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Saman Naseem. Fuente: http://iranhr.net/

¡Un juicio justo en Irán para Saman Naseem!

“Cuando quería dormir por la noche, no me dejaban. Hacían ruido de diferente manera, incluyendo golpes constantes en mi puerta. Los 97 días transcurrieron así. Sólo tenía 17 años...”

 El pasado mes de febrero miles de personas actuamos para salvar la vida de Saman Naseem con la esperanza de que las autoridades iraníes nos escucharan y anularan su sentencia de muerte. Ahora se trata de asegurar que recibe un juicio justo, esta vez a salvo de tortura y sin recurrir a la pena de muerte.

Saman Naseem tan solo tenía 17 años cuando fue detenido y torturado tal y como denunció ante el tribunal que le condenó. Su “confesión” obtenida bajo tortura fue utilizada para condenarlo a muerte, pero la noticia de su inminente ejecución provocó un clamor internacional. En lugar de ser ejecutado, Saman Naseem fue llevado a un paradero desconocido.

El 13 de julio de 2015, Saman por fin pudo hablar con su familia, después de casi cinco meses sin saber nada de él.  Las autoridades también le concedieron la revisión de su caso, anulando la sentencia de muerte que le fue impuesta por “enemistad contra Dios” y “corrupción en la tierra”.

La condena se basó en su presunta pertenencia al grupo armado de oposición kurdo, el el Partido por una Vida Libre en el Kurdistán (PJAK). Además, fue acusado de participar en conflictos armados contra la Guardia Revolucionaria de Irán cuando tenía 17 años.

Saman Naseem fue detenido el 17 de julio de 2011. En septiembre de ese mismo año, fue obligado a hacer una “confesión” grabada, que se emitió luego en la televisión pública. Dijo al tribunal que los interrogadores le habían obligado a poner las huellas dactilares en unas "confesiones" cuyo contenido ignoraba. Denunció también que los interrogadores le habían arrancado uñas de pies y manos y le habían propinado palizas que le habían producido contusiones en la espalda, las piernas y el abdomen. Durante 97 días fue torturado hasta tal punto que durante los primeros días le fue imposible andar. Su cuerpo adquirió un color entre negro y azul. Le colgaron de pies y manos durante horas. Sin embargo, el tribunal hizo caso omiso de estas declaraciones y admitió la "confesión".

Saman fue condenado a muerte en abril de 2013 tras un juicio manifiestamente injusto que estuvo basado, en gran medida, en las pruebas auto inculpatorias obtenidas mediante tortura. La víspera de la fecha prevista de su ejecución fue trasladado a un lugar desconocido que, según se ha confirmado ahora, era la prisión de Zanjan, al noroeste de Teherán. Hasta ahora, ni su familia ni sus abogados habían recibido información concreta de ninguna clase sobre su destino y paradero.

Ahora el Tribunal Supremo ha admitido la solicitud de revisión judicial de Saman Naseem, lo que significa que su fallo condenatorio y condena han sido anulados y que tiene derecho a que se celebre otro juicio completo con todas las garantías. La celebrada revelación de que Saman Naseem no fue ejecutado y será juzgado de nuevo es una magnífica noticia para sus familiares, pero suscita inquietantes dudas sobre lo que las autoridades le han estado haciendo mientras lo tenían recluido en secreto.

Las autoridades iraníes deben asegurar que Saman Naseem tiene un juicio conforme a los estándares internacionales de un juicio justo y que ninguna “confesión” obtenida bajo tortura es utilizada en el juicio contra él. Además, la desaparición forzosa de Saman Naseem y las alegaciones de que fue torturado o sometido a malos tratos deben ser investigadas y los responsables llevados ante la justicia.