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Teléfonos, vehículos eléctricos y abusos contra los derechos humanos: cinco cosas que necesitas saber

¿Sabías que el teléfono que usas o el vehículo eléctrico que conduces podrían estar ligados al trabajo infantil?

Las baterías de iones de litio que alimentan la mayoría de los vehículos eléctricos y teléfonos móviles contienen cobalto. Según nuestras investigaciones, el cobalto extraído por menores de edad y personas adultas en terribles condiciones en la República Democrática del Congo (RDC) está entrando en las cadenas de suministro de algunas de las marcas más importantes del mundo.

Aparte de dejar de usar el teléfono y los vehículos eléctricos, ¿qué puedes hacer? 

¿Cómo está ligado mi teléfono móvil o vehículo eléctrico a abusos contra los derechos humanos?

Más de la mitad del cobalto del mundo que está en las baterías de la mayoría de los vehículos eléctricos y teléfonos móviles procede de la RDC, donde se extrae en torno al 20% a mano en lo que se conoce como minería artesanal.

La investigación de Amnistía Internacional halló que los mineros y mineras congoleses que extraen cobalto en estas minas artesanales trabajan en túneles subterráneos estrechos y peligrosos, y manejan minerales nocivos sin un equipo de protección o de seguridad básico. Se ha visto a niños y niñas de tan sólo siete años trabajando con personas adultas hasta 12 horas al día, separando minerales y transportando pesadas cargas a cambio del equivalente a uno o dos dólares estadounidenses. Las autoridades responsables de garantizar las normas de higiene y seguridad y de impedir el trabajo infantil ignoran estos abusos o no hacen cumplir la ley.

Los comerciantes y las empresas que compran estos minerales suelen hacerlo sin formular preguntas básicas sobre su procedencia o las condiciones en las que se extraen, como exigen las normas internacionales.

El resultado es que el cobalto ligado a las peores formas de trabajo infantil y otros abusos graves contra los derechos humanos está entrando en las cadenas de suministro globales de fabricantes de baterías vinculados a algunas de las mayores marcas mundiales de la automoción y la electrónica.

¿Por qué siguen siendo generalizados los abusos contra los derechos humanos más de dos años después de que Amnistía Internacional denunciara por vez primera los problemas de la cadena de suministro de cobalto?

  • El gobierno de la RDC sólo ha hecho progresos limitados en el cumplimiento de sus compromisos de abordar el trabajo infantil y otros abusos. Muchas autoridades parecen más interesadas en mantener ocultos los problemas que en mejorar las condiciones de higiene y seguridad o en hacer cumplir la ley.

  • Las empresas siguen sin hacer lo suficiente para verificar la información sobre la cadena de suministro que reciben de los proveedores. Y cuando se han descubierto abusos, no toman las medidas correctivas adecuadas para abordar los perjuicios causados.

Sigue sin haber información completa y verificable de la cadena de suministro y no existe ningún sistema de verificación de terceros.

  • Proveedores: Hasta la fecha, ninguna fundición ni refinería revela un panorama completo de las minas, comerciantes y rutas de transporte que les suministran cobalto. Esto se debe a que actualmente ninguna ley les exige hacerlo, y son demasiado pocas las grandes marcas de vehículos eléctricos o productos electrónicos que vigilan lo suficientemente de cerca a sus proveedores.

  • Mineros y mineras: Aunque el precio del cobalto ha aumentado de forma exponencial, no ha mejorado el precio que reciben quienes lo extraen, pues carecen de la influencia necesaria para exigir un salario y unas condiciones de trabajo mejores, y comerciantes y procesadores consideran la compra de cobalto barato extraído a mano una vía rápida de aumentar sus márgenes de beneficio.


Los niños clasifican las piedras que contienen mineral de cobalto a mano, marzo de 2017. © AI/Afrewatch

¿No son estos problemas consecuencia de la pobreza en la RDC y no se está beneficiando económicamente la gente de la creciente demanda de cobalto?

Pese al aumento de los precios, los mineros y mineras no reciben una remuneración justa acorde con los elevados precios que comerciantes y procesadores pueden alcanzar. Con demasiada frecuencia, a medida que ha aumentado la demanda de cobalto, las terribles condiciones de trabajo han empeorado.

Es cierto que muchas de las personas que extraen cobalto a mano en la RDC lo hacen porque no tienen fuentes de ingresos alternativas. Muchos niños y niñas están allí porque no hay nadie que se ocupe de ellos. Las tasas escolares son elevadas y muchos niños y niñas ni siquiera comen una vez al día. La minería tiene efectos físicos y mentales perniciosos en los menores, razón por la que se considera una de las peores formas de trabajo infantil.

Por eso Amnistía Internacional no sólo pide que no haya menores en las zonas de extracción. El gobierno de la RDC debe, además, tomar medidas para abordar las necesidades económicas, educativas, y de salud psicológica y física de los niños y niñas.

La minería artesanal no debería prohibirse, sino reformarse y regularse para que se pague un salario justo a los mineros adultos por su trabajo y éstos puedan trabajar en condiciones más seguras, lo que incluye que se les proporcione todo el equipo de seguridad necesario y la formación técnica adecuada.

Dados todos estos problemas, ¿no sería mejor que las empresas evitasen comprar cobalto y otros metales de la RCD?

La solución no es que las empresas dejen de comprar cobalto de la RDC o eliminen el cobalto artesanal a favor de los proveedores industriales. Las personas congolesas que hacen este trabajo duro y peligroso lo hacen porque tienen pocas opciones más para huir de la pobreza. Dejar de comprar cobalto de la RDC no sería viable, dada la cantidad del cobalto mundial que se encuentra allí; además, haría más precaria la vida de estas personas.

Aunque las operaciones de minería industrial no tengan los mismos riesgos de trabajo infantil, la investigación de Amnistía Internacional muestra que también pueden estar asociados a abusos graves contra los derechos humanos, como los desalojos forzosos y la contaminación, que afecta a la salud y al acceso al agua potable de las personas.

En lugar de centrarse en cómo obtener fuentes de cobalto “más seguras”, las empresas deberían usar su influencia sobre los proveedores para garantizar que se extrae de forma segura y responsable, sea a mano o a máquina.

¿Hay algo que pueda hacer yo?

El cambio es posible. Tras la publicación de nuestro informe, la Bolsa de Metales de Londres ya ha iniciado una investigación para determinar si en Londres se comercia con cobalto extraído por menores.

Como consumidor o consumidora, tienes un papel importante que jugar exigiendo que las marcas sean más responsables y transparentes. Puedes presionar a las grandes marcas para que produzcan baterías éticas, donde puedan demostrar que se han respetado los derechos humanos. Nuestro informe ha evaluado a diversas marcas en función de las medidas que han adoptado para mejorar sus prácticas de obtención de cobalto. Puedes ponerte en contacto con ellas para exigirles que hagan más.

Las empresas deben llevar a cabo verificaciones continuas para identificar de dónde viene el cobalto que utilizan y si hay riesgos asociados a su extracción, transporte, venta o transformación. Deben demostrar públicamente que sus investigaciones han sido lo suficientemente exhaustivas y que están tomando medidas adecuadas para abordar los problemas que puedan encontrar, lo que incluye proporcionar una reparación a quienes hayan sufrido perjuicios.

Tú también puedes reclamar a tu gobierno que exija legalmente a las empresas que extraen, transforman o usan cobalto que ejerzan y revelen sus prácticas de diligencia debida. También deberán garantizar que todas las políticas que promueven el uso de vehículos eléctricos exigen que sus baterías recargables hayan sido extraídas, fabricadas y recicladas éticamente.