1961-2021: 60 años actuando por los
derechos humanos en todo el mundo
Fotogramas de la película de animación: "Siria: El matadero humano". Este corto de animación muestra de forma escalofriante cómo se ahorca a los presos en la prisión de Saydnaya en Siria.

Fotogramas de la película de animación: "Siria: El matadero humano". Este corto de animación muestra de forma escalofriante cómo se ahorca a los presos en la prisión de Saydnaya en Siria. © Cesare Davolio/Amnesty International

Blog

Sobrevivir en una cárcel de tortura siria

Por Amnistía Internacional,

Hoy es el Día Internacional en Apoyo a las Víctimas de la Tortura. Lamentablemente, en muchos países, la tortura continúa siendo una práctica extendida.

Desde 1948, año en que se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, existe una prohibición mundial de la tortura y todas las formas de crueldad y humillación. Son 156 los países que han firmado la Convención contra la Tortura de Naciones Unidas, pero la prohibición va aún más allá y es vinculante incluso para los Estados que no se han unido a los tratados de derechos humanos pertinentes. Ningún Estado puede torturar ni permitir ninguna forma de tortura o malos tratos en ningún caso, ni bajo justificación alguna.

“La tortura es cruel e inhumana, está prohibida por el derecho internacional y no puede, nunca jamás, justificarse.

Los actos de tortura y malos tratos son considerados crímenes de derecho internacional. Asimismo, en determinadas circunstancias, pueden constituir crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad o actos de genocidio. 

La tortura es cruel e inhumana, está prohibida por el derecho internacional y no puede, nunca jamás, justificarse.

Fotogramas de la película de animación: "Siria: El matadero humano".

Fotogramas de la película de animación: "Siria: El matadero humano". © Cesare Davolio/Amnesty International

“El miedo no nos abandona”

En un día como hoy recuperamos una carta que recibimos de Hussam (nombre ficticio), activista sirio pacífico que sobrevivió 20 meses en Saydnaya, una de las cárceles de Siria más atroces. Hussam intentó describir el “infierno diario” que soportó. La tituló: “El miedo no nos abandona”.

A quien pueda interesar,

Lo que te cuento no es ficción y no te lo cuento para que te compadezcas.

Desde nuestro sótano oscuro donde no llega la luz del sol, elevamos la voz y buscamos el eco. Te lanzamos un llamamiento para que detengas la sangría de vidas de hombres y mujeres jóvenes de Siria. Para que detengas el fuego que consume su juventud en las cárceles y centros de detención del presidente Al Asad.

Este no es su sitio. No han nacido para ser meros trozos de papel en manos de Al Asad y su régimen dictatorial ni leña que avive el fuego del odio y la sed de venganza —simplemente porque soñamos con una nación digna que salvaguardase nuestros derechos—.


Escribo para recordarte que se han perdido miles de almas y que se siguen perdiendo. Para hablarte de nuestra dignidad reprimida, de las muertes gratuitas presentes en cada átomo del aire que nos rodea, en el agua que bebemos, en la vara del guardia penitenciario que se come lo que queda de nuestra piel y cuerpo, en nuestros cuerpos débiles y enjutos.

No encuentro palabras cuando intento describir el infierno que vivimos a diario, que termina con uno de nosotros muerto, envuelto en una manta. Un infierno en el que las opciones que tienes son una muerte rápida a manos del interrogador, a quien no le gusta lo que dices, o una muerte lenta dentro de una jaula que poco a poco te consume el cuerpo.

Fotogramas de la película de animación: "Siria: El matadero humano".

Fotogramas de la película de animación: "Siria: El matadero humano". © Cesare Davolio/Amnesty International

Incluso después de salir de la cárcel, el miedo no nos abandona: miedo de regresar a Saydnaya, por los nuevos que entran, por las amistades que dejas atrás, del ruido de las verjas de metal y los gritos que no me abandonan hasta que me quedo dormido. Miedo de nuestros desplazamientos al tribunal, del frío, las enfermedades, el hambre que no es comparable a ninguna otra hambre. Sobrevivimos a base de cáscaras de huevo, la piel de la naranja si la encontramos, incluso tierra.

Se nos ha puesto a prueba con el hambre más extrema. Nos tiran comida delante de nosotros, pero no podemos coger ni siquiera una miga de pan. No nos atrevemos a tocarla, pues el castigo dependerá del humor que tenga el guardia.

Nos pusieron a prueba con la sed, hasta que los labios se nos quedaron pegados y no podíamos separarlos. Y luego vimos que mueres si te quejas de tu enfermedad o pides medicamentos.

Nuestro cuerpo se debilita y lo inunda la enfermedad. Que te hayas librado de la tuberculosis no significa que no puedas padecer diarrea, sarna o abscesos.

Dimos el último adiós a muchas de nuestras amistades y esperamos a que nos llegara nuestro turno en cualquier momento. A veces invocábamos a la muerte porque así acabaría todo.

Y vivimos todo esto sin que nadie supiera dónde estábamos, sufriendo en las frías noches de Saydnaya, y sin que nadie escuchara nuestros gritos cuando el látigo iracundo se ceñía sobre nuestro cuerpo.

Cuando me trasladaron de Saydnaya a otra prisión, comenzó para mí una nueva vida. Por eso te pido, en mi nombre y en el de mis amigos detenidos, que dediques todos tus esfuerzos a rescatar a todas las personas detenidas. Y que pongas fin a este régimen criminal que sigue manteniéndonos recluidos, y también a nuestras amistades, en centros de detención durante cinco años consecutivos, sometidos a un dolor indescriptible.

Un dolor que no se va.

 

Amnistía Internacional recibió esta carta en el año 2016 a través de Save the Rest, una campaña siria de derechos humanos que gira en torno a los asuntos de la detención arbitraria y las desapariciones forzadas.

Imágenes utilizadas para el informe de Amnistía Internacional sobre las ejecuciones en Saydnaya que se publicó el 7 de febrero de 2017.

Imágenes utilizadas para el informe de Amnistía Internacional sobre las torturas en Saydnaya que se publicó el 7 de febrero de 2017. © Cesare Davolio/Amnesty International

Garantizar justicia

Amnistía Internacional ha documentado y denunciado públicamente la práctica sistemática del gobierno sirio que, durante décadas, ha recurrido a la detención arbitraria, la tortura, otros malos tratos y la desaparición forzada. La organización ha publicado varios informes en los que documenta las condiciones inhumanas en las prisiones de Siria, en las que la desaparición forzada, la tortura y otros malos tratos han dado lugar a muertes bajo custodia, y donde las ejecuciones extrajudiciales tras simulacros de juicio son práctica habitual. Estas prácticas, cometidas de forma generalizada y sistemática, constituyen crímenes de lesa humanidad, y también crímenes de guerra.

Años después de haber recibido esa carta, seguimos pidiendo justicia. Ya es hora de que el Consejo de Seguridad de la ONU supere su parálisis a causa de los vetos y presione en favor de la rendición de cuentas para garantizar que los autores de los crímenes son obligados a responder de sus actos. También pedimos al gobierno sirio y a los grupos armados de oposición que revelen la suerte y el paradero de las personas desaparecidas en Siria. Miles siguen en centros de detención donde la tortura es común.

Información complementaria

Contenidos relacionados