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Imagen de la postal que recibió Bernardo Arévalo Padrón en la cárcel. © AI

Una postal que salva vidas

Regala tus Palabras es una acción que emprende anualmente Amnistía Internacional. Ilustradores de renombre crean tres postales que después son escritas y enviadas por activistas a las cárceles en las que sobreviven nuestros protagonistas de la acción. Este año: Liu Ping, Behareh Hedayat y Sergei Krikov. 

Para saber qué significa para ellos recibir estas postales hemos hablado con un antiguo preso de conciencia cubano que formó parte de esta acción en 2002. Se llama Bernardo Arévalo Padrón y, mientras cumplía condena en una cárcel de Cuba, una postal le salvó la vida.


Soy Bernardo Arévalo Padrón, ex prisionero de conciencia. Soy cubano y vivo en la provincia de Cienfuegos, Cuba. Fui encarcelado entre los años 1997 y 2003, y tuve que cumplir la condena íntegra por capricho de la dictadura de Castro. Durante la misma sufrí malos tratos y hambre hasta que Amnistía Internacional me declaró preso de conciencia. A partir de este momento mi situación cambió.

¿De qué manera?

La principal fue que dejé de sufrir torturas. El 11 de abril de 1998 fui salvajemente golpeado por los militares, pero fue la última vez. No volvieron a tocarme nunca más gracias al paraguas protector de Amnistía Internacional. Los propios guardias me lo confesaron: “no le vamos a liberar, pero tampoco le vamos a maltratar”. También me aumentaron la comida diaria. Mi ración anterior sólo me mantenía con vida.

¿Y cuando salió de la cárcel?
El pacto de “no-agresión física” se ha respetado todos estos años. Me han amenazado, me han pedido que abandone el país, me han hostigado, detenido múltiples veces, pero nunca más han vuelto a golpearme.

Háblenos de la postal que recibió estando en prisión.
Recibí la postal el 7 de diciembre de 2002. Todavía me quedaban once meses de condena por cumplir... Tuve la suerte de que los carceleros no se percataron de su existencia, y tras escapar de la mano negra del censor, acabó junto al resto de cartas para repartir. El recluso encargado de la correspondencia me la entregó en mano. Y a mí me cambió la vida. Me levantó la moral y la autoestima porque dejé de sentirme olvidado e insignificante. Hizo que me sintiera arropado por ustedes.
 
¿Sólo recibió esa postal?
No, creo recordar que recibí varias, pero sólo conservo ésta gracias a que pude sacarla de la cárcel. Dentro de prisión nos hacían muchos registros y, entre otras cosas, nos decomisaban la correspondencia. Ésta logré ocultarla entre mi ropa interior y se la di a mi mujer en una visita. Ella logró sacarla de la cárcel y todavía la conservo. Forma parte de mis recuerdos.

¿Qué mensaje le daría a aquellas personas que dudan de la utilidad de una postal?
Me gustaría decirles que se trata de una acción muy importante. A mí me dio ánimos para continuar. Llegué a estar tan bajo de moral que pensé en tirar la toalla, en abandonarme... pero cuando supe que había gente ahí fuera que sabía de mi lucha y de la injusticia de mi encarcelamiento... mi actitud cambió. Recuperé el coraje que me había llevado a no resignarme nunca y a creer en una Cuba sin mordazas. Mi lucha volvió a cobrar sentido.

¿Animaría a la gente a participar en este proyecto?
Animo fervientemente a la gente a escribir y enviar estas postales porque, en mi caso, el gesto de una persona anónima me cambió la vida. Recuperé la confianza y obtuve un paraguas protector muy reconfortante. Las dictaduras le tienen mucho miedo al costo político que supone que una organización del prestigio de Amnistía Internacional declare a alguien preso de conciencia. Las tiranías en el mundo entero quieren proyectarse a nivel internacional como todo lo contrario de lo que son, como países democráticos que respetan los derechos humanos y esto les tumba la careta. Les necesitamos en esta lucha. Sus actos –y también sus postales–, nos dan oxígeno para seguir. A mí me salvó la vida.

 

Amnistía Internacional respeta los puntos de vista de las personas entrevistadas, pero no comparte necesariamente las opiniones expresadas.