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China: En un vídeo grabado previamente, un abogado de derechos humanos preveía tortura a manos de la policía

La familia del abogado de derechos humanos chino detenido Yu Wensheng difundió el jueves un vídeo en el que el propio Yu Wensheng declara que nunca despedirá a los abogados que ha elegido. Filmado antes de su detención, el vídeo contradice las afirmaciones policiales de que Yu Wensheng despidió voluntariamente a sus abogados. En respuesta a estos sucesos, Patrick Poon, investigador de Amnistía Internacional sobre China, ha declarado:

“El vídeo sugiere enérgicamente que Yu Wensheng ha sido sometido a tortura u otros malos tratos bajo custodia para obligarlo a despedir a los abogados contratados por su familia. La idea de que Yu Wensheng, abogado de derechos humanos que ya ha sido torturado bajo custodia anteriormente, haya despedido voluntariamente a sus abogados es inverosímil”.

“El gobierno debe permitir de inmediato a Yu Wensheng acceso a abogados elegidos por él o por su familia. El derecho de Yu Wensheng a recibir un juicio justo se ve seriamente minado por el hecho de que lleva más de tres meses detenido sin acceso a un abogado de su elección.”

Información complementaria

A Yu Wensheng lo detuvieron cuando llevaba a su hijo a la escuela el 19 de enero de 2018. Primero estuvo recluido bajo custodia de la policía de Pekín y luego fue puesto bajo “vigilancia domiciliaria en una ubicación designada”, de hecho una detención secreta y en régimen de incomunicación, por la sección del distrito de Tongshan del Departamento de Seguridad Pública de la ciudad de Xuzhou, en la provincia de Jiangsu.

El 19 de abril fue detenido formalmente por el Departamento de Seguridad Pública de la ciudad de Xuzhou como sospechoso de “incitar a la subversión del poder del Estado” y “obstaculizar las funciones de agentes públicos”.

Durante un periodo de detención anterior, Yu Wensheng fue torturado por agentes de seguridad pública. En octubre de 2014 fue detenido y estuvo 99 días bajo custodia del Departamento de Seguridad Pública de Daxing, en Pekín. Según contó a Amnistía Internacional, al comienzo de más de 200 interrogatorios, los policías sólo lo insultaban. Luego, lo esposaban con las manos por detrás del respaldo de la silla metálica. Sentía los músculos y articulaciones totalmente en tensión. “Las manos se me hincharon y sentí tanto dolor que no quería vivir. Los dos policías tiraban una y otra vez de las esposas. Cada vez que lo hacían, gritaba”, contó a Amnistía Internacional.

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