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Tienda de campaña junto al CETI de Melilla. © Amnistía Internacional

“Solo nos queda volver a Siria”

“No tengo ninguna información de cómo está mi procedimiento de asilo, no hay criterios, ni sabes por qué a algunos le dan la salida y a otros no. Hay gente que sale en 15 días. Estamos abatidos, sólo nos queda volver a Siria”.

Zanian es una de las personas sirias que, tras llegar a España y entrar en un CETI, no recibe información sobre su procedimiento de asilo, ni ayudas suficientes para cubrir sus necesidades más básicas. Es un ejemplo de que el modelo español de acogida a personas solicitantes de asilo no es adecuado ni acorde a los estándares internacinoales de derechos humanos. El informe El asilo en España: un sistema de acogida poco acogedor de Amnistía Internacional, así lo constata.

Estas son algunas de las historias que se esconden tras un sistema de acogida insuficiente:

  • La falta de previsión ante el aumento de solicitudes de asilo hizo que durante unos meses el sistema de asilo colapsase. Conseguir una cita para solicitar asilo se alargó incluso meses, dejando a las personas solicitantes que esperaban la primera cita en una situación de gran precariedad:

Raúl es un venezolano de 28 años solicitante de asilo que en el momento de entrevistarse con Amnistía Internacional llevaba un año y medio en España. Los seis últimos meses había permanecido en un centro de acogida en Madrid. Le habían notificado que debía salir en enero de 2016. Tuvo que esperar casi cinco meses para que le asignaran una plaza de acogida. Aunque en diciembre de 2014 solicitó una cita para pedir asilo, no tuvo la entrevista hasta junio de 2015. Contó a Amnistía Internacional que tras acabársele el dinero que traía consigo, vivió durante cuatro meses en un albergue para personas sin hogar. Comía en los comedores sociales.

Familia expulsada del CETI de Melilla. © Amnistía Internacional

  • El CETI de Melilla: Un limbo donde no se respetan los derechos de las personas refugiadas como la unidad familiar:

Alí y Abdel (nombres ficticios), sirios de 21 y 23 años respectivamente, huyeron de Alepo con sus padres y tres hermanos hacia Argelia. Según relataron a la organización, ante la falta de reconocimiento de sus derechos en ese país, decidieron emprender camino a Europa. Tras varios intentos, ambos hermanos junto con otro hermano de menos de 16 años consiguieron burlar los controles y pasar al lado español, donde solicitaron protección internacional. Tuvieron que entrar por separado, quedando el hermano menor de edad a cargo de los servicios sociales de la ciudad autónoma de Melilla. En el momento en el que hablaron con Amnistía Internacional llevaban más de un mes a la espera de que les citaran para realizar la prueba de ADN. Ambos manifestaron su ansiedad por estar separados del hermano menor, quien además temía por su seguridad en el centro donde permanecía. 

  • El CETI de Melilla no ofrece condiciones dignas a las personas solicitantes de asilo:

Yaiza (nombre ficticio) es una mujer siria que se encontraba en el CETI junto a su marido, su hija de dos años y su hijo de un mes. Negó que siempre hubiera agua caliente disponible para los menores:

Además, "también es un problema lavar mi ropa interior, no hay un lugar para tender las prendas de una manera discreta”, afirmó en una entrevista mantenida en enero de 2016.

  • Las personas solicitantes de asilo no reciben la información necesaria sobre sus derechos y los procedimientos a seguir:

A Omar (nombre ficticio), palestino de 30 años y solicitante de asilo, le llevaron a Córdoba después de permanecer 24 días en el CETI: “Me dijeron que estaría allí [en el centro] seis meses y luego saldría. ¿Dónde iba a irme después? Por eso decidí irme a Bélgica. Cuando llegué allí [Bélgica] me dieron una casa que compartía con otra persona, más 240 euros mensuales para mis gastos, tarjeta para el autobús y ropa”. Sin embargo, a los cuatro meses de solicitar asilo en Bélgica Omar fue enviado a España en aplicación del Reglamento de Dublín, y fue readmitido en el sistema de acogida español.

  • Una vez superada la primera acogida, ¿qué sucede? muchas personas se quedan en total incertidumbre. La segunda fase de acogida es en muchos casos insuficiente y no garantiza la autonomía y autosuficiencia. Muchos se quedan sin ayuda aun siendo todavía solicitantes de asilo. Finalmente no hay ninguna ayuda específica para facilitar la integración de aquellas personas que obtienen protección internacional en un sistema donde no hay participación de las administraciones locales ni autonómicas:

Farid (nombre ficticio), su mujer y sus tres hijos llegaron a Madrid dentro de un programa de reasentamiento desde un campo de refugiados de Jordania a principios de 2015. Un mes después les concedieron el estatuto de protección subsidiaria, válido por cinco años. Han permanecido ocho meses en un centro de acogida de la administración: “Nos han autorizado a estar aquí hasta el 21 de enero porque mi mujer está a punto de dar a luz, pero nos han dicho que debemos buscar una casa. Es muy difícil, está siendo una situación muy complicada, peor que en Siria; nadie nos ha dado ninguna orientación, es salir y buscar hasta que dimos con una agencia inmobiliaria, donde uno que habla árabe nos ha ayudado a encontrar casa, pero nos pide 600 euros”. Hasta el mes de diciembre, Farid no había entrado en contacto con la trabajadora social de la organización que le proporcionaría las ayudas de la segunda fase, después de que les notificaran que debían abandonar el centro de acogida. Tampoco había podido encontrar trabajo hasta el momento.

Omar (nombre ficticio) es un solicitante de asilo afgano de 30 años. Tras salir de un centro de refugiados de Sevilla, en el que estuvo junto a su familia durante siete meses, una de las organizaciones que colabora con la administración les ayudó con el pago del alquiler de una vivienda durante cinco meses y les facilitó una cantidad económica para subsistir. Durante ese tiempo Omar intentó encontrar trabajo sin éxito. Pasados esos cinco meses le informaron de que se habían acabado las ayudas: “No nos avisaron previamente de que nos iban a quitar las ayudas. La trabajadora social me dijo que si no podía encontrar trabajo en Sevilla era mejor que me fuese, y a mi mujer le dio dos cartas, una para Cáritas y otra para el Ayuntamiento”.

ESPAÑA: QUEREMOS UN LUGAR SEGURO PARA LAS PERSONAS REFUGIADAS

firma el manifiesto #YoAcojo. Porque estamos en contra de los atropellos que están sufriendo las personas refugiadas, y pensamos que podemos y debemos acoger.

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