidos" en la "guerra contra el terror"

El 30 de agosto, Día Internacional de los Desaparecidos, Amnistía Internacional  presta atención especial a la dramática situación en la que se encuentran las personas que se hallan bajo custodia secreta y no reconocida de Estados Unidos en la llamada “guerra contra el terror”.

 

Tener recluida a una persona en detención secreta, sin revelar la suerte o el paradero del detenido, o el hecho mismo de su detención, constituye “desaparición”, una violación de derechos humanos en sí misma que pone al “desaparecido” en peligro de sufrir nuevos actos de tortura y malos tratos. La “desaparición” a su vez se ha revelado como constitutiva de tortura o malos tratos contra la persona “desaparecida” y contra sus familias, privadas de toda información y desesperadas por conseguir noticias.

 

Más de 70.000 personas han sido detenidas por fuerzas estadounidenses durante la “guerra contra el terror”, y un número indeterminado está recluido en lugares desconocidos en varios países: Jordania, Pakistán, Egipto, Tailandia y Afganistán. Amnistía Internacional ha podido documentar al menos 27 muertes bajo custodia estadounidense. Incluso, informes oficiales de Estados Unidos han documentado la existencia de “detenidos fantasmas”, recluidos en secreto en prisiones conocidas y trasladados dentro de la prisión para ocultarlos del Comité Internacional de la Cruz Roja (CIRC). Se cree que son todavía más de 10.000 las personas que continúan bajo custodia estadounidense en prisiones y campos de detención.

 

 

Tortura y detención secreta

 

El pasado mes de junio, Amnistía Internacional pudo visitar a dos detenidos yemeníes, Muhammad Faraj Ahmed Bashmilah y Salah Nasser Salim ‘Ali que durante más de un año y medio fueron, de hecho “desaparecidos”.

 

Muhammad Faraj Ahmed Bashmilah, yemení y amigo de Nasser fue detenido en Jordania cuando viaja por motivos familiares. Estuvo en una prisión donde sólo vio a guardias jordanos y estadounidenses, hasta que fue trasladado bajo custodia a Yemen, más de un año y medio después. En los interrogatorios la hacían preguntas sobre su estancia en Afganistán pero nunca le dieron explicaciones de qué se le acusaba.

 

Salah Nasser Salim ‘Ali, yemaní de 27 años, fue detenido en agosto de 2003 en Indonesia. Cuenta que lo trasladaron a Jordania, donde lo torturaron. Lo interrogaron pero nunca le dijeron por qué lo habían detenido. Salah afirma que, después, guardias estadounidenses le vendaron los ojos y lo trasladaron a un lugar secreto donde estuvo entre seis y ocho meses, en una diminuta celda donde un cubo le servía de retrete. Luego estuvo en otro centro donde sus condiciones mejoraron, pero seguía estando en régimen de aislamiento, siempre esposado y encadenado.

 

En ningún momento, a ninguno a los detenidos les facilitaron algún tipo de información, como tampoco informaron a sus abogados, sus familiares, el CICR u otra persona u organismo pertinentes con respecto a su detención o su paradero.

 

Para Amnistía Internacional, los actos descritos por Muhammad Faraj Ahmed Bashmilah y Salah Nasser Salim ‘Ali fueron claramente actos de "desaparición". Actualmente, permanecen detenidos en Yemen, a pesar de que las autoridades yemeníes reconocen que no existen motivos jurídicos para ello. Según la propias autoridades relataron a Amnistía Internacional, Muhammad Faraj y Salah Nasser siguen detenidos a instancias de las autoridades estadounidenses. Amnistía Internacional pide su puesta en libertad inmediata y que tengan acceso a tratamiento médico y a la rehabilitación que precisen.

 

Un grito de protesta puede acabar con mil gritos de dolor

Para que se aclare la situación de los “desaparecidos” en la “guerra contra el terror”, se ponga fin a la reclusión secreta y en régimen de incomunicación, que además de constituir en sí una grave violación de los derechos humanos crea condiciones propicias para que se desarrolle la tortura; Amnistía Internacional puso en marcha el pasado 25 de junio la campaña, Un grito de protesta puede acabar con mil gritos de dolor.

 

 

A través de la página web de esta campaña www.es.amnesty.org/tortura/, más de 68.000 personas han enviado correos electrónicos a la administración Bush para que:

 

· Ponga fin a la reclusión secreta y en régimen de incomunicación, así como a las “desapariciones”.

· Investigue todas las denuncias de tortura y malos tratos.

· Procese a todas las personas presuntamente responsables de violaciones de derechos humanos.

· Libere o celebre juicios a los detenidos con totales garantías.

 

Y más de 2.000 personas han grabado sus gritos de No a la tortura, dirigidos al Presidente estadounidense, para expresar el retundo rechazo de la sociedad española contra esta violación de los derechos humanos.