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Zaina Erhaim da voz y enseña a documentar a quienes viven el conflicto en Siria. © Private

Zaina Erhaim: "Siria es la tierra del miedo, pero mi trabajo compensa el riesgo en el que vivo"

Por Mireya Cidón. Amnistía Internacional España, 

Cuando Zaina Erhaim se licenció en 2007 en Damasco, no imaginó que su futuro como periodista consistiría en dar voz y enseñar a documentar a quienes viven el conflicto en su país. Zaina es coordinadora del Institute of War and Peace Reporting, una organización sin ánimo de lucro que utiliza el periodismo como herramienta para promover la paz y la justicia social. Lleva un año y medio en Alepo y no quiere que la derrote el miedo. Zaina no es una corresponsal de guerra. Su lucha se centra en permanecer en lo que para ella es su país y su gente y ayudar a quienes cuentan la verdad. “Estoy aquí para colaborar en todo lo que puedo y lograr que se difunda la información. Siria es la tierra del miedo y, aunque permanecer en ella es peligroso, mi trabajo es necesario y sé, que lo que obtengo a cambio, compensa el riesgo en el que vivo”.

 

¿Quieres aportar tu granito de arena? Firma nuestra petición para que el Gobierno de España ponga en marcha un Programa de Reasentamiento digno para las personas refugiadas sirias.

Todavía es mucho el personal civil que continúa en Alepo –la segunda ciudad más importante de Siria–, ahora devastada por el incremento de los ataques y bombardeos.

“Cuando me piden que describa la situación en mi ciudad, me quedo sin palabras. Vivo en una guerra, con todo lo que eso implica y significa. Los bombardeos se suceden a diario y el ruido de aviones es constante. Vivo asustada. No sé si sobrevuelan la ciudad o si lanzarán nuevas bombas de barril. Nuestra vida se ha vuelto muy difícil, el miedo forma parte de ella. Nos sentimos solos, conmocionados, incluso abandonados... pero en la población civil encontramos siempre un motivo para seguir”.
 
Cuatro millones de personas refugiadas han huido de Siria por las consecuencias del conflicto. Han visto bombardeos, asaltos, destrucción y muerte en dosis suficientes como para huir del caos de la guerra. Otros permanecen en “el infierno”.

Cuatro millones de personas refugiadas han huido de Siria por las consecuencias del conflicto. Han visto bombardeos, asaltos, destrucción y muerte en dosis suficientes como para huir del caos de la guerra. Otros permanecen en “el infierno”.

“En Alepo tenemos acceso a alimentos básicos, agua corriente en algún momento del día y electricidad disponible –en el mejor de los casos– durante unas dos horas. Si dispones de suficiente dinero (condición difícil de darse) puedes comprar contenedores de agua de pozos o pagar una cuota mensual para disponer de ocho horas de electricidad al día. Yo he aprendido a vivir con esas limitaciones y sólo conservo algún capricho como una caja llena de horquillas de colores para pañuelos que no me pongo y varias cremas antiarrugas que seguiré usando como muestra de normalidad y rebeldía mientras las bombas me lo permitan”.
 
Han pasado más de cuatro años desde que estalló el conflicto y la situación se ha vuelto insostenible. Las cifras sólo hacen que crecer. Según datos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), entre marzo de 2011 y abril de 2015, el número de muertos superaba los 220.000, de los cuales más de 67.000 eran civiles –incluidos 11.000 menores–. En cuanto a las mujeres, muchas han sido detenidas y han sufrido abusos físicos, hostigamiento y torturas.

Las mujeres en Siria no son víctimas pasivas. Muchas han asumido responsabilidades desempeñando roles de activismo, asistencia y labor humanitaria. Otras muchas se han convertido en las principales proveedoras de sus familias como resultado del conflicto”.

¿Deberían tener representación y participar en los diálogos o negociaciones de paz?, preguntamos a Zaina.

“Sí, pero deben ser mujeres que hayan vivido en primera persona esta guerra y sus consecuencias. Son ellas quienes comprenden y quienes más pueden aportar. La representación no sólo debe venir de la mano de mujeres asentadas en países occidentales que llevan más cinco años sin pisar Siria ni los campos de refugiados. Debe ser una representación que incluya también a mujeres con experiencia sobre el terreno a quienes les permitan participar, y no sólo formar parte de la foto final”.
Zaina no abandona Alepo porque quiere seguir ayudando a la población civil; la más castigada del conflicto. © Amnesty International (Photo: Khalil Hajjar)

Hay niños y niñas en Siria que no conocen otra realidad que la devastación cotidiana. Se calcula que alrededor de 14 millones de menores padecen las consecuencias de la guerra. El 75% de ellos, además, viven en la pobreza.

“Independientemente de donde se encuentren: ya sea en campos de refugiados, países vecinos o áreas liberadas, son niños y niñas sin presente. Algunos empuñan armas, otros mendigan o trabajan. Han visto a amigos y familiares asesinados, sus casas reducidas a escombros; su futuro... sencillamente robado. No van al colegio habitualmente. Muchas escuelas han sido destruidas o dañadas y llegar a ellas puede ser muy peligroso. En sus vidas no hay formación, sólo hay sufrimiento y profundas cicatrices”.

Es necesario ayudar a la gente atrapada en esta guerra, pero también a los refugiados que han huido. Y todos podemos hacerlo, también las personas anónimas que están lejos de Siria. La gente puede sentir que lo que hace es solo una gota en el océano, pero el mar sería menos mar sin ella.

La guerra en Siria no es un conflicto oculto. Amnistía Internacional ha documentado y denunciado cómo las fuerzas del gobierno y otros muchos grupos rebeldes cometen crímenes contra la humanidad. Es difícil vislumbrar el final del conflicto que se recrudece ante la pasividad de la comunidad internacional. Rami Abdel Rahmah, director del OSDH, hizo declaraciones públicas en las que acusó a los mandatarios extranjeros de mantenerse en silencio y permitir los abusos que desgarran a la población siria. “La impunidad anima al asesino a continuar con sus crímenes", dijo.

Y Zaina lo corrobora. “En vez de mejorar, todo parece empeorar. Los muertos ya no son noticia y la comunidad internacional no pone fin al conflicto por múltiples razones políticas. Necesitamos soluciones y que se implementen medidas urgentemente. Una zona de exclusión aérea acabaría con las masacres y permitiría a muchos refugiados regresar a sus hogares. Las ONG podrían trabajar de manera más eficaz, así como los equipos de defensa civil, el servicio sanitario: médicos, ambulancias... Es necesario ayudar a la gente atrapada en esta guerra, pero también a los refugiados que han huido. Y todos podemos hacerlo, también las personas anónimas que están lejos de Siria. La gente puede sentir que lo que hace es solo una gota en el océano, pero el mar sería menos mar sin ella”.