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Es mi cuerpo. No lo toques sin mi consentimiento

Texto: Mireya Cidón (@mnodic) Fotografías: Francisco Ruano

La violencia sexual está en la vida de las mujeres. Está en las calles por las que caminamos, en los comentarios inapropiados que muchos hombres venden como piropos, en cada tocamiento no consentido, en cada prejuicio existente... Es la violencia nuestra de cada día, esa que callamos, que no denunciamos y que, muchas veces, ni siquiera comentamos. Hay falta de sensibilidad en la sociedad, en las instituciones... y las víctimas, muy especialmente las víctimas de violencia sexual, se sienten abandonadas, incomprendidas, solas... No es fácil denunciar y lidiar con el sentimiento de culpa y vergüenza. Revivir lo vivido y escuchar frases como “¿cerró usted bien las piernas?” o “¿qué ropa llevaba puesta?”.

Uno de los objetivos de la campaña No Consiento es denunciar los estereotipos en la atención y protección de las víctimas de violencia sexual en España. Al hilo de este tema hemos querido conocer el sentir de las jóvenes universitarias de hoy en día. Hemos hablado con cuatro estudiantes para saber cómo viven ellas los estereotipos y prejuicios, cómo se enfrentan en su día a día, qué miedos tienen y cuáles son sus retos. Alba, Tea, Elena y Belén (de izquierda a derecha en la fotografía principal) lo viven así.

Comencemos por la pregunta más difícil de todas… ¿que haríais si fueras violadas?

Tea: Veamos… qué difícil responder… Imagino que tras una experiencia así me quedaría en shock. Me preguntaría: ¿Qué ha pasado? ¿Por qué ha pasado? ¿Grito? ¿Me levanto? ¡Qué situación de soledad, miedo, repulsión y desamparo! Pasaría unos primeros minutos de mucho desconcierto. Después creo que iría a un hospital. Soy estudiante de medicina y sé que tienen un protocolo establecido. Te hacen serologías para saber si has contraído alguna enfermedad de transmisión sexual. Te miran los genitales, comprueban si has sufrido una violación... Lo haría por mi salud pero también porque desconfío de la policía. No estoy segura de que me fueran a creer si me presento en comisaría sin un parte médico que certificase la violación. Después de todo lo que leo y veo en los medios… Tengo la sensación de que la policía no cree a las mujeres.

Alba:
Si soy sincera (se detiene unos segundos), no sé lo que haría… A veces callar es un mecanismo de defensa. No digo que esté bien, pero si me violaran no soportaría comentarios que insinuaran que tengo responsabilidad en lo ocurrido. Sería como sufrir una doble violación. Además de tener que recomponerme como ser humano, como mujer… ¿os imagináis tener que escuchar acusaciones de si vestía de tal o cuál manera, que si caminaba sola, que si había bebido, que si no grité? ¿Quién es la víctima en todo esto? ¿El agresor o la mujer violada?

Elena: Yo denunciaría inmediatamente porque parece que si no lo haces ocultas algo. También iría al hospital porque si no presentas lesiones físicas parece que lo has consentido.

Belén: Yo también iría a comisaría y al hospital. No sé en qué orden. Acompañada porque creo que no sería capaz de enfrentarme sola. Con miedo a no ser creída porque sé que a la más mínima duda se le da la razón al acusado y se le absuelve. Con dolor, desconcierto y una buena dosis de humillación.

¿Cómo reaccionarían vuestros amigos si fuerais víctimas de una violación? ¿Pensarían que tenéis parte de responsabilidad?

Elena: Sí, creo que algunos lo harían. Y son nuestros amigos, pero todavía se empatiza más con el agresor que con la víctima. Desde que somos jóvenes nos bombardean con mensajes que nos hacen pensar que tenemos que ser atractivas y deseables para los hombres, y al mismo tiempo nos dicen que tengamos cuidado porque si les provocamos en exceso nos exponemos a ser agredidas. Al final, si esto pasa, nos hacen pensar que la culpa es nuestra. Que somos nosotras las que tenemos que medir ese nivel de provocación y exposición, como si ellos no tuvieran que controlarse ni respetar nuestro “no”.

Tea: Mis amigos se preocuparían bastante por lo sucedido y por cómo estoy. Probablemente me harían muchas preguntas porque a la gente le gusta saber, y cuantos más detalles mejor. El ser humano necesita explicaciones de por qué suceden las cosas. Seguramente querrían saber qué estaba haciendo antes o por dónde iba. Y puede que fueran capaces de ver algo de responsabilidad en mí si algún detalle de la historia no les cuadrase.

Belén: A la sociedad parece que le cuesta entender que las mujeres no provocamos que nos violen, sino que nos cruzamos con hombres que se creen con derecho sobre nosotras y nuestros cuerpos. Quizás más que empatizar con el agresor lo que sigue sucediendo es que NO se empatiza con la víctima.

¿Los mensajes de advertencia son siempre para las chicas?

Alba: Sí, se nos cuestiona nuestra manera de vestir, de hablar, de sonreír, de mirar, de relacionarnos… Nos hacen pensar que la culpa es nuestra por provocar deseo sexual en los hombres. Tenemos que tener cuidado con qué ropa usamos, con quién hablamos, por dónde caminamos, a quién besamos…

Belén: La ropa es algo que se cuestiona permanentemente. En las discotecas las chicas que van más escotadas son las más acosadas por los chicos. Piensan que van provocando. A veces para pedir en la barra los propios amigos te dicen que vayas tú porque los camareros te atienden antes. Nosotras sabemos que la cantidad de ropa que llevamos no determina la cantidad de respeto que merecemos, pero ellos parece que se resisten a entenderlo. Aún así, nuestro mensaje está muy claro: Es mi cuerpo, no lo toques sin mi consentimiento.

¿Os sentís acosadas?

Alba: Sí, y donde más lo noto es en las redes sociales. Personalmente tengo mi cuenta de Instagram abierta y recibo mensajes obscenos y desagradables de chicos que no conozco. Me parece de muy mal gusto. Que mi cuenta sea pública no da permiso a nadie a faltarme al respeto y a enviarme mensajes subidos de tono y ofensivos. Lo más increíble es que incluso sin contestar, me siguen acosando.

Elena: Lo malo es que a veces pagan justos por pecadores. Hace poco me metieron en un grupo de Whatsapp por error y escribí al administrador para decírselo. Este chico me hizo alguna pregunta y me puse muy a la defensiva. Después me di cuenta de que era un buen chaval que no tenía intención de nada y pensé “pobre, me he pasado con él”, pero es que es tan fácil pensar que va a ser más de lo mismo...

¿Nunca os han escrito chicas?

Belén: No, nunca. Los que atosigan son chicos. Se dirigen a ti de una manera un tanto agresiva e insinuándote cosas del tipo: “Yo sé que te pongo un montón y que te estoy haciendo un favor” o “Sé que lo quieres”.

¿Qué ocurre cuando salís por la noche?

Tea: Si sales por la noche y formas parte de un grupo solo de chicas… ¡ármate de paciencia! Si llevas un chico o dos… bueno, parece que se cortan más, se acercan menos.

Elena: Sí, cuando vamos solo chicas tenemos pesados para toda la noche. El sábado pasado estábamos unas amigas y cuatro chicos se pusieron a mirarnos, pero a mirarnos descaradamente. Incluso al bailar uno de ellos empezó a empujar un poquito a una de mis amigas, como jugando, hasta que ella le dijo “perdona, pero me estás molestando”. Es cierto que no insistieron más y se fueron, pero estuvieron mucho rato mirando de manera descarada. Para ellos es como un juego pero hacen que te sientas incómoda y hasta un poco intimidada. No sé… de verdad... Por favor, ¡vete!

¿Pensáis que vuestros amigos os entienden?

Alba: No, no se ponen en nuestra piel y así es difícil empatizar. Nosotras a veces intentamos explicarles las cosas, pero acaban bromeando sobre ello, restando importancia a todo. No saben lo que es tener miedo a volver a casa sola por la noche o lo que es coger una calle en vez de otra porque has visto a un grupo de chicos. Ellos no viven situaciones del tipo “cuando llegues a casa, me mandas un mensaje” ni van hablando por el móvil para que parezca que estás con alguien. Aunque haya avances, nos siguen considerando inferiores.

Elena: A mí me vienen a buscar mis padres, sin embargo nunca han ido a buscar a mi hermano.

Belén: Yo diría que algunos chicos piensan que el “acoso” es positivo. A mí me han llegado a decir: “Ojalá una chica me dijera...”. Ellos lo interpretan como “me hacen caso”, “tengo éxito” y eso en sus cabezas “es bueno”.

Tea: Hay chicos que se sienten muy atacados. Piensan que todos estos cambios, críticas y movimientos sociales van contra ellos. Ahora bien, también pienso que si se sienten ofendidos es porque en algún momento han tenido esos pensamientos. Si no ¿por qué tanta ofensa?

¿Pensáis que se decide o se opina sobre las relaciones sexuales con una mirada masculina?

Alba: Sí. La primera vez que un chaval tiene un encuentro sexual con una chica no se le corona de milagro. Por ejemplo, cuando mi madre supo que yo había tenido relaciones sexuales no recibió la noticia con mucha alegría. Sin embargo, con mi hermano, no la vi muy preocupada.

Tea: En casa, los padres y madres no tratan este tema con la misma normalidad. La chica es siempre más cuestionada. Y encima si se queda embarazada la culpa es de ella por no haber obligado al chico a ponerse un condón. La responsabilidad es de ambos pero somos nosotras las que tenemos que estar pendientes, incluso de llevarlos nosotras por si ellos no los llevan.

Belén:
Ahora, por ejemplo, también se utilizan apps para ligar, y parece que si accedes a una cita ya estás consintiendo el sexo. Y puede que sí y puede que no... Pero siempre hay quien te puede hacer creer que tú lo has pedido, que eres una estrecha o que no vales lo suficiente como mujer. Atacan la autoestima y nuestro deseo de ser aprobadas.

La publicidad, el marketing, la tele… el hecho de que la mujer sea cosificada de manera tan cotidiana y normal, ¿creéis que legitima a los chicos a trataros como os tratan?

Tea: Sí, es lo que están viendo en todas partes. Se creen con derecho, es lo que viven. Pero por mucho que la publicidad lo intente, nuestro valor no reside en nuestra apariencia.

¿Os habéis sentido controladas por algún novio, pareja, amigo…?

Elena: A mí el tic azul y la última conexión de Whatssap me parecen unas armas peligrosísimas. Personalmente me han intentado controlar en el sentido de “sé que te has conectado, que me has leído y no me has contestado”. Me harté de la situación y acabé quitando los tics azules.

Belén: Hay muchas chicas que no son conscientes de cómo las controlan o de cómo las intentan controlar. Muchas hasta que no dejan la relación no se dan cuenta de cómo las manipulaban o lo controladas que estaban siendo.

Alba:
A mí me intentaron controlar en el sentido de que mi prioridad tenía que ser  él. Si entraba en Whatsapp y tardaba más de dos minutos en contestarle, quería saber qué hacía o con quién estaba hablando. Intentó controlarme el móvil también y que le dedicara todo mi tiempo libre, establecer una relación de poder. Cuando lo dejamos utilizó todas las tácticas posibles para evitar la ruptura. Desde la pena a la intimidación. Ahora mismo le tengo bloqueado en todas las redes sociales e incluso le he llegado a amenazar con llamar a la policía si se presenta en mi casa.

Siendo conscientes del contexto en el que vivimos, de la sociedad actual y de vuestras experiencias personales... si fuerais víctimas de una violación, ¿denunciaríais?

Tea: Aunque me cuestionaran, aunque me hicieran sentir culpable... sí, denunciaría.

Elena: No quisiera que nadie me dijera que no tuve el valor de denunciarlo. Sobre todo si estoy arropada por mi entorno. Sí, denunciaría.

Alba:
A pesar de los obstáculos, de los prejuicios, de los estereotipos, del machismo tan predominante en la sociedad y en las instituciones, sí, denunciaría.

Belén: Por la causa, por las mujeres, por tantas víctimas de violencia sexual… Para que cambien las cosas, yo también denunciaría. Lo haría buscando justicia para mí pero también para lograr que se respeten nuestros derechos, para vivir en una sociedad más justa e igualitaria. Para vivir en un mundo más respetuoso y, en definitiva, en un mundo mejor. Sí, lo haría. Denunciaría.

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