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Siria: Viviendo en el infierno

Todos los bandos, comenzando por el gobierno de Bashar al Asad, han cometido graves crímenes de guerra desde que comenzó el conflicto en Siria. El ataque químico del martes perpetrado en la localidad de Khan Sheikhoun, en la provincia noroccidental de Idlib, no es más que la última hasta la fecha de una romería de atrocidades que han golpeado duramente a la población civil siria. Hablamos de Homs, Yarmouk, Al Raqa, Ghouta oriental, Daraya, Alepo Este, Idlib… lugares que el conflicto ha convertido en sucursales del infierno.

El distrito deBab ‘Amr enHomsfue uno de los primeros lugares que sufrió intensos ataques con cientos de personas muertas. Estos implacables bombardeos provocaron una grave crisis humanitaria con violaciones masivas de derechos humanos. También los padeció Alepo en 2012. Los ataques aéreos sobre barrios densamente poblados provocaron la muerte de decenas de civiles, víctimas de la encarnizada batalla que libraban las fuerzas gubernamentales sirias y los combatientes de la oposición por el control de la ciudad.

Los peligros de la guerra en una zona urbana se ven agravados por el desprecio que sienten los distintos bandos por la seguridad de la población civil. Estos ataques indiscriminados dirigidos contra personas que no toman parte en las hostilidades y el uso desproporcionado de la fuerza constituyen crímenes de guerra.

“Estaba en la cola del pan cuando explotó la bomba, pero no la vi. La gente caía, corría y gritaba. Se cayeron muchas personas. Me sangraba la cabeza y estaba muy asustado (…). Había un hombre con dos niños, no sé si eran sus hijos o sus sobrinos, tenían unos 12 y 7 años. Los tres murieron (...); debían de haber venido de otro barrio a comprar pan. En algunos barrios no hay pan”.


Miles de personas refugiadas hacen cola para recibir la ayuda alimentaria de Naciones Unidas (UNRWA) en el campamento de Yarmouk, al sur de Damasco, el 31 de enero de 2014. © unrwa.org

Morir de inanición

No menos deplorable fue el asedio a Yarmouk en 2014. Cientos de personas fallecieron y el 60% de la población fue víctima de la malnutrición. Algunas murieron de inanición. Otras sufrieron complicaciones debido a la ingesta de plantas no comestibles o venenosas. Los relatos de familias que tuvieron que comerse gatos y perros, y de civiles atacados por francotiradores mientras buscaban alimentos, se convirtieron en algo cotidiano. El hambre de la población civil se usó como arma de guerra. Fue aterrador.

Al Raqa también fue objetivo de los ataques de las fuerzas del gobierno sirio en 2014. La indiferencia ante la matanza causada fue la nota predominante. Los habitantes que vivían forzosamente bajo control del Estado Islámico en el imperio del miedo fueron doblemente víctimas de los excesos de unos y otros.

Habían pasado cuatro años desde el comienzo del conflicto y el efecto devastador sobre la población civil era más que manifiesto. En Amnistía denunciábamos los crímenes que se cometían y pedíamos el fin de los ataques sobre la población civil, una investigación imparcial y una clara rendición de cuentas.


Un grupo de voluntarios realiza una simulación sobre cómo responder a un ataque químico en el norte de Alepo en septiembre de 2013. © JM LOPEZ/AFP/Getty Images.

Armas químicas

También denunciamos los ataques con armas químicas en la ciudad de Sarmín en Idlib, con gas sarín en Ghoutay con bombas de barril en Yarmouk sobre una población civil sitiada y muerta de hambre. El siguiente objetivo del régimen  fue Daraya, a las afueras de Damasco, sometida a miles de bombas de barril. Según datos recogidos por su ayuntamiento, entre enero de 2014 y la entrada en vigor del “cese de hostilidades” (el 26 de febrero de 2016) se lanzaron sobre la ciudad unas 6.800 bombas de este tipo.

“Quieren matarme", afirmaba una adolescente con gafas y pelo rizado cuando se le preguntaba sobre las bombas.

En la desgarradora escena de un vídeo, un muchacho yace gimiendo junto al cadáver de su hermano, muerto en un ataque, y le implora: "Hermano, no me dejes, por favor".

Además de la destrucción generalizada y a gran escala sobre Daraya, las fuerzas gubernamentales aislaron la ciudad e impidieron la entrada de ayuda humanitaria. El personal médico padeció una grave falta de recursos para enfrentarse a una crisis de tal magnitud.


Las fuerzas gubernamentales sirias masacraron a sangre fría a civiles en Alepo Este. En imagen, evacuación de civiles. © AFP/Getty Images

Alepo Este, devastación a escala masiva

Algo parecido sucedió enAlepo Este donde al uso a escala masiva de detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones y tortura se sumaron los ataques aéreos indiscriminados. Exterminio, carnicería, devastación, masacre… Alepo Este se convirtió en Patrimonio de la Inhumanidad mientras el mundo contemplaba el asesinato diario de civiles y veía como la ciudad se convertía en una gran fosa común. "La inacción global ante esta crueldad fue una vergüenza", declaró públicamente Lynn Maalouf, directora adjunta de investigación de la oficina regional de Amnistía Internacional Beirut.

El último ataque

Y no menos doloroso, sangrante, incomprensible e inhumano ha sido el reciente ataque con armas químicas sobre Khan Sheikhoun, en la provincia de Idlib, en el norte de Siria. Se trata del ataque químico más mortífero en el país desde 2013 y pone de manifiesto el desprecio más cruel por la vida humana. Muchas de las víctimas del ataque parecen haber sido envenenadas mientras dormían en sus camas. Las imágenes que han recorrido el mundo hablan por sí solas.

Amnistía insta al Consejo de Seguridad a que adopte de inmediato una resolución que haga cumplir la prohibición de los ataques con armas químicas y que facilite llevar a los autores de estos crímenes ante la justicia.

El conflicto sirio ha causado un enorme sufrimiento humano a personas que no son más que víctimas en un juego mortífero sobre el que no tienen ningún control. ¿Cuánto más tiene que padecer la población civil del país? Y la pregunta más temida: ¿hasta cuándo?