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Manifestación del Primero de Mayo en el centro de Madrid, viernes 1 de mayo de 2015. © AP Photo/Andres Kudacki

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¡Ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas de recreación!

Por Lola Liceras Ruiz, Equipo de Mujeres de Amnistía Internacional,

Esta fue la reivindicación obrera en la huelga de Chicago de 1886 que abrió el camino a los derechos laborales. ¿Había mujeres allí? La historia no nos dejó sus nombres, pero ellas y sus hijos trabajaban en las fábricas textiles hasta 14 horas diarias en las mismas terribles condiciones que sus compañeros. El 1º de Mayo recordamos en todo el mundo este hecho y reclamamos un trabajo digno.

Nosotras, las mujeres, aún después de grandes conquistas, todavía nos enfrentamos a las ofertas de empleos precarios y “pensados” para nosotras, a la segregación en las ocupaciones y categorías profesionales, a la brecha salarial, al acoso sexual en el trabajo.

La COVID-19 está poniendo las cosas más difíciles. Se han perdido millones de empleos en el mundo y, con ellos, los salarios y los medios para subsistir. Son 270 millones las personas que carecen de alimentación básica, el doble que antes de la pandemia, y las mujeres y las niñas están más afectadas. Esta crisis sanitaria ha mostrado el valor social de los trabajos de cuidado que realizan mayoritariamente las mujeres en la sanidad y en la educación, atendiendo a las personas mayores, en los supermercados, en la agricultura... Y ha hecho que la desigualdad laboral sea aún profunda.

Una trabajadora sanitaria de una residencia de ancianos da la mano a dos personas mayores.

Una trabajadora sanitaria de una residencia de ancianos da la mano a dos personas mayores. © AP Photo/Alvaro Barrientos

La feminización de los servicios y del paro hace que las mujeres también sean mayoría en los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE)

Empecemos por España. A causa de la segregación laboral las mujeres se ocupan mayoritariamente en el sector servicios, y como la pandemia se ha llevado por delante muchos de estos empleos, han sido especialmente castigadas. En 2020 se perdió casi el 24% del empleo en el sector, donde 8 de cada 10 son mujeres. En este año también  ha aumentado la feminización del paro. Las mujeres representan ya más de la mitad del desempleo total (53,5%). Con respecto a las jóvenes se podría pensar que su situación de partida es más igualitaria, pero su altísima tasa de paro (41,6%) también es mayor en casi tres puntos que la de los jóvenes -hablamos de la población menor de 25 años-. Las mujeres extranjeras lo tienen aún peor y su tasa de paro (31%) casi duplica a la de las españolas (15,7%).1

La feminización de los servicios y del paro hace que las mujeres también sean mayoría en los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE). Más de un millón y medio de mujeres, el 51% del total de las personas afectadas, estaban en esta situación en el momento más crítico, mayo de 2020. La hostelería es el sector con más ERTE y las mujeres también son mayoría en ellos, el 71% de las asalariadas frente al 66% de los hombres. Los ERTE son un elemento protector, pero su feminización no asegura que los empleos de las mujeres estén más protegidos. Porque si la alternativa era el despido, estar en un ERTE es seguridad, pero si la alternativa era seguir en el puesto de trabajo y sin reducir el salario, entonces más mujeres en los ERTE, podría significar una mayor inseguridad de sus empleos.2

Una residente de la residencia de ancianos San Jerónimo posa frente a una pancarta que recoge la palabra "Igualdad".

Una residente del centro de mayores San Jerónimo posa frente a una pancarta que recoge las palabras "Igualdad" y "amor". © AP Photo/Alvaro Barrientos

En este contexto, el riesgo de pobreza y de exclusión social aumenta. El indicador que mide esta situación es superior para las mujeres en 1,4 puntos porcentuales respecto a los hombres. Para la población inmigrante, el riesgo de pobreza casi se duplica y si, para la población española la tasa global es del 21,7%, ese porcentaje llega al 46,2% entre la población extranjera que proviene de la Unión Europea y alcanza al 54,2% entre quienes vienen de otros países de fuera.3 Otra consecuencia de la segregación ocupacional de las mujeres es la brecha salarial. En el comercio, el salario de las mujeres representa solo el 73% del salario masculino, en la sanidad es el 77% y en la hostelería, el 81,5%.4

Esta desigual posición laboral y su agravamiento en la pandemia nos acerca a otras mujeres del mundo porque la intensidad puede variar, pero las formas de la discriminación y sus consecuencias nos igualan. Veamos un ejemplo. El derecho a la vacuna anti COVID debe ser universal, pero a las mujeres extranjeras que trabajan aquí sin permiso de trabajo cuidando a personas dependientes, no se les está asegurando la vacunación. Muchas de ellas, precisamente por el miedo de sus empleadores al contagio, han perdido el empleo.

Mujeres pakistaníes participan en una manifestación en el Día Internacional del Trabajo en Lahore, Pakistán

Mujeres pakistaníes participan en una manifestación en el Día Internacional del Trabajo en Lahore, Pakistán. © AP Photo/K.M. Chaudary

¡Soy tu empleada del hogar, no tu esclava sexual! El pasado 13 de abril se juzgó en la Audiencia Provincial de Pontevedra a una mujer acusada de abuso y agresión sexual, trata de seres humanos y explotación laboral. Es lo que hizo con siete mujeres inmigrantes de Guatemala, Colombia y Nicaragua en situación vulnerable. Les ofrecía trabajo doméstico y luego las sometía. Es un caso extremo, pero las cuidadoras “aguantan” con demasiada frecuencia situaciones de acoso sexual para preservar su empleo y seguir viviendo aquí. Porque antes que víctimas son inmigrantes y, cuando la expulsión está en juego, el miedo pesa más que la denuncia.

En países como Arabia Saudí, Bahréin, Jordania, Kuwait, Líbano, se vulneran sistemáticamente los derechos humanos de las empleadas de hogar extranjeras, también en Qatar (sí, nos suena Qatar, pero no por este delito, sino porque es el país elegido para celebrar el Campeonato Mundial de Futbol en 2022). Con la pandemia, a estas trabajadoras las despidieron, no les pagaron los salarios, les negaron la protección social porque no se les reconoce la ciudadanía, y han vivido en refugios de acogida sin las condiciones básicas de salud y sin poder volver a sus países de origen. El sistema de kafala, un régimen de semiesclavitud, deja que los empleadores impidan a estas mujeres cambiar de trabajo o salir del país sin su permiso, además de explotarlas laboralmente. “Su casa es mi cárcel” dijo de su empleadora una de estas trabajadoras.

Una mujer bangladesí trabaja en la fábrica de ropa Snowtex en Dhamrai, cerca de Dhaka, Bangladesh, 19 de abril de 2018.

Una mujer bangladesí trabaja en la fábrica de ropa Snowtex en Dhamrai, cerca de Dhaka, Bangladesh, 19 de abril de 2018. © AP Photo/A.M. Ahad

En Bangladesh la pérdida de empleos se ha cebado con quienes trabajan en la “economía informal”, especialmente en el sector textil donde el 80% son mujeres. Cientos de ellas han muerto o resultado heridas en terribles accidentes de trabajo (por cierto, en esas fábricas inseguras y tóxicas se produce la ropa de moda que compramos barata aquí). También en Camboya quienes trabajan en la industria textil, muchas de ellas mujeres, han perdido sus empleos y aumentado sus deudas al no poder amortizar los préstamos de microfinanciación. En Jordania creció el trabajo infantil y las niñas entran en la rueda del abandono escolar y los matrimonios y embarazos tempranos. En India se suspendieron salvaguardas jurídicas de protección como el horario laboral, la seguridad en el trabajo o el derecho a formar sindicatos.

Porque con la excusa de la COVID-19 los gobiernos se están llevando por delante los derechos laborales. En Egipto, por ejercer el derecho de huelga, se detuvo y juzgó a decenas de trabajadoras y trabajadores. A las protestas pacíficas de las trabajadoras domésticas migrantes de Sri Lanka en Líbano, la policía respondió con violencia. En Qatar las personas migrantes no pueden formar sindicatos ni afiliarse a los ya existentes. Pero tampoco les ha ido mejor a quienes trabajan en los medios de comunicación. En Turquía detuvieron a la periodista y defensora de derechos humanos Nurcan Baysal acusada de “incitar a la enemistad y el odio” por informar sobre la pandemia en redes sociales. Le pasó también a Elena Milashina por publicar un artículo en el que denunció cómo la población de Chechenia ocultaba la enfermedad desde que su Presidente equiparó a las personas infectadas con terroristas y pidió que se tomaran medidas contra ellas.

Nurcan Baysal, periodista y defensora de derechos humanas turca

Nurcan Baysal, periodista y defensora de los derechos humanos fue caso de Amnistía Internacional. © AI

En esta pandemia las trabajadoras y trabajadores de la salud arriesgan sus vidas por salvar las nuestras. Amnistía Internacional, con datos de más de 70 países y a fecha de marzo de 2021, dice que al menos 17.000 profesionales de la sanidad habían muerto por la COVID, en muchos casos por falta de medidas y equipos de protección. Según ONU Mujeres, el 70% del personal sanitario en el mundo son mujeres y trabajan en primera línea. También en España las mujeres sostienen el sistema de salud: en la atención primaria el 56% son médicas;  el 79%, enfermeras; el 93%, matronas y casi el 95%, auxiliares de enfermería.

Hoy, con el teletrabajo obligado por la pandemia, se actualiza para muchas mujeres el manifiesto originario, un tiempo para el trabajo, untiempo para el descanso y un tiempo para sí mismas. Y este 1º de Mayo reivindicamos otra vez derechos que nos unen a las mujeres del mundo: empleos en igualdad, el mismo salario porque nuestro trabajo tiene igual valor que el de nuestros compañeros, lugares seguros de trabajo y libres de acoso sexual. Reivindicamos, en suma, el derecho a nuestra dignidad. Dignidad quiere decir que, por ser mujeres, no valemos menos que cualquiera.

¡Viva el 1º de Mayo! ¡Viva la lucha de las mujeres por sus derechos!

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1. Datos en Encuesta Población Activa 1º trimestre 2021. INE
2. Datos de Tesorería de Seguridad Social y EPA, según un Informe de CCOO.
3. Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2019. INE
4. Datos de la Encuesta Anual de Estructura Salarial de 2017 del INE

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