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Italia: Puntos críticos

© REUTERS/Darrin Zammit Lupi
© REUTERS/Darrin Zammit Lupi

Miles de personas siguen cruzando el Mediterráneo huyendo de la persecución, el conflicto y la pobreza, en busca de protección y una vida digna en Europa.

El enfoque denominado de “puntos críticos” adoptado por Europa para recibir a las personas refugiadas y migrantes en países clave de llegada como Italia se introdujo en 2015 para identificar, examinar y filtrar con más rapidez a todos los hombres, mujeres, niños y niñas recién llegados.

Pero la investigación de Amnistía Internacional indica que, en Italia, hay casos en los que más que “identificar, examinar y filtrar”, ha servido para cometer “abusos, engaños y expulsiones”.

Mientras miles de personas refugiadas y migrantes tratan de atravesar Italia sin ser identificadas para pedir asilo en otros países, Amnistía Internacional ha recibido informes coincidentes sobre métodos de coacción empleados por la policía italiana para obtener huellas dactilares que incluyen denuncias de palizas, descargas eléctricas y humillación sexual.

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La policía inscribe a unos hombres tras una operación de salvamento de personas refugiadas y migrantes en el mar, 1 de enero de 2016, en el puerto de Messina, Sicilia.
La policía inscribe a unos hombres tras una operación de salvamento de personas refugiadas y migrantes en el mar, 1 de enero de 2016, en el puerto de Messina, Sicilia. © AFP/Getty Images

El examen apresurado de personas que acaban de desembarcar y están aún traumatizadas, sin darles asesoramiento ni información adecuados, podría negarles la capacidad de pedir asilo y las protecciones a las que tienen derecho legalmente.

Por otra parte, el énfasis de Europa en expulsar a más personas —incluso si esto implica llegar a acuerdos con gobiernos conocidos por cometer abusos contra los derechos humanos— tiene como consecuencia la devolución de personas a lugares donde corren el riesgo de sufrir tortura u otras violaciones graves de sus derechos.

Malos tratos para obtener huellas digitales

La obtención de huellas digitales es una medida clave para Europa para identificar a las personas que llegan a sus costas. El Reglamento Dublín de Europa, en cuya virtud los países pueden devolver a solicitantes de asilo al primer país de la UE al que llegaron, depende de las huellas digitales para identificar quién llegó y adónde.

Antes de mediados de 2015 Italia tenía un éxito limitado a la hora de obtener las huellas de quienes se negaban a darlas porque querían pedir asilo en otros países, para gran consternación de otros países europeos.

ITALIA: PUNTOS CRÍTICOS

Italia: Palizas y expulsiones ilegales ante la presión de la UE para usar mano dura con refugiados y migrantes

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Personas migrantes y refugiadas esperan desembarcar en el puerto de Messina tras una operación de salvamento en el mar del guardacostas italiano "Diciotti", el 17 de marzo de 2016 en Sicilia.
Personas migrantes y refugiadas esperan desembarcar en el puerto de Messina tras una operación de salvamento del guardacostas italiano "Diciotti", el 17 de marzo de 2016 en Sicilia. © AFP/Getty Images

Así pues, la UE implementó un nuevo enfoque e impuso el objetivo de obtener el cien por cien de las huellas digitales en Italia, incluso recomendando el uso de la fuerza si era necesario. Cumplir este objetivo ha llevado a las autoridades italianas al límite —y más allá— de lo que es permisible en virtud del derecho internacional de los derechos humanos.

Los gobiernos europeos habían acordado redistribuir a algunas de las personas solicitantes de asilo que llegaban a otros Estados miembros de la UE para aliviar la presión sobre Italia. Pero hasta ahora no han cumplido este compromiso y solamente han reubicado a un pequeño número de solicitantes de asilo.

Durante 2016, Amnistía Internacional ha recibido un número significativo de informes sobre uso excesivo de la fuerza a manos de la policía durante la obtención de huellas digitales de personas refugiadas y migrantes, entre ellas mujeres y menores no acompañados.

Algunas denunciaron que, para obligarlas a dar sus huellas, les infligieron torturas como palizas, descargas con porras eléctricas y humillaciones sexuales o infligir dolor en los genitales.

Amnistía Internacional ha trasladado al Ministerio del Interior italiano estos informes y ha instado al Ministerio a que responda a las denuncias.

Asladain, de 19 años, de Etiopía

Me fui de Etiopía por la situación política. Soy de la etnia oromo. En Etiopía, si eres oromo no puedes hacer nada. Te detienen y pueden matarte. Detuvieron a mi padre y no sé dónde está. Mi madre huyó a Sudán, pero no he tenido contacto con ella en cinco meses.

En 2014 me fui y permanecí en Sudán nueve meses. Pero el gobierno etíope también puede encontrarte allí con la ayuda del gobierno sudanés, por lo que me fui de nuevo y llegué a Bengasi (Libia), en 2015. Desde allí nos fuimos a Italia. No sé a qué lugar llegamos. Cuando salimos del bote nos llevaron en autobús a un centro cerca del mar. Me pidieron mis datos, me hicieron una foto y me dieron un número. Después nos trasladaron a un campamento. La policía nos llevó a una oficina en grupos pequeños, donde nos pidieron nuestras huellas dactilares. Les dije que no quería. Me golpearon, me abofetearon, no sé cuántas veces. Me negué de nuevo, así que sacaron las esposas, me las pusieron en las muñecas y me llevaron —un policía de cada brazo, acompañados de perros— a la prisión del campamento. Allí vi a otros muchos etíopes. Me dijeron que lo mejor era que accediera a que me tomasen las huellas y que una persona había estado [en prisión] un mes. Estaba muy estresado, mi ritmo cardíaco se aceleró [...], le dije a la policía: “De acuerdo, les dejaré que tomen mis huellas dactilares”.

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Personas migrantes y refugiadas llegan al puerto de Augusta, en el este de Italia, el 27 de septiembre de 2015.
Personas migrantes y refugiadas llegan al puerto de Augusta, en el este de Italia, el 27 de septiembre de 2015. © AFP/Getty Images

Nuevos exámenes, menos garantías

Intenta imaginarlo: has huido de tu casa, tal vez estés separado de tu familia y tus amigos, has hecho un viaje peligroso y agotador en condiciones terribles, luego te has jugado la vida cruzando el mar, normalmente después de pasar meses en Libia, donde son endémicas las detenciones, los secuestros, la tortura y las violaciones. Entonces, en el mismo instante en que todo ha acabado, te piden que tomes decisiones cruciales que afectarán al resto de tu vida, sin comprender del todo lo que te están pidiendo.

Esto es lo que les pasa a las personas refugiadas y migrantes al llegar a Italia. Son examinadas en cuanto desembarcan, sea de día o de noche. Muchas tienen miedo de la policía y están conmocionadas o muy débiles, y sólo se les da un acceso limitado a la información sobre los trámites para pedir asilo.

Les hacen preguntas incorrectas en el momento incorrecto y se les da acceso insuficiente a asesoramiento jurídico.

Mariam, 23 años, de Sudán, embarazada y con hijos de corta edad

Desde Egipto, viajé en barco hasta Italia, con mi hijo de cuatro años y mi hija de dos años y unas 400 personas más. Llegamos el 6 de junio, no sé adónde. Subimos a unos autobuses y nos llevaron a un centro rodeado con vallas, donde nos preguntaron nuestro datos. No nos dijeron nada sobre asilo, ni me dieron ninguna documentación. Sólo nos pidieron nuestras huellas dactilares “por razones de seguridad”. Después nos fuimos otra vez en los autobuses y al día siguiente llegamos a otro centro. Yo estaba embarazada y sangraba. En el centro en Vibo Valentia nos preguntaron quién quería dar sus huellas dactilares para presentar una solicitud de asilo. Como yo no quería solicitar asilo en Italia nos ordenaron que nos fuéramos. Fui caminando con mis hijos hacia la estación de tren pero llovía tanto que regresamos al centro. Yo seguía sangrando y necesitaba ayuda.

Cuando llegué había un policía de uniforme y un intérprete que hablaba árabe. Me dijeron que si no daba mis huellas dactilares no podíamos entrar. Así que se las dí. Lo hice por mi hijo y por mi hija, porque fuera estaba lloviendo y estaban empapados. Me preguntaron otra vez las mismas preguntas: nombre, apellido, nacionalidad, edad y lugar de partida.

Sólo entonces llamaron a una ambulancia para llevarme al hospital pero hasta el día siguiente no me atendieron. Me explicaron que las pérdidas se debían a que había viajado en una postura muy incómoda y que el bebé estaba vivo sólo porque había informado pronto del problema.

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Centro de acogida de personas refugiadas y migrantes del sur de Italia.
Centro de acogida de personas refugiadas y migrantes del sur de Italia. © Amnesty International

Expulsiones a cualquier precio

Este examen defectuoso hace que algunas personas sean clasificadas como “migrantes en situación irregular” y que se les ordene marcharse, a pesar de que podrían tener motivos para solicitar asilo. Además, alentada por la UE, Italia firma un número creciente de peligrosos acuerdos bilaterales con terceros países que permiten la devolución de personas a lugares donde podrían sufrir abusos graves contra los derechos humanos.

En agosto de 2016, las autoridades policiales de Italia y Sudán firmaron un nuevo acuerdo para ampliar la cooperación entre ambos países en materia de flujos de migrantes y fronteras, incluida la repatriación de migrantes sudaneses en situación irregular. Aunque el acuerdo no permite la devolución de quienes hayan pedido asilo en Italia, el proceso de identificación exigido es tan superficial que podría desembocar en el traslado rápido a Sudán de personas que, pese a no haber presentado una solicitud de asilo en Italia, correrían el riesgo de sufrir violaciones graves de derechos humanos de ser devueltas. Este acuerdo debe cancelarse.

Las autoridades italianas deben garantizar que sólo se devuelve a una persona después de evaluar debidamente los riesgos que afrontaría, y que no se devuelve a nadie a un lugar donde sería objeto de persecución, tortura u otras violaciones graves de derechos humanos.

Yaqoub, 23 años, de Darfur (Sudán)

Cuando la milicia armada (yanyawid) me atacó temí por mi vida y decidí marcharme de Sudán.
Viajé hasta llegar a Sicilia y acabar en Ventimiglia, en la frontera entre Italia y Francia. A la mañana siguiente, la policía me detuvo a mí y a otros cuatro compañeros. Cuando supieron que éramos sudaneses nos esposaron y nos llevaron a comisaría. Al día siguiente nos llevaron a un juzgado, donde el juez dijo que debía volver a mi país. Todo fue muy rápido. Nadie me dio ningún documento ni me dijo que podía recurrir contra la decisión. Creo que sólo querían expulsarnos. Tras pasar la noche en comisaría nos llevaron a Turín y nos hicieron subir a un avión de las líneas aéreas egipcias. Dentro del avión encontramos a otros 40 sudaneses deportados, de los que unos 15 eran también de Darfur, y el resto de diferentes regiones. Cuando aterrizamos nos recibieron unos agentes de seguridad vestidos de civil que nos llevaron a un área especial del aeropuerto para interrogarnos. Me preguntaron por qué quería marcharme del país y quién me había ayudado a viajar. Ahora tengo miedo de que los servicios de seguridad me estén buscando. Si me encuentran, no sé qué me pasará ni qué hacer.

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Migrantes hacen cola en un centro de la Cruz Roja de la ciudad de Ventimiglia, en la frontera de Italia y Francia, el 14 de septiembre de 2016.
Migrantes hacen cola en un centro de la Cruz Roja de la ciudad de Ventimiglia, en la frontera de Italia y Francia, el 14 de septiembre de 2016. © AFP/Getty Images

Recomendaciones a las autoridades italianas

  • Garantizar que las personas refugiadas y migrantes no son sometidas al uso excesivo de la fuerza, la tortura u otros malos tratos ni a detención arbitraria a manos de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley durante la toma de huellas digitales y otros trámites conexos.
  • No se deberá realizar ningún examen inmediatamente después de la llegada de solicitantes de asilo; primero se les deberá proporcionar la asistencia, la información y el asesoramiento necesarios sobre el trámite.
  • Toda expulsión deberá basarse en un examen justo e informado y en evaluaciones individuales, y nadie deberá ser devuelto a un país en el que corra el riesgo de sufrir violaciones graves de derechos humanos.

El enfoque de puntos críticos ha aumentado, en lugar de reducir, la carga de los Estados en primera línea de vigilar las fronteras, proteger a las personas solicitantes de asilo y mantener fuera a las personas migrantes en situación irregular. Esto está desembocando en violaciones de derechos humanos cuya responsabilidad directa es de las autoridades italianas, y la responsabilidad política, de los líderes de la UE.

Hay una necesidad mayor de que Europa comparta la responsabilidad de proteger a las personas refugiadas y de que no se transfiera la carga a los países receptores como Italia. Europa también necesita crear rutas seguras y legales para que nadie se vea forzado a hacer peligrosas travesías marítimas y poner su vida en manos de contrabandistas para buscar seguridad.