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Informe 2016/17

© Alamy/Reuters/Jonathan Bachman

Es hora de que nos alcemos todos juntos y acabemos con la política de demonización que está creando un mundo dividido y peligroso.

Con la presentación de su Informe Anual, Amnistía Internacional pide a las personas de todo el mundo que no permitan que la retórica del miedo, la acusación y el odio erosionen la visión de una sociedad abierta basada en la igualdad. Si cada uno de nosotros se pronuncia y actúa para proteger nuestros derechos humanos, juntos podemos cambiar de rumbo.

El año 2016 ha sido el año del “nosotros contra ellos”, un año en el que líderes populistas señalaban a grupos concretos de personas como una amenaza para los intereses nacionales. Si aumenta el número de países que desmantelan nuestros derechos en nombre de la seguridad nacional, se podría producir un colapso total de los cimientos de los derechos humanos universales.

Movimientos pacíficos como la Marcha Internacional de Mujeres, las protestas a favor de la democracia en Gambia y las protestas estudiantiles de Ayotzinapa en México deben inspirarnos a todos para defender nuestras libertades.

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¡Lo quiero!
Apretón de manos entre Bashar al-Assad y Vladimir Putin
Putin y Bashar al-Assad en el Kremlim. © Alexei Druzhinin/AP/PA Images
© ADEM ALTAN

La situación del mundo: un rechazo global de los derechos humanos

Las profundas transformaciones políticas de 2016 revelaron el potencial de la retórica del odio para desatar el lado oscuro de la naturaleza humana. Sea Trump (Estados Unidos), Orban (Hungría), Modi (India), Erdogan (Turquía) o Duterte (Filipinas), son cada vez más los políticos que se autodenominan antisistema y esgrimen una política de demonización que acosa, convierte en chivos expiatorios y deshumaniza a grupos enteros de personas para obtener el apoyo del electorado.

Esta retórica tendrá un impacto cada vez más peligroso en la política real. En 2016, los gobiernos hicieron caso omiso de crímenes de guerra, impulsaron acuerdos que menoscaban el derecho a solicitar asilo, aprobaron leyes que violan la libertad de expresión, incitaron al asesinato de personas sólo porque consumen drogas, legitimaron la vigilancia masiva y ampliaron facultades policiales draconianas.

Cuantos más gobiernos se retractan de sus compromisos con los derechos humanos fundamentales en su propio país, menos liderazgo vemos en el panorama mundial, en el que gobiernos por doquier se envalentonan para incorporarse a un rechazo global de los derechos humanos.

Esto podría tener consecuencias desastrosas dada la ya lamentable respuesta global a las atrocidades masivas en 2016, cuando el mundo se quedó de brazos cruzados mientras se desarrollaban los acontecimientos en Alepo, Darfur y Yemen.

Mientras tanto, varios países más, como Bahréin, Egipto, EtiopíaFilipinas y Turquía, llevaban a cabo campañas de represión masivas. Otros países implementaron medidas de seguridad intrusivas, como los prolongados poderes de excepción en Francia y las leyes sobre vigilancia sin precedentes en Reino Unido.

Otra característica de la política de mano dura fue el aumento de la retórica antifeminista y anti LGBTI, como los intentos de desmantelar los derechos de las mujeres en Polonia que fueron recibidos con protestas masivas.

EN CIFRAS

23

Crímenes de guerra cometidos en al menos 23 países

36

Países que devolvieron ilegalmente a personas refugiadas a un país donde sus derechos corrían peligro

22

Países en los que se dio muerte a personas por defender pacíficamente los derechos humanos

© LOUISA GOULIAMAKI

Es hora de defender nuestros derechos

No podemos depender de los gobiernos para que protejan nuestras libertades; tenemos que defenderlas nosotros mismos. Tenemos que unirnos y resistirnos al desmantelamiento de unos derechos humanos arraigados. Debemos luchar contra el discurso engañoso de que tenemos que renunciar a nuestros derechos humanos a cambio de prosperidad y seguridad.

Podemos encontrar inspiración en valientes activistas del pasado. En las épocas de oscuridad, las personas han contribuido al cambio pronunciándose, sea como activistas por los derechos civiles en Estados Unidos, como activistas antiapartheid en Sudáfrica o como movimientos por los derechos de las mujeres y LGBTI en todo el mundo.

Los pequeños actos individuales pueden contribuir a un cambio real cuando nos alzamos para defender los derechos humanos. Pero la solidaridad global es crucial si queremos protegernos mutuamente de unos gobiernos que representan rápidamente la disidencia como una amenaza para la seguridad nacional y el desarrollo económico.

LA SITUACIÓN DEL MUNDO EN 2016/2017

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